Ecumenismo

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La próxima celebración del antiguamente llamado “Octavario para la unidad de la Iglesia” que tendrá lugar entre los días 18 y 25 de este mes, rx nos da ocasión para recordar los orígenes de estas jornadas de oración, thumb en las que participan los católicos, healing acompañados de otras confesiones cristinas, así como esbozar como fueron los inicios de la primera separación entre los cristianos.
La segunda división en el siglo XVI agravó la desunión, configurando los tres grandes grupos en que nos encontramos divididos los cristianos, católicos, ortodoxos y protestantes.
Hace cuatro años que se cumplió un siglo de que el Padre Paul Wattson, ministro episcopaliano (rama americana de los anglicanos) y cofundador de la Society of Atonement (Sociedad de la Expiación), inaugurara cerca de Nueva York, un octavario de oración por la unidad de los cristianos, que se celebró por primera vez del 18 al 25 de enero de 1908, participando más de dos mil personas, católicos y episcopalianos
La fecha fue especialmente elegida para que coincidiera con las fiestas litúrgicas del 18 de enero, día de la Cátedra de San Pedro en Roma y terminara el 25 de enero, día de la conversión de San Pablo.
El año siguiente, el 30 de octubre de 1909, el Padre Paul, junto a otros miembros de su comunidad, pasaron a formar parte de la Iglesia Católica.
En la década de 1930, el octavario de oración experimentó importantes adaptaciones sobre todo por obra del abad Paul Couturier (1881–1953) de Lyon, un gran promotor del ecumenismo espiritual que tratando de darle un nuevo espíritu lo denominó “Semana de oración por la unidad de los cristianos”.
En 1968, las Iglesias y las parroquias del mundo entero recibían por primera vez los textos para la Semana de oración para la unidad de los cristianos, preparados conjuntamente por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos (Iglesia católica).
Juan Pablo II subrayó los tres elementos sobre los cuales se construye la búsqueda de la unidad: la conversión, la cruz y la oración.
Por eso durante esta semana, muchos fieles, así como comunidades religiosas y monásticas, rezan por la unidad de los cristianos, poniendo en practica el consejo paulino de “orar sin cesar” (I Tes 5, 17) que permite el avance hacía una Iglesia unica. Pues como dijo Benedicto XVI, “La barca del ecumenismo nunca habría zarpado del puerto si no hubiera sido movida por esta amplia corriente de oración e impulsada por el soplo del Espíritu Santo”.
Los antecedentes de la primera separación dentro de la Iglesia, hay que buscarlos en las luchas de poder que se establecieron en el siglo IV, en algunos casos bajo el amparo de una defensa de la ortodoxia religiosa y en otros, con enfrentamientos claramente políticos.
Uno de los protagonistas de uno de estos últimos fue el hispánico Teodosio (346-395) emperador que reconoció al Cristianismo como religión oficial del Imperio mediante el edicto de Tesalónica del año 380, pero que además pretendió convertir a Constantinopla en la ciudad más importante bajo el punto de vista religioso, dado que la había convertido en su capital política cuando traslado a ella su residencia desde Tesalónica.
Esta decisión rompía el equilibrio conseguido en el Concilio de Nicea del 325, en el que se definió que la primacía de Occidente la tenía Roma, mientras que la de Oriente quedaba compartida por sus dos grandes ciudades, Alejandría y Antioquia.
La suerte de San Atanasio, el gran opositor al arrianismo, también fue la manifestación de las diferencias existentes entre Oriente y Occidente. Atanasio fue expulsado por el Prefecto Flavio Filagrio de su sede de Alejandría el 18 de marzo del 339 y se refugió en Roma comenzando su segundo exilio.
El Papa Julio I (337-352) convocó un sínodo en Roma en el año 341, para analizar la situación de Anastasio, al que se negaron asistir los representantes de Oriente, que a su vez convocaron un concilio en Antioquia, al que asistieron más de cien obispos y en el que ratificaron su condena a Anastasio.
El Papa deseoso de solucionar el problema decidió celebrar un sínodo más general y pidió a los emperadores Constante y a Constancio II la convocatoria de un sínodo.
El Concilio se convoca en Sárdica (la actual Sofía) en esos momentos línea fronteriza entre los dos imperios, una ciudad perteneciente al territorio de Constante, pero muy próxima a Tracia, que estaba en la jurisdicción de Constancio II.
Los obispos occidentales, en numero de 97, comienzan a llegar a Sárdica en el otoño del año 343, los representantes del Papa fueron los sacerdotes Arquidamo y Filóxenes y al diácono León. Las reuniones estaban presididas por Osio de Córdoba.
Los 58 representantes orientales, entre los que destacaban Gregorio de Alejandría y Esteban de Antioquía, llegaron a la ciudad de Filipópolis, teniendo que ser instados a cruzar la frontera y llegar a Sárdica.
Desde el principio las posturas fueron irreconciliables, los orientales se niegan en redondo a un nuevo examen de las sanciones impuestas a los obispos Atanasio y Marcelo de Ancira y los occidentales consideran como arriano estricto a cualquier oriental adversario de los obispos de Alejandría y Ancira.
Pese a los intentos conciliatorios de Osio de Córdoba, las conclusiones más llamativas de este Concilio de Sárdica fueron las excomuniones mutuas, incluida la de Julio I de Roma por parte de los orientales.
Podríamos decir que este concilio propició la primera gran quiebra de la cristiandad, constituyendo el preludio del cisma que en 1054, con las excomuniones mutuas de los legados del Papa León IX de Roma y del Patriarca ecuménico Miguel Cerulario (1043-1058), titular de la sede de Constantinopla, que separaría, el 16 de julio de 1054, las iglesias orientales de cultura griega de las occidentales de cultura latina.