El Apocalipsis; autoria y datación

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En estos días en los que está próximo fin el año litúrgico se esta leyendo en la Misa diaria el libro del Apocalipsis.
Este libro con el que se concluye el Nuevo Testamento, ed de difícil comprensión por su lenguaje alegórico, viagra es uno de los libros más controvertidos de la Biblia. Se ha discutido acerca de su autoria; de la fecha de su composición, decease de su canonicidad, existieron voces discordantes sobre su inclusión en el Canon, e incluso de su contenido, el propio carácter del texto lleva implícito la esencia de la discusión.
En esta entrada nos vamos a ocupar de las dos primeras, quien lo escribió y cuando.
El nombre de este libro ha dado origen a un género literario: el apocalíptico es un género profético en un sentido diferente a las profecías del Antiguo Testamento. Mientras que entonces, el profeta como intermediario divino, reprende y anima a los fieles haciéndoles ver la justicia de Dios, es decir, es un hombre que habla en un momento dado a sus contemporáneos, los textos apocalípticos no hablan necesariamente del presente, se dirigen hacía el futuro mediante la utilización de figuras alegóricas.
Sin embargo, a pesar de todas las controversias indicadas es el único texto de las Sagradas Escrituras que dice expresamente que su autor es Dios “Apocalipsis de Jesucristo, que, para instruir a sus siervos sobre las cosas que han de suceder pronto; ha dado Dios a conocer por su ángel a su siervo Juan, el cual da testimonio de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo, de todo lo que él ha visto.” (Ap 1, 1-2).
Un poco más adelante el texto dice “Yo Juan […] hallándome en la isla llamada Patmos, por la palabra de Dios y por el testimonio de Jesús” (1, 9), es decir el autor debió de ser un personaje lo suficientemente conocido, para no necesitar dar otro dato que su nombre para ser identificado y que estuvo desterrado en la isla de Patmos. Ambas circunstancias concurren en el Apóstol Juan, autor del cuarto Evangelio y de tres cartas.
Muchos de los primeros Padres de la Iglesia son de la misma opinión, Justino Mártir (100-165).Ireneo de Lyon (130-202), discípulo de Policarpo, Obispo de Esmirna, Teofilo, el sexto obispo de Antioquia de Siria, cita el Apocalipsis en su obra “Contra la herejía de Hermógenes”, escrita contra los marcionitas. Orígenes (185-254) en su obra “De Principiis” dice “Escuchad de la manera como Juan habla en el Apocalipsis”.
El primer comentario conocido sobre el Apocalipsis es de Melitón, Obispo de Sardis.
Vemos pues que personajes de los siglos II y III estaban convencidos de la autoria de Juan. No obstante desde el siglo III, se levantaron dudas respecto a esta autoria, Dionisio, Patriarca de Alejandría, la rechazo por no estar de acuerdo con las tesis milenarista que el texto plantea y por las diferencias de lenguaje respecto al Evangelio.
Esta última es la principal objeción, incluso en la actualidad, para no admitir que el cuarto Evangelio y el Apocalipsis fueron escritos por la misma persona.
Los opositores se basan en que las diferencias lingüísticas entre ambos textos son significativas. Pero generalmente se argumenta que las circunstancias de San Juan durante la escritura del Apocalipsis fueron muy diferentes a las de la redacción del Evangelio, por un lado, estaba desterrado en Patmos y probablemente sin recursos para suplir las deficiencias que tenia del conocimiento del idioma griego y por otro, la inmediatez de lo que escribía, “Cuando hubieron hablado los siete truenos, iba yo a escribir…” (10, 49) le pudo obligar a no corregir el texto griego posteriormente, para darle mayor fidelidad a sus visiones.
Corrección que si parece existió con el texto del evangelio y que justificarían las palabras finales del mismo “Este es el discípulo que da testimonio de esto, que lo escribió; y sabemos que su testimonio es verdadero” (Jn 21, 24) que parecen ser la certificación de los discípulos de Juan que revisaron el texto, para dar veracidad a su relato.
A todo lo anterior se puede añadir que en ambas obras se tratan aspectos de forma paralela, como el tratamiento de Cristo como el Cordero de Dios, utilizada de forma exclusiva en el Nuevo Testamento, tanto en el Evangelio (Jn 1, 29) como en el Apocalipsis (Ap 19, 9). Así mismo la utilización de Logos para referirse a Jesús y otros muchos, no solo en relación con su Evangelio, sino también con sus Cartas.
Podríamos resumir que a pesar de las voces discordantes, algunas de ellas relativamente próximas a los hechos, se acepta generalmente que el autor del Apocalipsis es el Apóstol Juan.
Otro tema que se ha discutido en relación con el Apocalipsis es cuando se escribió. Se plantean dos posibles fechas, durante el tiempo que va desde la muerte de Nerón en el año 68 y la destrucción del Templo en el año 70, y la segunda, alredor del año 95, durante el reinado de Domiciano (81-96).
Ya hemos comentado que Juan estuvo desterrado en la isla de Patmos, (pequeña isla griega del archipiélago del Dodecaneso), según confirman varios autores, pero ninguno de ellos da datos para poder situar en el tiempo este hecho. Clemente de Alejandría y Orígenes, informan del destierro pero no dan referencias respecto a la fecha, Eusebio de Cesárea, indica que fue en época del emperador Domiciano (81-95), pero otros, como Tertuliano e Hipólito, dicen que Juan estaba en Roma cuando fue desterrado y en consecuencia, este se produjo durante el reinado de Nerón (37-68). San Jerónimo en su obra “De viris ilustribus” registra esta segunda opción.
En el campo de la especulación podríamos decir que fue en época de Domiciano, puesto que Nerón no solía utilizar el destierro como forma de castigo y Domiciano usaba esta práctica, pero no seria un dato probatorio.
También son argumentos interpretativos los que utilizan aquellos que asignan una fecha temprana, pues se basan en deducciones sacadas del propio texto, como, entre otras, identificar a Nerón con la bestia, por coincidir con el número de su nombre, “Aquí esta la sabiduría. El que tenga inteligencia calcule el numero de la bestia, porque número de hombre. Su numero es seiscientos sesenta y seis” (Ap 13, 18).
La tradición de la Iglesia, basándose en el testimonio de autores como Ireneo, Clemente de Alejandría y San Jerónimo, considera como más probable la fecha del año 95, en los tiempos del Emperador Domiciano.