La Virgen de agosto

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Desde el siglo VII en Roma y en Oriente, see desde el siglo VI, treat hoy 15 de agosto, se celebra canónicamente la Asunción de la Virgen.
En España el día de hoy es popularmente conocido como el de la Virgen o el de la Virgen de agosto, por la cantidad de lugares de la geografía hispánica donde se celebra la festividad de la Virgen en sus más diversas advocaciones.
El Papa Pío XII, teniendo en cuenta la tradición de la Iglesia, declaró como dogma la solemnidad que hoy celebramos.
En nuestro país, al igual que ocurrió con el dogma de la Inmaculada Concepción (8 diciembre de 1854), desde siempre se ha celebrado la Asunción con independencia de que la Iglesia la declarase dogma.
Una prueba de esta afirmación la tenemos en la profusión de lugares donde se adoptó este nombre para denominar nuevas ciudades.
La actual Baracoa, una ciudad situada en la provincia de Guantánamo (Cuba) fue fundada el 15 de agosto de 1511 con el nombre de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa por el primer gobernador de Cuba Diego Velázquez de Cuellar. En 1518 recibió el nombramiento de ciudad. Fue la primera capital y el primer obispado de la Isla. En esta ciudad se conserva dentro de una vitrina la Cruz de la Parra, única cruz que se conserva de las veintinueve que fueron plantadas por Cristóbal Colón en América.
También un 15 de agosto, pero de ocho años más tarde, Pedro Arias Dávila, fundo en Panamá otra ciudad con el nombre de Nuestra Señora de la Asunción.
Un tercer ejemplo de cómo la Asunción de la Virgen fue utilizada para dar nombres a nuevas ciudades lo tenemos en Paraguay. El nombre oficial de la capital del país es Nuestra Señora de la Asunción, como se indica en el acta de fundación, fechada el 16 de setiembre de 1541, momento en que su Cabildo fue instituido por el teniente de gobernador Domingo Martínez de Irala. Con este acto se elevó a la categoría de ciudad lo que hasta entonces era un fuerte militar, erigido con el mismo nombre el 15 de agosto de 1537 por el Adelantado del Río de la Plata, Juan de Salazar de Espinosa.
Hablar de la Asunción de la Santísima Virgen nos lleva a preguntarnos sí María, la madre de Jesús, murió. Algunas personas, conocedoras de la Asunción de la Virgen, asocian este hecho extraordinario con la idea de que la Virgen no murió.
Los católicos tenemos la obligación de creer que la Virgen María subió a los cielos en cuerpo y alma, el Papa Pío XII en 1950, declaró en la bula Munificentissimus Deus el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo, el Catecismo de la Iglesia Católica (Punto 996) aclara qué significa la Asunción de la Virgen, “Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del Cielo y elevada al Trono del Señor como Reina del Universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte”.
Y el Papa Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre la Asunción, lo explicaba de la siguiente forma, “El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio”.
La explicación del Catecismo no dice nada respecto a su muerte, al utilizar la expresión “terminado el curso de su vida en la tierra“, porque Pío XII cuando declaró el Dogma no hizo mención a si la Virgen murió, solamente manifestó que “fue llevada a la gloria del Cielo”; sin embargo, el Papa Juan Pablo II habla expresamente de que murió. Es más, en la misma intervención referida anteriormente aclara, “Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en este caso la muerte pudo concebirse como una “dormición”.
La opinión generalizada, basada en las más antiguas tradiciones es que la Virgen vivió en Jerusalén en los últimos años de su vida, aunque a finales del siglo XIX al descubrirse cerca de Éfeso las ruinas de una capilla que en la antigüedad llevaba el nombre de “Puerta de la Toda Santa”, posiblemente dedicada a la Virgen, se empezó a especular que la Virgen murió en Éfeso (Turquía). No ha progresado esta suposición que haría que la Virgen hubiese muerto a una edad mucho mas avanzada de lo que la Tradición de los Padres de la Iglesia señala para el final de los días de María en la tierra, que estiman fue entre los 63 y los 69 años.
Sabemos que María tendría unos quince años cuando dio a luz a Jesús y alrededor de 48 cuando Jesús murió en la cruz, lo cual quiere decir que si hubiese ido con Juan a Éfeso (año 67) habría tenido más de 82 años, si a esa edad se le tienen que añadir los años que pasara en Éfeso, se concluiría que María habría muerto casi con 90 años de edad.
Según la tradición cristiana, sobre todo a partir del siglo II, la opinión abrumadora es que María murió, pero no lo expresaban con estas palabras, a partir del siglo IV se tienen documentos en los que se habla de la Asunción de María y para referirse a su muerte utilizan la expresiones tránsito o “dormición”, como queriendo indicar que la muerte de María no había sido como la de todos los demás hombres, sino que había tenido algo de particular.
Santiago de Sarug († 521), San Modesto de Jerusalén († 634) y San Juan Damasceno († 704), hablan de la “dormición” de la Virgen y de su Asunción, y desde la más remota antigüedad, la liturgia oficial de la Iglesia recogió la doctrina de la muerte de María, como lo demuestran las antiquísimas liturgias de todas las Iglesias que tienen, al menos desde el siglo IV, establecida la Fiesta de la Dormición de María.
En el siglo IV se levantó La Basílica de Sión que estaba ubicada al noreste del Santo Cenáculo y que en 1551 se transformó en la mezquita de Nebi-Daud.
En el año 1898, el Sultán con ocasión del viaje que realizó el destronado Guillermo II a Jerusalén le cedió los terrenos, que al káiser entregó a su vez a los católicos de la ciudad; fundándose en el lugar un monasterio de benedictinos y erigiéndose la Basílica de la Dormición, que fue consagrada en 1910.
Aunque actualmente la Basílica de la Dormición y el Cenáculo son dos edificios totalmente separados, no era así en los primeros años del cristianismo.
La tradición dice que la Virgen María murió en el Cenáculo y fue enterrada en el Monte de Getsemaní, existen además textos apócrifos como “Las Actas de San Juan” (año 160-170), atribuidas falsamente a San Prócoro, -uno de los siete primeros Diáconos, discípulo de San Juan- y otras dos obras atribuidas también falsamente a San Ignacio mártir (año 365) que señalan que María vivió en el Monte Sión.
En la liturgia romana actual no se le da tanta relevancia a la “dormición” de la Virgen a diferencia de otras Iglesias ortodoxas, como la búlgara en la que por ejemplo la gran catedral de Vana esta dedicada a “La Dormición de la Theotokos (Madre de Dios)”.
Vemos pues que en todas las iglesias cristianas se conserva la tradición de la dormición de la Santísima Virgen, con la particularidad de que la iglesia católica, con independencia de la larga tradición existente, no se creyó oportuno, con ocasión de la declaración dogmática de Pío XII sobre la Asunción a los Cielos presentar también como verdad dogmática la muerte de la Madre de Dios.