El problema jacobeo

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Afirmar que no es cierto aquello de lo que no se poseen pruebas históricas, site es una actitud inapropiada de la misma entidad que afirmar con rotundidad hechos que no son demostrables.
En ambos casos, quienes niegan la venida de Santiago a España por la inexistencia de pruebas concluyentes, como quienes aseguran, fuera de toda duda que fue el primer apóstol que visitó la Península están cayendo en un error similar.
Por eso más que hablar de presencia o ausencia de forma rotunda, seria conveniente hablar en términos de verosimilitud de la evangelización de Hispania por Santiago el Mayor.
El Beato de Liébana, (¿-876) un monje del Monasterio de San Martín de Turieno (actualmente Monasterio de Santo Toribio de Liébana), en Cantabria, cerca de los Picos de Europa, escribió un Comentario al Apocalipsis, en el que menciona a Santiago como evangelizador de España. El Beato propuso al rey de Asturias Mauregato (783-788) que Santiago fuese el Patrón de España y la Corte aceptó la propuesta. Probablemente lo que hace el Beato de Liébana es institucionalizar una devoción que existía en España desde mucho tiempo antes.
Las primeras noticias escritas sobre la presencia de Santiago en los confines de la tierra, las tenemos con Dídimo el Ciego (313-398) jefe de la escuela de Alejandría desde el año 340 al 395 y maestro de San Jerónimo. Dídimo dice literalmente “Uno de los Apóstoles recibió en reparto la India, otro Hispania, e incluso otro más una región hasta la extremidad de la tierra”. Dada la categoría intelectual de Dídimo seria aventurado opinar que la frase, cuando la pone por escrito, sea una afirmación sin base previa, aunque podría estar recogiendo información anterior.
En este contexto habría que recordar que Jesús les dijo a sus Apóstoles que con la recepción del Espíritu Santo serian sus testigos “en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra” (Hch 1, 8). En Hispania estaba el fin de la tierra conocida entonces, Fines Terrae.
San Jerónimo (347-420), el traductor de la Biblia por orden del Papa, en el año 408, en su obra Comentarios, dice acerca del reparto territorial que hicieron los Apóstoles: “…uno a India, otro a las Hispanias, otro a Iliria (territorio que coincide con las actuales Croacia, Serbia, Bosnia, Iliria fue evangelizada por San Pablo, la tradición dice que Santo Tomás llego a la India. ¿Por qué no pudo llegar a Hispania Santiago?, también la tradición dice que estuvo allí.
La Iglesia se destacó desde sus inicios por un impresionante celo misionero, lo cual da verosimilitud al posible viaje de Santiago a Hispania, al termino del cual, como siempre hizo San Pablo, regresaría a Jerusalén y allí en el año 44, fuese el primer Apóstol en dar la vida por Cristo.
Así como hemos dado algunos testimonios de autores que defiende la presencia de Santiago en Hispania, también podríamos dar una serie de ellos que no la mencionan, siendo este un argumento de autoridad para los que niegan la relación entre España y Santiago.
Uno de los autores que no menciona a Santiago es Prudencio (Calahorra, 348-410) el poeta hispano latino Aunque podríamos alegar que quizás este tema no tuviera interés para él, dada la temática de su obra.
Otro importante historiador y teólogo que silencia a Santiago es Paulo Orosio (383-420) un sacerdote, natural de Bracara Augusta (actual Braga, Portugal), una figura de gran prestigio desde el punto de vista intelectual, que tuvo contacto con las grandes personalidades de su época, como Agustín de Hipona o Jerónimo de Estridón. Su Historia es un ambicioso intento de Historia Universal, escrita con intención apologética.
Otro personaje, que ha llegado a ser reconocido como el primer cronista de la historia española es el obispo Hidacio (388-470), el cual tampoco menciona a Santiago.
Hidacio, nació en Orense y fue Obispo de Aquae Flaviae (actual Chaves en Portugal) desde el año 427; entre sus obras se encuentran, Chronicon, en el que narra las invasiones germanas durante el período 379-468 y Fasti Idatani, relacionándose con personajes de la talla de San Eulogio, Juan de Jerusalén o San Teófilo.
Vemos que con independencia de las referencias iniciales, los grandes autores hispanos de la época optan por el silencio, de la misma forma que tampoco se manifiestan los textos litúrgicos españoles compuestos por los padres de la iglesia española durante los siglos VI y VII, salvo la excepción del himno O Dei Verbum compuesto posiblemente por el Beato de Liébana en el siglo VIII.
Hacia el año 600 se realiza la traducción latina del denominado Breviarium Apostolorum, que recoge una frase en la que se dice que Santiago predico el evangelio a las gentes de Hispania y de las partes occidentales. Algunos autores opinan que esta frase es una interpolación de los traductores del griego de esta obra, dado que en los Catálogos bizantinos o Catálogos apostólicos de los que procede no incluyen la mención a Santiago en España.
En la obra atribuida a San Isidoro, De ortu et obitu Patrum, escrita con anterioridad al año 612, se repite casi literalmente la frase, pero nuevamente surge la polémica de si está tomada del Breviarium o es de origen diferente. En cualquier caso es el primer testimonio hispánico sobre el problema jacobeo.
A partir del siglo VII hasta el siglo XVI existía un convencimiento casi unánime de la Iglesia de la venida de Santiago. Pero esto cambió cuando el Papa Pío V decidió revisar el Breviario Romano en 1568, en el cual todos los sacerdotes del mundo recordaban la tradición jacobea: “Después de haber evangelizado en Judea y Samaria, recorrió Santiago España, y habiendo predicado allí el Evangelio volvió a Jerusalén”.
En el año 1592 en la comisión reformadora del Breviario se incluyó al cardenal Boronio y a quien posteriormente seria conocido como San Roberto Belarmino, ambos aceptaron la opinión del canónigo toledano García de Loaysa, que llegó a ser Arzobispo de Toledo, quien rechazaba la tradición jacobea, eliminando del Breviario la referencia a Santiago.
Esta decisión fue reclamada por personalidades españolas, incluido el rey Felipe III, pero la decisión de la Iglesia fue que se incluyera en el Breviario la frase “El haber venido Santiago a España y haber convertido allí a algunos a la fe es tradición de las Iglesias de aquella Provincia. De entre los convertidos, siete, ordenados después obispos por San Pedro, se dirigieron los primeros a España”.
Esta solución que reducía al ámbito hispano el problema siguió siendo reclamada por los españoles y en el 1629 el Papa Urbano nombró una comisión de nueve Cardenales para resolver el problema existente con España; los españoles alegaron que las opiniones de García de Loaysa contenían un vicio histórico y por esta y por razones de índole diplomática y practica, el texto se rectificó a su contenido inicial, hasta que con el Vaticano II se eliminó sin controversia alguna.
En el año 1900, Mons. Louis Duchèsne (1843-1922) publicó en Annales de Mídi, un texto de gran resonancia, Saint Jacques en Galice, en el que prácticamente pone de manifiesto que toda la cuestión jacobea pertenece al ámbito de las leyendas.
Vemos que a falta de pruebas mas convincentes que pudieran poner de acuerdo a los partidarios y a los detractores, el paso de Santiago por Hispania no se puede afirmar con rotundidad, por lo que probablemente hay que trasladar al terreno de las creencias personales lo que dice la tradición, que Santiago Apóstol, hermano de Juan e hijo de Zebedeo recibió el mandato de evangelizar Hispania, antes de salir lo bendice la Madre del Señor y le pide una basílica en el lugar donde mayor número de personas se conviertan. Santiago estuvo en Asturias, donde convirtió a una persona, en Galicia y Castilla, llegando a Aragón donde convirtió a ocho personas, ordenando presbítero a una de ellas.
A las orillas del río Ebro se le aparece la Virgen María sobre una columna y ahí es donde decide construir una basílica.
La controversia sobre Santiago no se acaba aquí, pues si existen dudas de que viniera a España vivo, también existen del descubrimiento y traslado de sus restos a Santiago de Compostela.