La Epifanía del Señor

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Después de que mañana se celebre la Festividad del Bautismo del Señor se concluye el tiempo de Navidad y comienza lo que litúrgicamente se denomina “tiempo ordinario”.
La información anterior puede sorprender a algunos que piensan que la Navidad ya la dejamos atrás hace algunas semanas. Y es verdad si solo se piensa en el día de Navidad, treat pero litúrgicamente a la Navidad le sigue su Octava y la Fiesta de la Epifanía, con su semana antes y después. La Iglesia celebra la Epifanía a los doce días de la Navidad
Dejando al margen estas aclaraciones que cualquier católico puede conocer yendo a Misa y prestando un poco de atención, me gustaría ocupar esta entrada hablando de la Festividad de la Epifanía.
En España, dada la importancia que se le da popularmente a una de las epifanías del Señor, los Reyes Magos, muchas veces no se conoce el contenido teológico de esta celebración.
Epifanía es una palabra de procedencia griega que significa “mostrarse” o “aparecer” y en el contexto que la estamos utilizando, el vocablo hace referencia, además de a la adoración de los Reyes Magos, que nos relata Mateo 2, 1-12, a la primera manifestación de la divinidad de Jesús a los no judíos, pues como dice la oración colecta de la Misa de ese día, “que por medio de una estrella diste a conocer en este día a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo…”.
La Iglesia celebra como epifanía, es decir, situaciones en las que Jesús se da a conocer, tres momentos concretos de su vida: la que acabamos de comentar, su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán (Jn 1, 29) y a sus discípulos y comienzo de su vida pública con el milagro en Caná (Jn 2, 1-11).
La tradición popular, sobretodo en nuestro país, ha considerado la Epifanía como “la fiesta de los Reyes” sin embargo, no es exactamente así como la Iglesia la contempla, la Epifanía, junto con la Navidad son fiestas que celebran el misterio de la manifestación del Señor sin centrarse en un hecho o episodio concreto.
Realmente las dos fiestas Navidad y Epifanía surgen en la Iglesia como dos fiestas idénticas. En Occidente se celebraba la Navidad y en Oriente la Epifanía, pero ambas fiestas tenían un mismo contenido: la celebración del nacimiento del Señor.
La Epifanía, probablemente, comenzó a celebrarse en Egipto. De allí pasó a otras iglesias de Oriente, y posteriormente fue traída a Occidente, primero a la Galia, más tarde a Roma y al norte de África.
La aparición de esta fiesta al principio del siglo IV coincidió aproximadamente con la institución de la navidad en Roma. Durante este siglo tuvo lugar un proceso en el que las iglesias occidentales adoptaban la fiesta de la epifanía y las orientales, con algunas excepciones, no tardaron mucho en introducir la fiesta de navidad.
Con la introducción de la epifanía en Roma y en otras iglesias de Occidente, el significado de la fiesta experimentó un cambio, el episodio de los magos que nos narra Mateo se convirtió en el tema principal de la fiesta. Se atribuyó un simbolismo profundo al relato evangélico. Representaba la vocación de los gentiles a la Iglesia de Cristo.
Los grandes padres latinos, san Agustín, san León, san Gregorio estudiaron con gran interés la teología que subyace en el relato evangélico, llegando a la misma conclusión: los sabios de Oriente representan a las naciones del mundo.
Con esta interpretación de epifanía, la fiesta toma un carácter más universal. Amplía nuestro campo de visión, abre nuevos horizontes. Dios deja de manifestarse sólo a una raza, a un pueblo privilegiado, y se da a conocer a todo el mundo. La buena nueva de la salvación es comunicada a todos los hombres.
El pueblo de Dios se compone ahora de hombres y mujeres de toda tribu, nación y lengua. La raza humana forma una sola familia, pues el amor de Dios abraza a todos.