La conversión de San Pablo

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Un día como hoy del año 1959, patient el Beato Juan XXIII, discount comunicó su intención de convocar un Concilio ecuménico, site que efectivamente se convocó oficialmente tres años más tarde, el 25 de diciembre de 1961, mediante la Constitución apostólica Humanae salutis.
Pero más allá de esta efeméride que acaba de cumplir medio siglo, o de la conclusión de la Semana para la unidad de los cristianos, que cumple hoy 104 años, en este día celebramos la festividad de la Conversión de San Pablo.
Esta festividad, que no es compartida por las Iglesias orientales, procede al menos del siglo V, porque aparece en el Martyrologium Hieronymianum procedente de oriente y traducido al latín poco después del año 431.
Al igual que con San Juan Bautista, que la iglesia celebra, como excepción, su fiesta en el día de su nacimiento, en el caso de San Pablo hay también una excepción, existen dos celebraciones, una festividad para conmemorar su conversión y otra, conjuntamente con San Pedro, el 29 de junio, para celebrar su paso al Cielo. Excepciones para hombres excepcionales.
Hablar de San Pablo en unas pocas líneas es pretensión vana, puesto que no llegaríamos ni a esbozar la enormidad de su figura en los cientos de palabras de este comentario.
Su biografía, en términos generales, es conocida, sobre todo para aquellos que acostumbran a leer el Nuevo Testamento, donde encontramos catorce de sus cartas, de las cuales, al menos siete está documentado que fueron escritas por él y en las que además de datos personales, como “circuncidado al octavo día, de la raza de Israel, de la tribu de Benjamin, hebreo, hijo de hebreos, y según la Ley fariseo” (Flp 3, 5), encontramos sus planteamientos cristianos. Y también los que conocen los Hechos de los Apóstoles, donde se da cuenta de su labor apostólica.
La parte más extensa de los Hechos está dedicada a los viajes, trabajos y triunfos de Pablo (Caps. 13-28), hasta su primer cautiverio en Roma.
En los Hechos de Pablo, una obra no canónica escrita a finales del siglo II, se describe el martirio de San Pablo del que sabemos, por la tradición, que tuvo lugar en las Acquae Salviae, en la vía Laurentina y que su sepultura tuvo lugar no sólo “fuera de la ciudad…, en la segunda milla de la vía Ostiense”, sino más precisamente “en la hacienda de Lucina”, lugar próximo a donde actualmente se encuentra ubicada la basílica de San Pablo extramuros.
El martirio tuvo lugar hacia el fin del reinado de Nerón, y de acuerdo con la opinión más común, Pablo sufrió el martirio el mismo día del mismo año que Pedro; pero algunos padres latinos sostienen que fue el mismo día pero no del mismo año.
La conversión de Pablo se relata en los Hechos en tres pasajes diferentes. Lucas en el capitulo 9, narra de una forma concisa como se produjo el hecho extraordinario que tiene como sujeto pasivo a Saulo, más tarde en los capítulos 22 y 26 pone en boca de Pablo una nueva descripción de los hechos añadiendo más detalles. El propio San Pablo hace mención al hecho de su conversión cuando en la carta a los Gálatas la califica, como revelación de Jesucristo.
Aunque los textos no lo digan de forma expresa, claramente se deduce que Pablo ve a Jesucristo, “Pero levántate y ponte en pie, pues para esto me he dejado ver de ti…” (Hch 26, 16). El mismo lo dice en su carta a los Corintios “… ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús, Señor nuestro?…” (I Cor 9, 1); y un poco más adelante, “y después de todos, como a un aborto, se me apareció también a mí” (I Cor 15, 8).
Aquel encuentro con Jesús, que le aconteció cerca de Damasco en el año 35, supuso tal transformación en su vida, que unos años más tarde llegaría a decir que “ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi” (Gal 2, 20).
Lo que de forma general denominamos “conversión”, no expresa lo que ahora entendemos con esa palabra, pues Pablo ya era un creyente, como él mismo dice “instruido con toda exactitud en la ley de nuestros antepasados, a los pies de Gamaliel, entusiasta de Dios como todos vosotros lo sois actualmente” (Hch 22, 3). Pablo le da un significado mas profundo al hecho extraordinario de Damasco, él utiliza otros términos, como vocación “me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciara entre los gentiles” (Gal 1, 15-16) y revelación, como les dice a los Gálatas “Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gal 1, 11-12)
La contribución de mayor transcendencia para el cristianismo que hizo Pablo, fue la transformación de un mensaje típicamente judaico a conceptos helenistas, transformando un mensaje localista en un anuncio de salvación universal.
Una llamada universal a la santidad que es renovada por el Concilio Vaticano II cuando en la constitución Lumen gentium dice, “Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (11) y que ya desde los años 30, venia predicando San Josemaría, el fundador del Opus Dei.
Para terminar, me gustaría hacerlo recordando algo que muchas veces olvidamos y que se pone de manifiesto claramente en la vocación de San Pablo, un termino más ajustado para describir lo que le paso, la iniciativa en el amor parte de Dios, nosotros solamente amamos en agradecimiento a que Él fue el primero o diciéndolo con palabras de San Pablo “él nos eligió, antes de la creación del mundo, para que por el amor fuéramos consagrados e irreprochables en su presencia” (Ef 1, 4).