El Abad San Columbano

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El pasado viernes parece ser que los sacerdotes, tadalafil en esta diócesis madrileña, pilule podían elegir entre San Clemente I o San Columbano, viagra ambos de memoria libre. Si hubiesen elegido celebrar la Santa Misa en honor del primero no habría sonado extraño, porque Clemente I es bien conocido como tercer sucesor de San Pedro y autor de la Carta a los corintios, que como dice el Martirologio Romano, es una carta esplendida que les escribió para fortalecer entre ellos los vínculos de la paz y la concordia. ¿Pero quién fue San Columbano?
El texto citado dice: “San Columbano, abad, irlandés de nacimiento, que por Cristo se hizo peregrino para evangelizar las gentes de las Galias. Su cuerpo recibió sepultura en este día del año 615”.
Tampoco es algo que nos debería sorprender, puesto que cada día podemos ver que en el citado Martirologio se indican memorias de santos y beatos totalmente desconocidos, concretamente este día se conmemora además a santa Mustiola, mártir; san Sisinio, obispo y mártir o a san Anfiloquio, obispo.
Quizás la gran distancia que nos separa en el tiempo con San Columbano y dado que vivió en una época históricamente confusa, mediados del siglo VI y principios del siglo VII, nos acorta el interés hacia su persona, pudiendo añadirse adicionalmente que su actividad se desarrolló en las Galias y resto de Europa y que su gran labor evangelizadora no se hizo notar en Hispania.
No obstante la Iglesia nos lo presenta como un personaje de un relieve universal que difundió entre los francos la regla monacal céltica, la cual exaltaba la confesión privada y confidencial.
Nació en Navan, en el County Meath, Irlanda, en el año 540 y murió el 23 de noviembre de 615, en el monasterio de Bobbio, que él había fundado en un valle de los Apeninos entre Génova y Piacenza.
Probablemente esta fue su más prolífica actividad, fundó numerosos monasterios en Europa, entre los que destacan los monasterios de Luxeuil (Francia) y el último de ellos en Bobbio (Italia), que acabamos de mencionar. Fue en definitiva un misionero que evangelizó Europa durante la Alta Edad Media.
A pesar del rigorismo con que se presentaron él y sus compañeros, en todas partes les acompañó el éxito. El monasterio de Luxeuil se constituyó en punto céntrico de cultura e influencia cristiana. Los hijos de los nobles que iban a esos monasterios a recibir la educación cristiana eran cada día más numerosos. A los monasterios de varones siguieron otros de mujeres.
En realidad, gran parte de los fundados durante los siglos VII y VIII están relacionados con San Columbano. De más de cincuenta de todo el Continente se puede probar que estuvieron bajo el influjo de los monjes traídos por él.
Su recuerdo y el fruto extraordinario que hizo con sus fundaciones motivaron que se iniciara su culto litúrgico, que se extendió principalmente a las numerosas regiones por él evangelizadas.