Jesús y el Templo

Print Friendly

Carl Heinrich BlochYa estamos en la tercera semana de cuaresma y en el Evangelio de hoy se nos presenta la controvertida escena de la expulsión de los mercaderes del Templo en la versión del evangelista Juan (2, prescription 13-25).
Los evangelios sinópticos se quedan en la descripción del hecho de la expulsión de los vendedores, “vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones” (Lc 19, 46 y Mt 21, 13), permitiendo que algunos piensen en un Jesús iracundo, sin embargo, el evangelio de Juan, además de centrar el hecho en las proximidades de la Pascua “Estaba próxima la Pascua de los Judíos y subió Jesús a Jerusalén (v. 13), presenta a Jesús como Mesías de una forma más profunda.
Este pasaje siempre ha tenido múltiples interpretaciones entre los estudiosos y no puede considerarse aisladamente, hay que ponerlo en relación con otros textos que dejan ver la actitud de Jesús y de sus discípulos hacia el Templo.
Aquellos que afirman que Jesús se opuso explícitamente al Templo y a su culto, como lo habían hecho, por ejemplo, los esenios, habría que recordarles como Jesús “De día enseñaba en el templo; de noche salía y se quedaba en el monte de los Olivos. Y todo el pueblo madrugaba para escucharlo en el templo” (Lc 21,37-38) y que los primeros discípulos siguieron asistiendo devotamente al Templo después de la Resurrección ,“Y no cesaban todo el día, en el templo o en casa, de enseñar y anunciar la Buena Noticia del Mesías Jesús” (Hch 5, 42) y que incluso Pablo, muchos años después, mostrará su respeto hacia la figura del Sumo sacerdote, ante quien presentara sus disculpas por haberle llamado “pared blanqueada” al ignorar su condición. (Cf. Hch 23, 5).
Teniendo en cuenta estas actitudes, puede ser lógico suponer que Jesús simplemente manifestó su oposición a determinados abusos y prácticas deshonestas de un comercio que se realizaba en zonas “religiosas” del Templo y que era partidario que fueran sacadas a otra zona más profana.
Marcos, después de describir la expulsión y el derribo de las mesas de los cambistas, dice al respecto, “Está escrito: Mi casa será casa de oración para todas las naciones; en cambio vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones” (Mc 11, 17).
Este sentido de purificación fue el primero que adoptaron los investigadores y sigue siendo mantenido en la actualidad. J. Jeremias, añade que la acción de Jesús estaba dirigida contra los sacerdotes que obtenían ganancias del comercio en el Templo. De la misma opinión es Etienne Trocmé (1924-2002) que matiza que Jesús atacó el “abuso de las autoridades judías”.
Hay quienes han querido darle un sentido más espiritual a la acción de Jesús, la oposición a un tipo de religión basada en los signos externos, sacrificios y ritos, para dar paso a un culto interior espiritual. pero hay que argumentar en contra de esta hipótesis lo mismo que se ha indicado anteriormente, no se explica por qué entonces los discípulos siguieron asistiendo al Templo y tomando parte en esos sacrificios.
Sanders, en su obra “Jesús y el judaísmo” estudia detenidamente este hecho y ve en la acción de Jesús un significado simbólico.
Jesús predice que el Templo va a ser destruido. Sanders cree que el vaticinio de Jesús no se refiere a una destrucción militar por parte de un ejército extranjero, como realmente ocurrió. La profecía de Jesús era pública, conocida por todos y había sido acompañada por el gesto simbólico de la expulsión de los cambistas y el vuelco de las del Templo.
En Marcos dicha profecía aparece explícita: “No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida” (Mc 13, 2) dice Jesús, cuando al salir del Templo uno de los discípulos muestra su admiración ante tan magnifica obra.
En el juicio de Jesús aparecen unos testigos que dicen haberle oído a Jesús la afirmación de que destruiría el Templo (Cf. Mc 14, 58) y los que estaban al pie de la cruz se hacen eco de que Jesús había hablado sobre la futura destrucción y reedificación del Templo (Mc 15, 29).
Según Sanders, la verdadera intención de Jesús era anunciar que el fin estaba cercano y que Dios iba a construir un Templo nuevo y perfecto. Por eso, en espera de esa restauración, Jesús respeta el Templo y lo hace respetar a sus seguidores.
Pero los comentarios sobre el Templo tendrían un determinado alcance en la intención de Jesús, otro distinto en el de la gente de su época y otros sentidos distintos en las distintas comunidades cristianas que escriben los Evangelios.
Entre los judíos de la época de Jesús es claro que se interpretó que el dicho era una amenaza y eso contribuyó a que viesen a Jesús como a un revolucionario potencialmente peligroso.
En la mente de Jesús probablemente su vaticinio hay que entenderlo desde la esperanza judía de que las nuevas realidades traerían consigo un Templo nuevo, porque Israel estaba siendo restaurado desde sus cimientos.
Los cristianos de épocas posteriores hemos interpretado que al hablar del Templo nuevo se refería al cuerpo resucitado de Cristo.
El estudio de estas acciones y dichos de Jesús sobre el Templo nos lleva a concluir que es falso que Jesús amenazase con destruir el Templo personalmente, pero sus dichos y acciones bien pudieron llevar a algunos a interpretarlos como una amenaza.
Así opina Sanders que dice, “En cualquier caso la causa inmediata de la muerte de Jesús fue lo acontecido en el Templo; este hecho fue sin duda alguna lo que convenció a los dirigentes del judaísmo de que no se debía permitir que este galileo, que era ya posiblemente una presencia irritante, creara conflictos posteriores.”