La muerte de Jesús (1)

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En el Antiguo Testamento se incluyen, viagra al menos, pilule treinta y seis ofensas cuyo castigo era la pena de muerte; la forma de llevarla a cabo era mediante lapidación, drugstore hoguera, degüello o estrangulamiento, pero nunca se habla de crucifixión en el sentido que se utilizó con Jesús.
En el Deuteronomio se dice “Si un hombre, culpable de un crimen que merece la pena de muerte, es ejecutado y colgado de un árbol, su cadáver no quedará en el árbol durante la noche, sino que lo enterrarás ese mismo día, porque el que está colgado de un árbol es una maldición de Dios. Y tú no mancharás el suelo que el Señor, tu Dios, te da como herencia” (Dt 21, 22-23).
Es decir, el texto habla de colgar al culpable en un árbol después de muerto. Hay una importante excepción y se refiere a la muerte de 800 fariseos, crucificados por Alejandro Janeo en el año 267 a. C.
Si nos centramos en la época de Jesús, la crucifixión era repudiada por los judíos, porque los romanos hicieron un amplio uso de ella como medio de pacificación de Palestina, siendo, por tanto, un recuerdo de la falta de autonomía de su pueblo.
La crucifixión fue una practica que los romanos llevaron consigo a Palestina, que a su vez ellos habían copiado de otras culturas y que utilizaban solamente con los extranjeros, un ciudadano romano no podía ser crucificado a menos que se tratara del caso de soldados desertores.
Era uno de los métodos de ejecución cruel y degradante que no solamente buscaba la muerte del condenado, sino que se produjera de forma lenta, con gran dolor y sufrimiento. En la Epístola 101 de Séneca, el filósofo comenta que es preferible el suicidio al cruel destino de ser colgado de una cruz.
Parece ser que no es conocida la procedencia exacta de este tipo de ejecución, pero se sabe que fue utilizada en Egipto, Asiria, Persia y Cartago. Los romanos la copiaron de Alejandro Magno, del que se sabe que crucificó a 2.000 supervivientes del asedio de la ciudad de Tiro.
Inicialmente los ajusticiados eran colgados de un solo madero (“estipite”), los griegos y los romanos añadieron un madero trasversal (“patibulum”) configurándose la cruz en la forma que conocemos, los griegos utilizaban la palabra “stauros” para referirse a la cruz y así aparece en el Nuevo Testamento junto con la palabra “xulon” que se refería más exactamente al material, equivale a nuestra expresión genérica madero.
Habitualmente el reo llevaba a cuestas solamente el “patibulum”, que solía tener un peso aproximado de entre unos 35 y 60 kilos, puesto que en el lugar del ajusticiamiento ya estaban clavados los maderos verticales.
El instrumento de tortura se completaba con el “titulus” letrero donde se ponía el nombre y crimen del reo y el “sedile” un tronco de madera que se fijaba a la mitad del “estipite” que servia como asiento del ajusticiado y que tenia como objeto prolongar la muerte.
La forma de fijar al condenado a la cruz podía ser amarrándolo simplemente a ella o clavando sus pies y manos, se sabe que los romanos preferían este segundo método. Se han encontrado restos arqueológicos, que mas tarde detallaremos, que nos indican que estos clavos eran de sección cuadrada, de un centímetro y de una longitud de alrededor de 12 centímetros.
Habitualmente, la crucifixión era el final de un largo proceso que comenzaba con la flagelación del condenado.
Aunque el proceso que aquí nos interesa comenzó, en sus manifestaciones físicas, algo antes en el huerto de Getsemaní, al otro lado del torrente Cedrón, donde Jesús, como era costumbre entre ellos, se había retirado con sus discípulos para orar y ante los acontecimientos que se avecinaban “le vino un sudor como de gotas de sangre que caían hasta el suelo” (Lc 22, 44).
Es el médico Lucas el único de los evangelistas que narra este suceso, que a pesar de ser un fenómeno muy raro está perfectamente documentado por la literatura médica.
El sudor sangriento se conoce con el nombre de hematidrosis o hemohidrosis y durante el pasado siglo XX se estudiaron y clasificaron 76 casos, determinándose que las causas que los produjeron fueron miedo intenso y estrés emocionales. En la hematidrosis generalmente la pérdida de sangre es muy pequeña y no hay que confundirla con la cromidrosis o la mas conocida estigmatización, de la que se conocen casos tan conocidos como los soportados por San Francisco de Asís, Ana Catalina Emmerich, Luisa Lateau, Teresa Neumann, Eleonora Zügum, Pío de Pietrelcina, etc. y que tiene su manifestación en sangre que brota de las manos u otras partes del cuerpo.