Comunión de los santos

Print Friendly

Al rezar el Credo de los Apóstoles, prescription en la segunda cláusula del noveno artículo; cuando se esta haciendo la profesión de fe en la Santa Iglesia católica continuamos, here la mayoría de las veces sin pensar en lo que decimos, con “la comunión de los santos”, añadiendo para terminar, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.
Es decir, oficialmente, creemos en la comunión de los santos, o al menos tenemos que creer pues es un dogma de nuestra fe ¿pero que es exactamente eso de la comunión de los santos?
Son varias las formas de considerar esta expresión, la más inmediata, aunque no propiamente la que queremos considerar aquí, sería decir que la comunión de los santos es la propia Iglesia, “¿Qué es la Iglesia, sino la asamblea de todos los santos?” se contesta San Nicetas (335-414), obispo de Remesiana, hoy Bêla Palanka, en Yugoslavia.
Siguiendo el catecismo de la Iglesia podemos decir que la expresión “comunión de los santos” tiene dos significados estrechamente relacionados: “comunión en las cosas santas [sancta]” y “comunión entre las personas santas [sancti]”.
De la “común unión” de las cosas santas, o sea de la unión de bienes espirituales, encontramos muchos ejemplos entre los primeros cristianos; la comunión en la fe de la Iglesia recibida de los Apóstoles; la comunión de los sacramentos, sobre todo el del Bautismo que es como la puerta por la que los hombres entran en la Iglesia y el de la Eucaristía porque ella es la que lleva esta comunión a su culminación; la comunión de los carismas. “a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común” (1 Co 12, 7) la comunión de la caridad, ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo” (Rm 14, 7). Podríamos decir como resumen que “Todo lo tenían en común” (Hch 4, 32).
La constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentiun del Vaticano II describe cual es la situación diferente que tenemos los que estamos unidos a Cristo por el Amor “Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es” (LG 49). Es decir, los cristianos estamos formados por esos tres conocidos grupos, de iglesia militante(o peregrina), purgante y triunfante.
Y sigue diciendo, siendo esto la comunión de los santos, que podemos percibir además de creer, “Todos, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos el mismo himno de alabanza a nuestro Dios. En efecto, todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en Él”
Podríamos resumir como hace le Catecismo de las Iglesia diciendo; la Iglesia es “comunión de los santos”: esta expresión designa primeramente las “cosas santas” (sancta), y ante todo la Eucaristía, “que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo” (LG 3).

Este término designa también la comunión entre las “personas santas” (sancti) en Cristo que ha “muerto por todos”, de modo que lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos.
Que importante y consoladora es esta última expresión, nuestra acciones hechas por Amor, dan fruto para todos, en una acción biunívoca de la que también podemos ser beneficiarios. Cuanto reconforta saber que nunca estas solo en la inmensa familia de Dios.
Ya en el segundo libro de los Macabeos encontramos “pues es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados” (II M 12, 46).y por eso la Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció sufragios por ellos (LG 50).
Pero esta comunicación de Amor no se ve limitada ni por el tiempo ni el espacio; si nosotros podemos pedir por los que estando salvados están purificándose en el Purgatorio, los del cielo que están más íntimamente unidos con Cristo, no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra.
Este dogma de fe, que como decíamos al principio rezamos en el Credo, se fundamenta en un pasaje de San Pablo en su primera carta a los corintios, en el que compara la Iglesia con el cuerpo humano (Cfr. 1Cor12, 12-27).