El Bautismo de Jesús

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Ya hemos dejado atrás la Navidad y litúrgicamente, sildenafil la Iglesia comienza con lo que se denomina tiempo ordinario. Los tiempos no ordinarios son aquellos que celebran algún aspecto particular del misterio de Cristo, unhealthy es decir, pharmacy Cuaresma, Pascua, Adviento y Navidad.
El pasado domingo celebramos el Bautismo del Señor, una fiesta de la que tenemos iconografías desde el siglo II, como en las catacumbas de Calixto en Roma o del siglo XIV en la impresionante puerta norte diseñada por Lorenzo Ghiberti en el Baptisterio de Florencia.
Sabemos que el bautismo que nosotros recibimos es un sacramento que perdona el pecado original, y cualquier otro pecado, con las penas debidas por ellas, además de un rito de iniciación, o expresándolo con las propias palabras del Catecismo “Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión” (Punto 1213).
Por tanto, nuestro bautismo no tiene nada que ver con el Bautismo del Señor y cabria preguntarnos ¿cual fue su sentido? ¿Por qué se bautizó Jesús? ¿Cómo Jesús se colocó en una posición subordinada respecto a Juan para someterse a un rito de perdón?
Habría que decir inmediatamente que el bautismo de Jesús es un hecho histórico. Casi todos los historiadores, incluidos aquellos que ponen en duda, o directamente niegan, otros hechos de los evangelios, están de acuerdo en que Juan bautizó a Jesús, como dice el evangelio de Marcos, el primero de los cuatro, “En aquellos días vino Jesús desde Nazaret, de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordan” (Mc 1, 9).
Existen una serie de criterios, denominados de historicidad, por los que los expertos determinan si un texto evangélico puede considerarse además histórico.
Entre ellos, este hecho cumple con dos de esos criterios, el de dificultad y el de testimonio múltiple.
Bajo un punto de vista histórico, los primeros cristianos no tenían la necesidad de presentar un suceso que iba a necesitar de posteriores explicaciones para su comprensión, como el Mesías va a bautizarse por un profeta. Lo fácil era omitirlo y sin embargo es presentado por los cuatro evangelistas, aunque, bien es verdad, con diferentes matices. Si la iglesia transmitió ese dato, a pesar de las dificultades teológicas que implicaba, la deducción inmediata es que el hecho ocurrió.
El criterio de testimonio múltiple se cumple porque, a pesar de que el Bautismo de Jesús es presentado por Marcos (1, 9-11) y las posteriores descripciones de Mateo (3, 13-17) y Lucas(3, 21-22) dependen de Marcos, lo que nos podría inducir a que los tres evangelios utilizan una única fuente, se encuentran en estos últimos algunos elementos comunes que no están presentes en Marcos, lo que hace pensar que hay otra versión más del bautismo contenida en la llamada fuente Q. Juan que no narra el bautismo sino el testimonio de lo que vio Juan Bautista, “Yo he visto al Espíritu descender del cielo como paloma y posarse sobre El” (Jn 1, 32) es considerado también como otra fuente independiente.
Vemos pues, estos dos criterios, el de dificultad y el de testimonio múltiple, nos indican con un alto grado de probabilidad que históricamente Jesús antes de iniciar su ministerio público fue a bautizarse con Juan, además de que quizás, en algún momento, Jesús fue discípulo de Juan, pero esto merece un nuevo comentario en otro momento.
La única similitud entre el Bautismo de Señor y el que nosotros recibimos es que El inició su vida publica en ese momento y nosotros iniciamos nuestra vida de cristianos cuando somos bautizados.
El bautismo que Juan predicaba “era de penitencia para la remisión de los pecados” (Mc 1, 4) que como explica Joseph Ratzinger, en el primer tomo de su obra Jesús de Nazaret, “Se trata realmente de superar la existencia pecaminosa llevada hasta entonces, de empezar una vida nueva, diferente. Esto se simboliza en las diversas fases del bautismo. Por un lado, en la inmersión se simboliza la muerte y hace pensar en el diluvio que destruye y aniquila. Se trata de una purificación, de una liberación de la suciedad del pasado que pesa sobre la vida y la adultera, y de un nuevo comienzo, es decir, de muerte y resurrección, de reiniciar la vida desde el principio y de un modo nuevo.
Sólo a partir de la cruz y la resurrección se clarifica todo el significado de este acontecimiento” (p. 15)
Diciendo más adelante “Al entrar en el agua, los bautizandos reconocen sus pecados y tratan de liberarse del peso de sus culpas. ¿Qué hizo Jesús? Lucas, nos dice que Jesús recibió el bautismo mientras oraba (Lc 3, 21). A partir de la cruz y la resurrección se hizo claro para los cristianos lo que había ocurrido: Jesús había cargado con la culpa de toda la humanidad; entró con ella en el Jordán. Inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores” (p.16).
Por eso el Santo Padre en la ceremonia de administración del bautismo, realizada en la Capilla Sixtina el domingo10 de enero de 2010, dijo: “El Hijo de Dios, el que no tiene pecado, se mezcla con los pecadores, muestra la cercanía de Dios al camino de conversión del hombre. Jesús carga sobre sus hombros el peso de la culpa de toda la humanidad, comienza su misión poniéndose en nuestro lugar, en el lugar de los pecadores, en la perspectiva de la cruz.”