El secreto mesiánico

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Hoy, site sexto domingo del tiempo ordinario, health la lectura del Evangelio corresponde al pasaje de San Marcos, en el que un leproso pide a Jesús que lo sane (limpie o purifique, en otras versiones)(1,40-45).
Justamente este pasaje, junto con otros del mismo Marcos, son en los que basa el teólogo luterano alemán, Willian Wrede (1859-1906) para plantear lo que él denominó el “secreto mesiánico” en el evangelio de Marcos.
En 1901 Wrede publicó un libro titulado “El secreto mesiánico en los evangelios” en el que afirma que Jesús nunca tuvo la conciencia de ser el Mesías, o dicho en otras palabras, lo que se expresa en el evangelio de Marcos es el convencimiento de los primeros cristianos de que Jesús era el Mesías desde su encarnación, no la realidad histórica.
Según Wrede, el autor del evangelio de Marcos, con el fin de resolver esa divergencia entre la realidad de Jesús y la fe de los primeros cristianos, se inventa el “secreto mesiánico”, siendo esta la causa por la que a lo largo del evangelio de Marcos se presentan algunos pasajes en el que Jesús manda guardar silencio sobre algunos milagros o a sus discípulos, e incluso a los demonios que le confiesan como enviado de Dios.
Es decir, los mandatos de silencio son un artificio literario para explicar por qué Jesús no se presentó como Mesías durante su vida pública.
La conclusión de Wrede es negar la realidad histórica del evangelio de Marcos, inhabilitándolo para la búsqueda del Jesús histórico, o expresado de otra forma, la falta de coincidencia entre el Cristo presentado por la Iglesia y el Jesús histórico.
La hipótesis de Wrede es un ataque frontal al dogma de la Iglesia, en cuanto que presenta la fe cristiana como un invento humano, al considerar que los evangelios son meras creaciones literarias que exponen las creencias que tenían de Jesús los primeros cristianos.
Los argumentos de Wrede han sido matizados posteriormente por otros autores como, Hiekki Raisanen de la Universidad de Helsinki en su obra “The problem of the  messianic secret and its most important solutions”, Philipp Vielhauer y H. J. Ebeling y fundamentalmente por G. Minette de Tillesse, que en 1968, en su trabajo “El secreto mesiánico en el evangelio de Marcos” reduce el problema supuestamente teológico a una falta de profundización en la comprensión de unos pasajes evangélicos, traducidos del griego, pero que originalmente estaban escritos en arameo.
Los nueve mandatos de silencio de Jesús están circunscritos a tres situaciones concretas; después de realizar un milagro, son los casos de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5, 43), la curación de un leproso (Mc 1, 43) y un ciego (Mc 8, 26) y la expulsión del demonio de la hija de la mujer sirio-fenicia (Mc 7, 24).
Los relativos a los apóstoles, tras la transfiguración cuando bajaban del monte, Jesús les advirtió que no contasen nada de lo sucedido, hasta que hubiera resucitado (Mc 9, 9) y cuando Pedro proclama que Jesús es el Mesías (Mc 8, 30).
Finalmente los pasajes de los demonios en Mc 1, 34; 1, 25; 3, 12 y 5, 6, los cuales son mandados callar por Jesús, porque sabían quien era.
Sorprende que los aludidos nunca hacen caso a Jesús, pero quizás sorprenda más que se hicieran tales propuestas porque, en algunos casos, era evidente que no se podía cumplir, ¿como unos padres pueden ocultar la vuelta a la vida de una niña?, cuando además era de dominio público que la niña había muerto.
En este caso concreto, como en los otros, Minette de Tillesse afirma que más que un secreto lo que existe es un problema lingüístico.
La frase problemática en el pasaje de la resurrección de la hija de Jairo dice “Pero Jesús les mandó encarecidamente que nadie lo supiese,…” (Mc 5, 43). Esta es la traducción en griego que nos ha llegado del original arameo, cuando realmente debería ser “Y les recomendaba encarecidamente que el Hijo del Hombre no fuera agradecido por esto”.
En “Los Orígenes históricos del cristianismo” de José Miguel García, Ed. Encuentro, Madrid, 2007, se encuentra un estudio detallado de este y de los otros pasajes.