Abrir las ventanas de la Iglesia

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El jueves 11 de octubre de 1962, remedy solemnidad de la Maternidad Divina de María, here según el calendario litúrgico de entonces, sovaldi el hoy Beato, Juan XXIII, pronuncio el discurso de apertura del Concilio Vaticano II, del que este año se cumple medio siglo. Un concilio que nadie esperaba en esos momentos de la Iglesia y que el Papa había convocado el 25 de enero de 1959, festividad de la conversión de San Pablo, poniendo en práctica una idea, que según el mismo declaró, le había llegado repentinamente, como una inspiración del Espíritu Santo.
La única relación de este concilio con su predecesor es la coincidencia del nombre. El Papa quiso que se llamara así, lo que no significa que sea una continuación del Vaticano I (1869-1870), cuyas sesiones se interrumpieron como consecuencia de la guerra entre Prusia y Francia; la cuarta y última sesión tuvo lugar el 18 de julio de 1870. Quizás el único punto de coincidencia fuese el asombro de la Iglesia ante las convocatorias de los Papas Juan XXIII y Pío IX.
En el discurso de apertura en la Basílica de San Pedro, con un auditorio de casi 3.000 personas, compuesto por los 2450 obispos de la Iglesia católica, consultores de Iglesias ortodoxas e Iglesias protestantes, teólogos, observadores y periodistas invitados, el beato Juan XXIII manifestó que el fin principal del Concilio era: “que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz. Doctrina, que comprende al hombre entero, compuesto de alma y cuerpo; y que, a nosotros, peregrinos sobre esta tierra, nos manda dirigirnos hacia la patria celestial.”
No existían especiales problemas en el mundo de la Iglesia en lo relativo al dogma; solamente se hacían presente en el los cambios sociales y culturales que se estaban produciendo como consecuencia del fin de la Segunda Guerra Mundial y los procesos de descolonización en África. La sociedad de consumo estaba haciendo su aparición y la televisión marcaba los inicios de los cambios que posteriormente vinieron.
A estos cambios sociales y culturales era necesario darles respuesta y como dice Juan Luis Lorda “La convocatoria del último Concilio ecuménico respondió a la necesidad de entablar un diálogo con el mundo, ante la evidencia del progresivo distanciamiento entre el mensaje cristiano y los cambios experimentados en la vida y la mentalidad de las personas.”o como dijo Pablo VI en la clausura el Vaticano II “el Concilio ha tenido vivo interés por el estudio del mundo moderno”.
Pero la forma más grafica y sencilla de la necesidad del Concilio, la expresó el propio Papa Juan XXIII, cuando le preguntaron “Pero, Santo Padre, un Concilio ahora, ¿para qué?” el Papa abriendo una ventana dijo “Para esto, para que entre aire fresco en la Iglesia.”
El Concilio concluyó el 7 de diciembre de 1965, dos años después de la muerte del “Papa bueno” el 3 de junio del 1963, y tres años después de su inicio, durante los cuales se celebraron cuatro sesiones, la segunda ya fue presidida por Pablo VI, de una duración de unos dos o tres meses cada una en los otoños de 1962, 1963, 1964 y 1965, promulgándose un total de dieciséis documentos, de los cuales cuatro fueron constituciones, es decir, los documentos de mayor importancia, de los cuales dos son dogmáticas, Lumen Gentium y Dei Verbum, una pastoral Gaudium et spes, y la cuarta, aunque fue la primera que se aprobó, litúrgica, Sacrosanctum concilium, que también fue la de mayor visibilidad porque revisó la liturgia de todos los Sacramentos.
El cardenal Daneels, en1985, veinte años después de la celebración del Concilio, resumió el mensaje del Concilio de la siguiente forma: “La Iglesia (Lumen Gentium), bajo la palabra de Dios (Dei Verbum), celebra los misterios de Cristo (Sacrosanctum concilium) para la salvación del mundo (Gaudium et spes)”.
También se aprobaron tres declaraciones que expresan la forma de pensar de la Iglesia, sobre: la libertad religiosa, Dignitatis humanae, la educación cristiana, Gravissimum educationis y las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, Nostra aetate.
Los dieciséis documentos se completan con nueve decretos que son textos de menor importancia que las constituciones y que se refieren a principios doctrinales; Inter mirifica (sobre los medios de comunicación social), Unitatis redintegratio (sobre el ecumenismo), Orientalium Ecclesiarum (sobre las Iglesias Católicas Orientales, Presbyterorum Ordinis (sobre el ministerio y vida de los presbíteros), Ad gentes divinitus (sobre la actividad misionera de la Iglesia), Apostolicam actuositatem (sobre el apostolado de los laicos), Christus Dominus (sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia), Optatam totius (sobre la formación sacerdotal) y Perfectae caritatis (sobre la renovación de la vida religiosa).
Mucho se ha escrito y durante este año conmemorativo se continuara estudiando y analizando el Concilio Vaticano II, el acontecimiento eclesiástico de mayor importancia del siglo XX.
Con este recordatorio y pequeña descripción hemos querido llevar al ánimo de nuestros lectores la importancia y necesidad de conocer, según sus posibilidades, un poco mas de lo que todos conocemos, los nombres de las constituciones, declaraciones y documentos.
Los 16 documentos citados pueden leerse en la Web de la Santa Sede.