El sepulcro vacío

Print Friendly

Los críticos al hecho de la Resurrección ven en las discordancias que se observan en los cuatro relatos evangélicos de la Resurrección del Señor, ed supuestos argumentos en contra de los hechos narrados, look concluyendo que el sepulcro vacío fue una invención de los cristianos. Hipótesis que sostiene Reimarius quien afirma que la Resurrección de Jesús es un fraude.
Son muchas las hipótesis que han sido propuestas en relación a la Resurrección de Jesús, sovaldi sale algunas como la de una muerte aparente como afirma Heinrich Paulus (1761-1851), profesor de Exegesis e Historia de la Iglesia en la Universidad de Heidelberg, según Paulus, Jesús entró en un estado de catalepsia al recibir la lanzada en la cruz. Otras incluso niegan la existencia, no solo de un sepulcro vacío, sino del sepulcro, como Crossan, que sostiene que el cadáver de Jesús desapareció devorado por las aves de presa o por los perros.
Dejando al margen la teoría de Paulus, actualmente desacreditada, aunque muy utilizada por la literatura sensacionalista, veamos como eran los ritos funerarios judíos para analizar la opinión de Crossan.
En la cultura judía se acostumbraba a enterrar a los muertos poco tiempo después del fallecimiento; muchas veces en el mismo día. Es probable que esta costumbre tuviera que ver con el deseo de que la impureza producida por el contacto con el cadáver se extendiera lo menos posible.
El cuerpo era lavado y perfumando por las mujeres más honorables de la familia, todos sus orificios eran taponados con cera u otro material y se le envolvía completamente con tiras de tela.
A continuación se le colocaba en un ataúd y con señales de duelo se le llevaba en procesión a la tumba familiar. Ésta solía consistir en una cavidad o galería amplia, excavada en la roca, en cuyas paredes había nichos o repisas donde se colocaban los ataúdes de los miembros recientemente fallecidos. Al cabo de unos años se abría el ataúd y se depositaban los huesos en pequeñas urnas de piedra, con el fin de que nunca faltara sitio para los familiares que morirían en el futuro.
La afirmación de Crossan del terrible fin del cadáver de Jesús y en consecuencia que nunca hubo un sepulcro que pudiera ser hallado vacío la mañana del domingo, no es seguida por otros autores, porque si bien podría haber sido verdad en cuanto que era costumbre romana dejar pasto de los animales los cadáveres de los ajusticiados, sin embargo, otros estudiosos señalan que, en tiempos de paz, los romanos procuraban respetar las costumbres religiosas de los pueblos sometidos y que, en el caso de los judíos, una de estas costumbres era precisamente la de no dejar sin enterrar a los ejecutados.
Teniendo esto en cuenta, no resulta extraño que fuera José de Arimatea el que se encargara de pedir a Pilato el cuerpo de Jesús con el fin de darle la sepultura reglamentaria. “José de Arimatea, consejero respetado, que esperaba el reinado de Dios, tuvo la osadía de presentarse a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús” (Mc 15,42).
Esta es, justamente, la versión de los hechos que ofrece el evangelio de Pedro, además de ser también la del Evangelio canónico de Marcos. Además, como hemos visto cuando hablábamos de la Crucifixión, el descubrimiento del cadáver de un crucificado tira por tierra esta teoría de que los crucificados no recibían sepultura.
Aunque si es verdad que se podría afirmar que según las costumbres funerarias judías habituales, el cuerpo de Jesús no fue tratado de forma digna, ya que no fue enterrado en una tumba familiar y ningún pariente o amigo hizo duelo por él. No sabemos si sus discípulos intentaron hacer algo al respecto. Pero, aunque lo hubieran intentado, probablemente las autoridades romanas se lo habrían impedido.
Como es natural un tema tan importante ha sido ocasión de que muchos eruditos planteasen su opinión al respecto. Hagamos un pequeño recorrido por las opiniones contrarias a la Resurrección, además de las dos mencionadas.
El iniciador de los estudios sobre el Jesús histórico, Hermann Reimarus (1694-1768), además de decir, como mencionábamos más arriba, que la Resurrección es un fraude, planteó la teoría de que los discípulos robaron el cuerpo y planificaron las circunstancia para presentar este hecho como una resurrección, se basaba en los párrafos del evangelio de Mateo, en el que los guardias del sepulcro informan de la resurrección a los sumos sacerdotes. (Cfr. Mt 28, 11-15).
El erudito judío Joseph G. Klausner (1874-1958) y el teólogo protestante alemán Heinrich Julius Holtzman (1832-1910) son partidarios de la hipótesis del traslado, es decir, las mujeres encontraron el sepulcro vacío porque José de Arimatea cambio el cadáver de sitio sin decírselo a nadie.
David F. Strauss (1808-1874), el teólogo alemán que escribió la primera biografía de Jesús, en la que no lo reconoce como Hijo de Dios, niega su resurrección.
Los discípulos de Jesús dijeron que había resucitado. Veamos cual era la forma de pensar de los judíos con respecto a la muerte, para valorar esta afirmación.
El judaísmo de los tiempos de Jesús tenía una concepción monista de las relaciones entre el alma y el cuerpo. Para los judíos el cuerpo y el alma eran un todo único y el espíritu solo podía ejercer sus actividades mediante el cuerpo.
Los judíos pensaban que después de la muerte, el alma iba a un lugar, que denominaban Sheol, un lugar donde las almas no ejercen ninguna actividad de alabanza o mención a Dios como dicen los Salmos “Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Sheol, ¿quién te alabará?” (Sal 6, 5).
El Sheol es erróneamente traducido a veces por infierno, los judíos pensaban que allí esperaban la resurrección general en el fin de los tiempos, es decir, no creían, como hacemos los cristianos, en un juicio particular inmediatamente después de la muerte.
El cristiano espera el juicio particular inmediatamente después de su muerte, los judíos lo retrasaban hasta el final de los tiempos.
De lo que se deduce que culturalmente los discípulos no podían imaginarse una resurrección de Jesús, de ahí la afirmación inicial de María Magdalena de que habían robado el cadáver “Porque han tomado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto” (Jn 20, 13).
Al considerar la unicidad entre cuerpo y alma tampoco es aceptable pensar que las apariciones de Jesús a multitud de personas fuese la de un espíritu, el espíritu de Jesús sin su cuerpo hubiese sido para la mentalidad de los apóstoles algo totalmente anormal, un fantasma, como inicialmente pensaron hasta que comió y bebió con ellos (Cf. Lc 24, 42-43).
Como decíamos al principio la Resurrección de Jesucristo es un hecho de fe tan extraordinario que se aleja de los hechos que los historiadores pueden probar directamente. A parte de las consideraciones que hemos expuesto, los historiadores solo pueden contrastar los efectos que la fe en la resurrección de Jesús tuvo sobre sus discípulos.
Y existe un hecho incuestionable, cuando Jesús fue arrestado los discípulos le abandonaron y huyeron. Poco tiempo después, esos mismos discípulos predicaron, sin miedo a las posibles consecuencias, que llegaron hasta la muerte, que Jesús había resucitado.