¿Los hermanos de Jesús?

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El evangelio correspondiente al domingo de la catorce semana del tiempo ordinario nos habla de los hermanos de Jesús, el celebrante los ha mencionado, pero ha zanjado el asunto diciendo que nosotros creemos en la virginidad de María.
Así es. La Iglesia Católica sostiene la doctrina de la virginidad perpetua de María Santísima. Esto significa que ella fue siempre virgen: antes, durante y después de dar a luz a Jesús. La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, se fundamenta en una correcta interpretación de la Revelación, considerando la Biblia y la Tradición Apostólica.
Concretamente en el punto 499 del Catecismo de la Iglesia Católica se dice, “La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo “lejos de disminuir consagró la integridad virginal” de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la “Aeipartheno”’, la siempre virgen.”
No obstante, no esta demás hablar un poco sobre lo que mencionan Marcos y Mateo en sus evangelios.
San Marcos dice, que los hermanos de Jesús eran Santiago, José, Judas y Simón y que también tenía hermanas. “¿No es éste el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” (Mc 6, 3) y también en Mateo (Mt 13, 55-56).
Parece que existiría una contradicción entre lo que enseña la Iglesia y lo que dicen los Evangelios e indudablemente no puede ser así. Será, por tanto, necesario profundizar un poco en este tema.
Una postura sería aceptar la existencia de hermanos y hermanas de Jesús, lo cual implicaría que la virginidad de María no existió o que dejo de existir en el momento del nacimiento de Jesús, sí este fue el primer hijo.
Ningún cristiano pone en duda que la concepción virginal de Jesús es al mismo tiempo un dato fundamental de la Revelación y una señal rica en consecuencias para nuestra vida, tal y como la desarrollaron los Padres de la Iglesia, para quienes la Madre de Dios no podía más que ser virgen y sólo una virgen podía ser la Madre de Dios.
El tema de la Virginidad de María está íntimamente unido a su maternidad divina, la Iglesia Católica en el Concilio de Éfeso del año 431, siendo Papa San Clemente I (422-432), declara; “Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema”. En los concilios de Calcedonia y los de Constantinopla también se proclamó que María es Madre de Dios. En tiempos modernos la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II hace referencia del dogma de esta forma: “Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades”.
Es decir no hay ninguna duda en la Iglesia Católica (ni en la Ortodoxa aunque no la hayamos mencionado) que cuando se habla de la Virginidad de María se está hablando de la Virginidad Perpetua, es decir que fue Virgen antes, durante y perpetuamente después del parto.
El Concilio no lo menciona, pero existe la prueba documental de que desde la antigüedad los cristianos alababan a María como Madre de Dios. En Oxirrinco, en el año 1917, se descubrió un fragmento de papiro que fue datado en el siglo III por el papirólogo inglés Edgar Lobel (1889-1982). El papiro contiene la mas antigua oración conocida a Nuestra Señora, que comienza en latín “Sub tuum praesidium…” y que seguimos rezando en la actualidad. En ella se menciona a María como Madre de Dios y hace además alusión a su pureza al denominarla “bendita”.
Vemos pues, la pregunta de sí Jesús tuvo hermanos puede parecer superflua para los católicos con cierta formación, pero para aquellos otros con menos conocimientos de su fe y poco acostumbrados a la lectura de los Evangelios puede incluso ser un motivo de escándalo, porque tienen una conciencia clara de la virginidad de María, sobre todo en países como España, donde la devoción a María es tal que incluso fue denominada “Tierra de María” por el Papa Juan Pablo II.
Las objeciones contra la Santísima Virgen María, y concretamente en este caso, la existencia de otros hijos de María, o mejor dicho hermanos de Jesús, que es la expresión evangélica, han estado presentes desde el siglo IV y en los momentos actuales provienen de algunas tendencias cristianas, principalmente los Evangélicos, los cuales en un deseo de honrar a Cristo, tratan de minimizar el culto a la Virgen.
Evidentemente si entendemos “hermanos” como hijos de una misma madre, es evidente la contradicción que plantean los Evangelios al hablar de “los hermanos del Señor” y la virginidad de María.
La primera persona que formuló la idea de que los hermanos de Jesús eran hermanos carnales fue Elvidio (380 d. C.), es decir en los primeros 350 años de la vida de la Iglesia María fue considerada Virgen de forma unánime. Al igual que ahora es habitual que se rechace la idea de que un matrimonio viva sin relaciones intimas, Elvidio también lo sostenía, pero rápidamente habría que contraponer que ¡tampoco es normal que su hijo sea Dios Encarnado! La tesis de Elvidio fue refutada contundentemente por su contemporáneo San Jerónimo (343-420) en su escrito “Contra Elvidio”.
El primer testimonio de la virginidad perpetua de María es defendido en uno de los evangelios apócrifos, el de Santiago, escrito alrededor del 150 d. C., en el cual además de indicar que los padres de la Virgen fueron Ana y Joaquín, expone, más de forma apologética que histórica, la virginidad perpetua de María.
San Hilario, elegido Obispo de Poitiers hacia el año 350, después de su elevación al episcopado, compuso antes de partir al destierro en Frigia, un comentario sobre el Evangelio de San Mateo, que ha llegado hasta nosotros, donde expone la virginidad perpetua de la Virgen.
Atanasio (295-373) Doctor de la Iglesia y Patriarca de Alejandría, asistió al Concilio de Nicea, primero de los ecuménicos, en el que se excomulgo a Arrio. En su Discurso contra de los Arrianos, dice: “Entonces, aquellos que niegan que el Hijo es por naturaleza desde el Padre y propio a su esencia niegan también que tomó verdadera carne humana de la siempre Virgen María”.
Vemos pues que los testimonios son muchos y parece lógico que la Iglesia reconociese ese don en Nuestra Señora, enseñándolo así. Pero, además existen argumentos que explican que los posibles hermanos y hermanas de Jesús citados en los Evangelios no eran hijos de María, sino tan solo parientes de Jesús.
La Iglesia Primitiva habló de María como “la Virgen” exactamente porque creyó que vivió y murió así. Cuando esta enseñanza fue cuestionada más tarde, se agregó “siempre” (Aeiparthenos).
También son muchos los argumentos que se pueden presentar en contra del reconocimiento de los “hermanos de Jesús” como hermanos carnales.
En el griego de los Evangelios, la palabra que se utiliza en los pasajes de Mateo y Marcos para hermano es “adelphos” y para hermana es “adelphe”, ciertamente estas palabras pueden referirse también a hermanos y hermanas espirituales, que es como se usan los términos en la iglesia cristiana, o a parientes tan cercanos como primos, aunque en griego existen palabras especificas para esos parentescos y además se usan en el Nuevo Testamento, para primo se utiliza “anépsios” en la Epístola a los Colosenses 4, 10 “Os saluda Aristarco, mi compañero de prisión, y Marcos el primo de Bernabé…” y para pariente “singuenis” “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o vecinos ricos;…” (Lc 14, 12).
Pero en hebreo y en arameo (el idioma de Jesús y sus discípulos), no existe una palabra para “primo”, utilizaban “hermano” o “el hijo de la hermana de mi padre”, es decir se podría aceptar que pudieran haber escrito la expresión más corta, hermano puesto que el termino “ah” en hebreo o arameo tiene un campo semántico más amplio que puede incluir otras relaciones de parentesco.
Es decir yéndonos al significado de las palabras no podemos tener certeza de lo que quieren expresar, por eso veamos qué sentido tiene en el Antiguo Testamento la expresión “hermanos” y cuando se utiliza.
Sabemos por el Génesis que Lot era sobrino de Abrahán porque era hijo de Harán, hermano de Abrahán, pero sin embargo, Abrahán le dice a Lot: “No quiero que haya altercados entre nosotros dos, ni tampoco entre tus pastores y los míos, porque somos hermanos” (Ge 13, 8). En este caso Abrahán le dice a Lot “somos de la misma familia”.
Un pasaje donde se utiliza la palabra “hermanos” en vez de “primos”, la encontramos en el Levitico, cuando después de la muerte de Nadab y Abihú, hijos de Aarón, Moisés llamó a Misael y a Elsafán, hijos de Oziel, el tío paterno de Aarón, y les dijo: “Retirar a vuestros hermanos de la entrada del Santuario, y llevarlos fuera del Campamento” (Lv 10, 4).
En el segundo libro de Samuel se usa la palabra “hermano” para indicar miembros de la misma raza y el mismo pueblo: “Vosotros sois mis hermanos, de mi propia sangre: ¡no pueden ser los últimos en hacer que vuelva el rey!” (II Sm 19, 13) usándose en el mismo sentido en el Éxodo, “Siendo ya un hombre, Moisés salió en cierta ocasión a visitar a sus hermanos, y observó los penosos trabajos a que estaban sometidos” (Ex 2, 11). En el Génesis después de que Rebeca acepta ser la esposa de Isaac, el hermano y su madre despiden a Rebeca y a su nodriza, lo mismo que al servidor y a sus acompañantes, y la bendijeron, diciendo: “Hermana nuestra, que nazcan de ti millares y decenas de millares; y que tus descendientes conquisten las ciudades de sus enemigos” (Ge 24, 59-60).
Un último ejemplo de los muchos que existen en el Antiguo Testamente lo encontramos en el primer libro de Crónicas donde los primos son llamados hermanos por ser sacerdotes (I Cr 24, 30-31).
Vemos que una explicación al pasaje de Mateo y Marcos podría ser la utilización amplia de la palabra hermano en el sentido de pariente o con una connotación espiritual.
La realidad es que prácticamente todas las Iglesias cristianas, a excepción de los evangelistas, creen en la virginidad perpetua de María, la siempre virgen y Madre de Dios. Las especulaciones seguirán entre aquellos que no comparten la Fe de la Iglesia.