Corpus Christi

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Podríamos decir que los antecedentes remotos de la fiesta del Corpus Christi hay que buscarlos en las controversias eucarísticas que se plantearon alrededor de los comienzos del primer milenio.
El monje Pascasio Radbert (785-865), ailment que llego a ser abad de Corbie, en su obra “De corpore et sanguine Domini” (831), había mantenido que en la Sagrada Eucaristía el pan se convierte en el cuerpo real de Cristo, en el mismo cuerpo nacido de María y crucificado.
Otro monje benedictino de su mismo Convento, Ratramnus, en una obra, con el mismo titulo, escrita un año más tarde rebate las afirmaciones de Pascasio diciendo que en la Sagrada Eucaristía no hay conversión del pan, que el cuerpo de Cristo está presente pero de una forma espiritual, y por ello no es el mismo nacido de la Virgen María y crucificado.
Estos dos monjes están plateando lo que seria la posición de la Iglesia Católica que defiende Radbert y que se conoce como transustanciación, palabra que fue utilizada por primera vez por el obispo de Le Mans (1096) y arzobispo de Tours (1125), Hildiberto de Laverdin (1055-1133) y la que plantea Ratramnus que hacia hincapié en la presencia espiritual de Cristo en el sacramento, un punto de vista similar al que quinientos años más tarde defendería Juan Calvino (1509-1564).
Esta controversia volvió a resurgir con los planteamientos que hizo en 1047 el teólogo francés Berengario de Tours (999-1088) que fueron analizados y condenados en el Concilio de Vercelli en 1059.
En 1047 Berengario mantuvo una polémica con Lanfranco de Pavía, abad del monasterio de Le Bec, en Normandía y futuro arzobispo de Canterbury, sobre la naturaleza Eucaristía, según la cual, durante la celebración de la misa el pan y el vino del celebrante se transforman realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo.
Para Berengario no ocurre realmente ninguna transformación, siendo el pan y el vino, únicamente símbolos del cuerpo y la sangre de Cristo; para Lanfranco, en cambio, el pan y el vino son realmente cuerpo y sangre de Cristo.
Los antecedentes próximos nos llevan a Lieja en Bélgica y a Bolsena, cerca de Orvieto, en la provincia de Terni en Italia.
A fines del siglo XIII surgió en Lieja, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja.
Alrededor del año 1246 la abadesa era Santa Juliana de Mont Cornillón (1193-1258), desde joven tenía una gran veneración al Santísimo Sacramento y anhelaba que hubiera una fiesta especial en su honor.
Juliana comunicó estos deseos al entonces obispo de Lieja, Roberto de Thorete y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de la catedral de Lieja (1241-1243) y más tarde Papa con el nombre de Urbano IV (1261-1264). Urbano IV fue elegido en Viterbo pues su antecesor Alejandro IV tenia su sede y murió allí.
En 1264 se produjo el conocido milagro eucarístico de Bolsena. Un sacerdote, el Padre Pedro de Praga, dudaba sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Acudió en peregrinación a Roma para pedir sobre la tumba de San Pedro la gracia de una fe fuerte. De regreso de Roma, Dios se le manifestó de manera milagrosa, ya que cuando celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró llenando el Corporal de la Preciosa Sangre.
El Papa Urbano IV, un Papa que nunca residió en Roma y que fue Patriarca de Jerusalén, instauro la fiesta del Corpus Christi el 11 de agosto de 1264 mediante la Bula “Transiturus de hoc mundo” en la que condenaba la herejía sobre la transubstanciación eucarística.
Parece ser que el Papa encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino; cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos, ante la belleza de lo que estaba escuchando. Entre otros textos, Santo Tomás compuso la secuencia “Lauda Sion” que se canta en la Misa de Corpus Christi y el conocido himno eucarístico “Pange Lingua”.
La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta.
En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia, al primer sitio donde se celebro la fiesta del Corpus Cristi en España fue en Valencia, en el año 1355.
Su celebración es el jueves siguiente al Domingo de la Santísima Trinidad, es decir diez días después de Pentecostés y sesenta días más tarde del Domingo de Resurrección.
Es España, excepto lugares como Toledo, Granada y Sevilla, la procesión se traslada al domingo siguiente. La celebración litúrgica se celebra en todos los casos el domingo.