La muerte de Jesús (2)

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La flagelación era el comienzo del proceso del castigo que llevaba al reo a la muerte. En el caso de Jesús hay que destacar que fue especialmente dramática. Dado el tipo de vida que llevaba Jesús se supone que era una persona sana y de buena salud, sovaldi pero el tiempo que transcurrió desde que fue prendido, sovaldi los mas de cuatro kilómetros que tuvo que andar desde un lugar a otro, try la gran tensión emocional y la soledad por el abandono de sus discípulos, le debieron influir física y emocionalmente.
La flagelación se realizaba con un azote (“flagellum”), desnudando al reo y atándolo por las manos a un poste, golpeaban la espalda, nalgas y piernas del condenado. El azote estaba formado por tiras de cuero a las que se le ataba en toda su longitud bolitas de hierro o trozos de huesos de oveja.
La ley judía limitaba el número de azotes a treinta y nueve, pero no se sabe cuantos y de cuanta intensidad padeció Jesús, pues el fin de la flagelación era debilitar al reo llegando a colocarlo en un estado próximo a la muerte. Pablo en su segunda carta a los Corintios cuenta como en cinco ocasiones había recibido estos azotes. “Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno” (II Cor 11, 24).
Los efectos físicos de la flagelación eran destructores, las bolas del azote causaban inicialmente profundas contusiones y posteriormente desgarraban la piel y el tejido subcutáneo. Con la reiteración del tormento, los golpes cortaban los músculos, desgarrando la carne. El dolor producido y la perdida de sangre llevaban a la victima a un shock circulatorio, es decir, una situación potencialmente mortal que se presenta cuando el cuerpo no está recibiendo un flujo de sangre suficiente, lo cual puede causar daños en múltiples órganos. Los verdugos sabían por la intensidad de la tortura y por la pérdida de sangre cuanto tiempo sobreviviría el condenado en la cruz.
Después de la flagelación los soldados solían burlarse de la victima, en el caso de Jesús le colocaron una corona de espinas “Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con un manto de púrpura (Jn 19, 2).
Colocándole el patíbulo sobre su nuca, balanceándose sobre sus hombros, Jesús fue obligado a encaminarse hasta el lugar de la ejecución, el Calvario, que distaba unos 600 metros del Pretorio.
La extrema debilidad de Jesús se pone de manifiesto en la necesidad de ser ayudado por uno de los que pasaba por allí que venia del campo, “cuando le llevaban echaron mano de un tal Simon de Cirene y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús” (Lc 23, 26).
La tradición habla de tres caídas durante su camino al Calvario, fruto del peso de la cruz y de la extrema debilidad. Las caídas le producirían arañazos superficiales y excoriaciones (arañazos profundos con sangre) en las palmas de las manos y en las rodillas.
“Y le dieron a beber vino mezclado con hiel; y, una vez probado, no quiso beber” (Mt 27, 34). Parece ser que esta bebida tenía un efecto analgésico y se la ofrecían a los condenados con el fin de mitigar los dolores de la próxima etapa de la crucifixión, el colgarlo del madero.
Tanto la tradición como las Escrituras dicen que Jesús fue clavado en la cruz con clavos, “Mirad mis manos y mis pies…” (Lc 24, 39), aunque surge una pregunta, fueron tres los clavos, como habitualmente se muestra en la iconografía cristiana, o realmente cuatro. Lo más probable es que fueran cuatro clavos, es decir que los pies fueron clavados por separado, San Cipriano que presenció muchas crucifixiones habla en plural de los clavos que atravesaron los pies. San Agustín menciona expresamente los cuatro clavos que se utilizaron para clavar a Jesús.
Pero aun queda por determinar donde fueron colocados los clavos. Con relación a las manos, la misma iconografía cristiana muestra que los clavos atravesaron las palmas de las manos. No existe unanimidad a este respecto, puesto que muchos expertos opinan que por el peso del cuerpo las manos se desgarrarían rápidamente, al no tener los clavos un soporte óseo suficientemente resistente. Por el contrario, se ha demostrado que los ligamentos y huesos de la muñeca pueden soportar el peso de un cuerpo colgando de ellos. Por ello, parece probable que Jesús fue clavado introduciéndole los clavos en las muñecas.