Las fiestas que inician noviembre

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Debido quizás a su proximidad, check la piedad popular ha unido el culto a los santos y el recuerdo de los difuntos, case es decir, la solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de Todos los Difuntos, que la Iglesia celebra respectivamente el uno y dos de noviembre.
Bueno seria recordar el significado exacto de estas dos celebraciones, pues aunque en ambas se reza a y por los que nos han precedido y en ambos días se renueva la esperanza de la vida eterna, latiendo en las dos una misma fe eclesial, últimamente se han puesto de moda costumbres ajenas a la tradición católica.
No es algo nuevo pues, por ejemplo, en algunas regiones del sur de España, en Cádiz concretamente, estos días se transformaron en la Fiesta de Tosantos, dándole un carácter lúdico a unos días en que inevitablemente se recuerdan lo que en teología se denomina los Novísimos, lo que ocurre después de la muerte. Aunque también allí va ganando terreno Halloween.
La Iglesia desde sus inicios ha dado culto a los Santos, la primera referencia que se tiene es del culto a los mártires en una carta que la Iglesia de Esmirna envía a la comunidad cristiana de Filomelio en el año 156. En ella además de describir el martirio de su Obispo Policarpo, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, celebrando su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía.
En la carta citada se dice, “De este modo pudimos nosotros más tarde recoger los huesos del mártir, más preciosos que piedras de valor y más estimados que oro puro, los que depositamos en lugar conveniente. Allí, según nos fuere posible, reunidos en júbilo y alegría, nos concederá el Señor celebrar el natalicio del martirio de Policarpo”.
La Iglesia celebra el “dies natalis”, literalmente día del nacimiento, es decir, el día del nacimiento al Cielo, puesto que para un cristiano, la muerte es el comienzo del nacimiento de la vida plena con Cristo en el Cielo, gozando eternamente de Dios.
Todos los días la Iglesia se encomienda a algún santo en concreto según se indica en el Martirologio Romano. En el se indican las celebraciones de toda la Iglesia que son concretadas en cada lugar por las Conferencias Episcopales.
La fiesta de Todos los Santos goza de una gran antigüedad, parece ser que nació de la decisión del Papa Bonifacio IV (550-615) de consagrar el 13 de Mayo del 609 o 610, el conocido “Panteón de Agripa”, en Roma, al culto de la Virgen y los mártires.
Este Panteón era un Templo romano, mandado a construir por Adriano sobre los cimientos del original construido por Agripa y destruido por un incendio.
De esta forma se comenzó una fiesta que conmemoraba a esos santos anónimos, desconocidos por la mayoría de la cristiandad, pero que su fe y obras los llevaron a gozar de visión beatifica de Dios en el Cielo.
El Papa Gregorio III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los santos y fijó el aniversario para el 1 de noviembre. Gregorio IV extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.
Aunque es verdad que desde la mas remota antigüedad los pueblos han dado culto a sus muertos e incluso en la actualidad quedan vestigios de esas conmemoraciones, como puede ser la celebración del Día de Muertos en México, los antecedentes cristianos de la festividad de los Difuntos hay que encontrarla en el Antiguo Testamento, en el segundo libro de los Macabeos, donde se dice “Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados” (2 Mac 12, 46).
Los primeros cristianos solían escribir de forma paralela, en un díptico, los nombres de los vivos y los difuntos por quienes se tenía que rezar.
En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En España en tiempos de san Isidoro († 636) había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua. San Isidoro manda en la Regla de los monjes que el día después de Pentecostés “se celebre el santo sacrificio por los espíritus de los difuntos, a fin de que, participando de la vida bienaventurada, reciban más puros sus cuerpos el día de la resurrección”.
La actual conmemoración de Todos los Difuntos se remonta a una disposición del santo abad Odilón de Cluny, que en el año 998 dispuso que en todos los monasterios de su jurisdicción se recordara a las almas del purgatorio para aliviarlas de sus penas y alcanzarles de Dios purificación e indulgencia. Odilón escogió precisamente el 2 de noviembre por su proximidad con la solemnidad de Todos los Santos.
En España nació la costumbre, confirmada por el papa Benedicto XIV en 1748, de celebrar tres misas el día 2 de noviembre. En 1915, el papa Benedicto XV extendió este privilegio a toda la Iglesia, hoy en día el Misal romano conserva los tres formularios de misas del día 2 de noviembre, y tan sólo dice que pueden elegirse a gusto del celebrante. Aunque, si lo desean, todos los sacerdotes pueden celebrar tres Misas; pero sólo se puede recibir un estipendio; la segunda se debe aplicar por el sufragio de todos los fieles difuntos, la tercera por las intenciones del Sumo Pontífice.
Así lo hizo Juan Pablo II cuando vino a España en 1982, se da la circunstancia que Karol Wojtyla fue ordenado el día de Todos los Santos del año 1946 y celebró su primera misa el día siguiente, el día de los Difuntos.
Visitar los cementerios estos días, además de una piadosa costumbre es un medio para ayudar a las almas del purgatorio, pues la Iglesia concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que visiten un cementerio (aunque sea mentalmente) y que oren por los difuntos.