La muerte de Jesús (y 3)

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Para determinar como fueron fijados los pies de Jesús a la cruz, cialis vamos primero a comentar los descubrimientos arqueológicos de Giv‘at ha-Mitvar en las afueras de Jerusalén.
En 1968 el Dr. Vassilios Tzaferis estaba realizando unas excavaciones en el monte Scopus cuando encontró varias tumbas con osarios del siglo I.  Uno de los osarios contenía los restos de un hombre joven de unos veinticinco años y de 1,67 mts. de estatura y que por la inscripción en hebreo que tenía el osario se llamaba Yehohanan ben Hagakol (Juan hijo de Ezequiel), los restos fueron examinados por la Hadassah Medical School de Jerusalén.
La importancia de este descubrimiento es muy grande, fundamentalmente por dos razones, a pesar de la gran cantidad de crucifixiones que los romanos realizaron en Palestina no se tenían evidencias físicas de ningún crucificado hasta ese momento y la segunda porque mostraba como había sido crucificado esa persona. Existe una tercera razón, no relacionada con el tema que estamos tratando, pero que es muy importante de cara a la Resurrección de Jesús, la existencia de este enterramiento elimina la posibilidad expresada por algunos autores, de que los cadáveres de los crucificados eran dejados a la intemperie pasto de los animales.
La evidencia de que había sido crucificado aun estaba allí, clavado en el hueso del talón se encontraba clavo de unos 11,5 cm. que posiblemente no pudieron quitarle cuando lo bajaron de la cruz, entre la cabeza del clavo y el hueso encontraron un trozo de madera de olivo, lo cual permite conocer que la cruz en que lo ajusticiaron era de madera de olivo.
A pesar de las afirmaciones publicadas por el forense en un articulo en 1970 que ambas piernas estaban clavadas con un solo clavo, la revisión realizada por Zias y Seketes en 1985 demostraron que había habido varios errores en el informe anterior, el clavo, que inicialmente se dijo tenia una longitud entre 17 y 18 cm. tenia realmente 11,5, lo cual hacia imposible que un solo clavo pudiera clavar los dos pies. El otro error detectado fue que no había evidencias de heridas traumáticas en los brazos.
De lo anterior se deduce que a esta persona le ataron los brazos al patíbulo y clavaron sus pies por los talones a la parte exterior del madero. Obviamente no se puede sacar una conclusión de un solo caso y los especialistas no se ponen de acuerdo en determinar la forma que el condenado era fijado a la cruz. Algunos estudiosos argumentan que la crucifixión era una muerte no sangrienta porque las victimas eran atadas a la cruz.
Sin embargo Martin Mengel, uno de los mayores estudiosos de la crucifixión, opina junto con Hewitt que la regla era clavar al crucificado de pies y manos y que amarrarlo a la cruz era una excepción.
Joe Zias tiene un punto de vista diferente indicando que la forma era cuestión de oportunidad, comentando que en el caso de los 6.000 seguidores de Espartaco crucificados a lo largo de la Via Apia en el año 71 a. C., los romanos debieron de utilizar un método eficiente y rápido y este seria colgar directamente a la victima de un árbol o una cruz con sus brazos extendidos por encima de la cabeza, a la cual le sobrevendría la muerte en poco tiempo si los pies no estaban clavados o atados.
Bajo el punto de vista médico no se pueden constatar en Jesús lesiones mortales, es decir, aquellas que son causa inmediata de muerte por haber sido afectado un órgano o una función vital, desgraciadamente la muerte le sobrevino como consecuencia de una larga y penosa agonía.
Todos los acontecimientos que concluyeron en su muerte en la cruz se iniciaron a las nueve de la noche del día anterior y terminaron a las tres de la tarde, es decir una duración total de dieciocho horas, en las que el reo no ingirió ningún tipo de alimento o líquido. Durante esa noche padeció una tensión emocional que ya hemos descrito. Los castigos físicos comenzaron a las siete de la mañana del día de su muerte y tuvieron una duración de ocho horas y una intensidad especial.
Es decir, en el momento que se comienza la parte final de la ejecución nos encontramos con una persona que padece un cuadro de shock circulatorio, que además, como consecuencia de los golpes recibidos en los mismos lugares de su cuerpo, tendría un síndrome de aplastamiento que genera la liberación de sustancias al interior de la sangre, entre ellas mioglobina procedente de los músculos, que provoca alteraciones en los procesos renales de filtración.
Las lesiones producidas por los clavos en ambas manos (zona carpiana) y en los pies, añadieron una componente adicional dolorosa, el clavo en la muñeca pudo afectarle al nervio sensorial motor produciéndole tremendas descargas de dolor en ambos brazos y fuertes contracciones isquémicas (falta de riego sanguíneo) en las manos.
A Jesús lo colgaron en la cruz. En una postura en la que el cuerpo cuelga literalmente de las extremidades superiores produciéndose una tensión que se transmite al tórax y a sus músculos y que crea disfuncionalidades como la de dificultar los movimientos respiratorios. Esta reducción de la movilidad en el tórax se traduce en respiraciones superficiales que originan una falta de oxigenación de la sangre, por no respirar adecuadamente, que genera en ésta un exceso de dióxido de carbono.
Esta posición en la cruz, además hace difícil la llegada de oxígeno al cerebro, ya que la sangre tiende a acumularse en las partes inferiores del organismo (por efecto de la gravedad), sobre todo cuando el corazón funciona débilmente, por lo que la oxigenación del órgano que más lo necesita, el cerebro o sistema nervioso central, es deficiente.
Las graves lesiones traumáticas en el tórax bien pudieron producir una irritación de las membranas que rodean los pulmones (pleuras), ocasionando una pleuritis con una acumulación de líquido llamado exudado en el espacio inter pleural. Esto puede explicar perfectamente por qué salió “sangre y agua” al atravesar con su lanza [unos de los soldados] el costado: sangre de las lesiones propias de las arterias y venas de la zona, y “agua” que sería el exudado acumulado entre las pleuras.
Los diversos estudios médicos que se han venido haciendo en los últimos años, determinan que la causa inmediata de la muerte de Jesús fue una insuficiencia cardiaca, producida por una carencia respiratoria mecánica adecuada, unida a una disminución del volumen de sangre y por una reducción, y posterior ausencia total, de la concentración de oxígeno en la sangre.