Acerca de los ángeles

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Curiosamente, illness en los últimos tiempos y de forma coincidente se han producido dos movimientos opuestos relacionados con los ángeles. Los que siguen los planteamientos del movimiento New Age, check en el que los ángeles tienen una relevancia especial, aunque absolutamente esotérica y equivocada, bajo nuestra forma de pensar, y el de algunos que llamándose católicos niegan la existencia de los mismos, a pesar de que en el Antiguo Testamento se hace referencia a ellos en más de trescientas ocasiones, de las cuales ciento cuarenta y ocho de forma expresa, además de setenta y cuatro en el Nuevo Testamento.
Pensando más en los segundos que en los primeros quizás sea convenirte recordar lo que dice la fe que profesamos acerca de los ángeles.
Nuestras preferencias se encaminan más por esos seres espirituales que según San Agustín “son servidores y mensajeros de Dios” y entre los que se incluyen los que de pequeños llamábamos antes de dormir para que no nos desamparasen, como dice la entrañable oración infantil.
En la reforma litúrgica del 1969 quedó establecido el día 29 de septiembre para festejar a los arcángeles San Miguel, San Rafael (antes 24 de octubre) y San Gabriel (antes 24 de marzo) y el día 2 de octubre como el día para la memoria de los ángeles custodios a los que hacíamos referencia en el párrafo anterior.
Se sabe por el Martirologio Romano que la festividad de San Miguel se celebra con gran solemnidad desde el siglo sexto por lo menos, pues en el se hace referencia a la dedicación de una Basílica en honor de San Miguel, a unos 10 kilómetros al norte de Roma. En el Oriente, la veneración a San Miguel es todavía más antigua.
Las fiestas de San Rafael y San Gabriel eran más bien locales y sólo se extienden a toda la Iglesia bajo Benedicto XV (1914-1922).
Los ángeles en la tradición cristiana parten de lo que se ha dicho sobre ellos en la religión judía; por tanto, son seres espirituales creados por Dios por una libre decisión de su voluntad divina para su servicio, que actúan como enviados o mensajeros para los hombres de la tierra, siendo seres inmortales, dotados de inteligencia y voluntad.
La misión de los ángeles es amar, servir y dar gloria a Dios, ser sus mensajeros, cuidar y ayudar a los hombres. Podemos conocer algunas de estas misiones dada la profusión con que aparecen en los textos sagrados, como que los ángeles comunican mensajes importantes del Señor en determinadas circunstancias de la vida, la Virgen María, San José, los pastores en Nochebuena y Zacarías recibieron mensajes de los ángeles; nos protegen, nos defienden físicamente y nos fortalecen al combatir las fuerzas del mal, Pedro fue milagrosamente liberado de la prisión por un ángel (Hch 12, 7ss) y el brazo de Abraham fue detenido por ángel del Señor para que no sacrificara a su hijo Isaac; los ángeles presentan nuestras oraciones al Señor y nos conducen a Él como el arcángel Rafael hizo con Tobías “Cuando vosotros rezabais yo presentaba vuestras oraciones al Señor” (Tob 12, 12-16).
La postura oficial de la Iglesia católica en relación con los ángeles se fija en los concilios de Roma del año 745 y de Aquisgrán del 789, los cuales rechazaron el uso de nombres de ángeles, salvo aquellos citados en la Biblia: Miguel, Gabriel y Rafael.
En el Concilio IV de Letrán, en 1215, convocado por el papa Inocencio III, se explicó que Dios es creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles, de las criaturas espirituales y las corporales, y que a unas y a otras las creó de la nada.
En 1870, debido al materialismo y racionalismo existente en la época, el Concilio Vaticano I, en la Constitución Dogmática Dei Filius, afirmó de nuevo la existencia de los ángeles.
Pablo VI volvió a poner de manifiesto la existencia de los ángeles el 30 de julio de 1968 al formular el “Credo del Pueblo de Dios” en que en el punto 8 dice: “Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles —como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida— y de las cosas invisibles —como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles— y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal.”
El Catecismo de la Iglesia Católica dice en su punto 328: “La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.”
Durante la Edad Media los teólogos cristianos determinaron que los ángeles están organizados en varios órdenes, o coros, angélicos.
La clasificación que ha llegado hasta nuestros días se debe a un autor desconocido, probablemente un sirio del siglo VI, cuyas obras nos han llegado como escritas por el obispo ateniense del siglo I, discípulo de San Pablo y mártir Dionisio Areopagita, por lo que se conocen como Pseudo-Dionisio Areopagita.
En su libro De Coelesti hyerarchia (La Jerarquía Celeste) se indica que existen nueve coros angélicos, agrupados en tres grupos, el primero formado por serafines, querubines y tronos, el segundo por; dominaciones, virtudes y potestades y el tercero por principados, arcángeles y ángeles.
Los serafines o “alabadores” de Dios: “con seis alas cada uno” son citados en dos ocasiones en el Libro de Isaías, “Por encima de él había serafines erguidos, con seis alas cada uno: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas se cernían. Y clamaban alternándose: ¡Santo, santo, santo, el Señor Todopoderoso, la tierra está llena de su gloria!” (Is 6, 2 -3) y un poco más adelante en el mismo capitulo.
Los querubines son los “guardianes” de las cosas de Dios, guardaban la entrada al paraíso “colocó a los querubines y la espada llameante que oscilaba para cerrar el camino del árbol de la vida” (Gen 3, 24), además de en el Génesis, se los cita en otros muchos libros de la Biblia, concretamente más de cincuenta veces.
En la carta de Pedro (3, 22) se menciona a ángeles, potestades y dominaciones. San Pablo en sus cartas a los de Éfeso y a los Colosenses menciona a cinco de los coros angélicos.
Antes de hacer una pequeña referencia sobre los tres arcángeles, digamos que los protestantes no reconocen la existencia del Arcángel San Rafael por aparecer en un Libro que ellos no incluyen en la Biblia, el de Tobías.
El nombre de San Miguel significa: “¿Quién como Dios?” o “Nadie es como Dios”.
A San Miguel lo nombra tres veces la Biblia. En el capítulo 12 del libro de Daniel, en el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis y en la Carta de San Judas.
El arcángel San Miguel es el que arrojó del cielo a Lucifer y a los ángeles que le seguían y quien mantiene la batalla contra Satanás. El Papa León XIII escribió por inspiración divina la siguiente oración que los sacerdotes rezaban después de la Santa Misa. “San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla: sé nuestra protección contra la malicia y las acechanzas del diablo. Reprímalo Dios, suplicamos humildemente: y tú, oh príncipe de la milicia celestial, arroja a los infiernos a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan sueltos por el mundo, para causar la perdición de las almas. Amén.”
Gabriel significa “Dios es mi protector” y además de ser citado en el capitulo nueve del Libro de Daniel, sabemos que se le confió la misión más alta que jamás se le haya confiado a criatura alguna, anunciar la encarnación del Hijo de Dios. Se le apareció a Zacarías para anunciarle que iba a tener por hijo a Juan Bautista (Luc. 1, 19) y “El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oírlo, ella se turbó y discurría qué clase de saludo era aquél. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús.” (Lc 1, 26-31).
Rafael significa: “Medicina de Dios” y fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle una santa esposa.
También hemos mencionado a los ángeles custodios y a Lucifer, el ángel caído, de los que quizás hablaremos en otra entrada.