Letanías Lauretanas (y 2)

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El precedente más próximo de las letanías lauretanas lo tenemos en un códice de finales del siglo XII localizado en la Biblioteca de Paris, view en el que se incluyen setenta y tres alabanzas, medical la mayor parte de ellas muy breves y con una gran similitud a las actuales.
Gerard G Meersseman, doctor en su obra Der Hymnos Akathistos im Abendland (El himno Akathistos en el Oeste) (1958), expone que durante su investigación descubrió un códice Procesional en Padua, del siglo XIV, que contiene unas letanías marianas, cuya estructura es casi idéntica a la del manuscrito de París.
Giuseppe M. Besutti, O.S.M. profesor y ex-bibliotecario de la Facultad Pontificia Teológica Mariana de Roma, afirma que en el Santuario de Loreto se rezaban las letanías desde el año 1531 todos los sábados durante la procesión.
Durante el pontificado de Sixto V fueron aprobadas las Letanías Lauretanas mediante la Bula Reddituri del 11 de julio de 1587, dirigida a los Carmelitas Descalzos y posteriormente con efectividad para toda la Iglesia latina por Clemente VIII con el decreto Quoniam multi del 6 de septiembre de 1601.
En 1750 los hermanos Joseph Sebastian y Johan Baptist Klauber elaboraron, bajo la inspiración teológica del P. Ulrich Probst, de la Compañía de Jesús, un bello libro de las Letanías Lauretanas integrado por 58 estampas que ilustran gráfica y simbólicamente cada una de las invocaciones a la Madre de Dios, a las que posteriormente le incluyó el texto Franz Xavier Dornn, predicador de Fridberg, siendo publicada en Augsburgo en 1758, con el titulo Litanie Lauretanae ad Beate Virginis Caelicae Reginae Mariae, que alcanzó gran difusión y fue el precedente de la existencia de las Letanías Lauretanas en castellano.
La difusión de este libro debió ser muy rápida, puesto que en España ya la encontramos traducido y publicado en 1763, con el titulo Letanía lauretana de la Virgen Santísima, por la imprenta de Nicolás Vázquez, en la calle Génova de Sevilla, manteniendo los grabados originales de los hermanos Klauber.
Con posterioridad se publicó en otros lugares, concretamente, en Valencia se edita en la imprenta de la viuda de Joseph Orta, en 1768. Esta obra de 130 paginas, 20 cms. x 13 cms., contiene 64 grabados por los hermanos Klauber y está dedicada a Doña Josefa Crespi, Marquesa de Peñafuerte.
Modernamente se ha realizado, por Editorial Rialp, una edición en facsímil en 1978.
Todos estos elogios con que se venera a la Santísima Virgen no tienen solamente el fin de alabar a nuestra Señora, además, las Letanías son una oración de petición, en la que nos encomendamos a su intercesión, por eso después de cada invocación se contesta: Ora pro nobis/Ruega por nosotros.
En el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia en su punto 203, dice, “Entre las formas de oración a la Virgen, recomendadas por el Magisterio, están las Letanías. Consisten en una prolongada serie de invocaciones dirigidas a la Virgen, que, al sucederse una a otra de manera uniforme, crean un flujo de oración caracterizado por una insistente alabanza-súplica”.
Añadiendo a continuación, “En los libros litúrgicos del Rito Romano hay dos formularios de letanías: Las Letanías lauretanas, por las que los Romanos Pontífices han mostrado siempre su estima; las Letanías para el rito de coronación de una imagen de la Virgen María, que en algunas ocasiones pueden constituir una alternativa válida al formulario lauretano”.
Las letanías a que hace referencia el párrafo anterior son las publicadas el 25 de marzo de 1981 en el nuevo libro litúrgico, el Rito de Coronación de las imágenes de la Virgen María (Ordo coronandi imaginem Beata Mariae Virginis), inspiradas en la constitución “Lumen Gentium” del Vaticano II y en la exhortación apostólica de febrero 1974, “Marialis Cultus” de Pablo VI.
Finalmente comentar que las Letanías son un acto de culto por sí mismas, cuando el Papa León XIII prescribió concluir, durante el mes de Octubre, la recitación del Rosario con el canto de las Letanías lauretanas, se creó en muchos fieles la convicción errónea de que las Letanías eran como una especie de apéndice del Rosario.
Como dice Directorio citado, las Letanías “pueden ser el elemento fundamental de un homenaje a la Virgen, pueden ser un canto procesional, formar parte de una celebración de la Palabra de Dios o de otras estructuras cultuales”.