Decenario al Espíritu Santo

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Después de haber recordado el Vía crucis y los Dolores y Gozos de San José, ambulance otra de las costumbres cristianas que podemos señalar en esta publicación es el Decenario al Espíritu Santo.
La Iglesia, durante los diez días que van desde la Ascensión del Señor al Domingo de Pentecostés, propone que se prepare la venida del Espíritu Santo del mejor modo posible, rezando, de la misma forma que los Apóstoles “perseveraban unánimes en la oración” (Hch 1, 14) cuando esperaban la venida del Espíritu Santo.
La festividad de la Ascensión que es narrada en los evangelios de Marcos (16, 19) y Lucas (24, 51) y en el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles (1, 9-11), y que celebramos el pasado jueves día 17 (la festividad litúrgica se pasa al domingo siguiente), se celebra a los cuarenta días de la Resurrección del Señor.
El quincuagésimo día (que en griego se dice pentecostés) celebramos el Domingo de Pentecostés, en el se conmemora el descendimiento del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, concluyéndose el tiempo Pascual.
La fiesta de Pentecostés es una de las tres fiesta judías en las que existía la obligación de peregrinar al Templo (Ex 23, 14) que adquiere un nuevo sentido, al ser el día que estando reunidos los Apóstoles “quedaron todos llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 4).
Esta observación es oportuna pues en el Nuevo Testamento se menciona por tres veces la fiesta de Pentecostés, en los Hechos de los Apóstoles, (2, 1) y (20, 16) y en el capitulo 16 de la primera carta a los Corintios, pero en los tres casos se están refiriendo al Pentecostés judío.
Al igual que en otras devociones, las oraciones o reflexiones que se utilizan en el decenario se ajustan a la espiritualidad del que la practica, no existen textos oficiales.
En España tenemos a una autora muy peculiar que uno de sus libros está precisamente dedicado y se titula “Decenario al Espíritu Santo”. La mística, nacida en Carrión de los Condes (Palencia), Francisca Javiera del Valle (1856-1930).
Decimos peculiar pues no se corresponde la formación intelectual de Francisca con los elevados niveles teológicos de sus escritos, frutos de su intensa vida de oración. No profesó en ninguna orden religiosa, siendo dirigida a lo largo de su vida por sacerdotes jesuitas siendo calificada por uno de sus biógrafos como “humilde, inculta y apenas instruida costurera”.
Para completar esta entrada vamos a incluir, en nuestro formato habitual, el texto de la obra citada, que puede considerarse un clásico de la literatura espiritual ya que ha contribuido a que muchos de cristianos hayan conocido mejor al Espíritu Santo.
Originalmente fue publicado por primera vez en Salamanca el año 1932, dos años después de la muerte de la autora y en 1961 por Editorial Rialp en su Colección Patmos, habiendo alcanzado la decimonovena edición.
Este texto es de muy fácil localización en Internet.