Los Mandamientos

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Determinar el origen de los Diez Mandamientos o Decálogo es fácil si, shop como es el caso, viagra creemos en la existencia de Moisés y en lo que narra el Éxodo y el Deuteronomio, dos de los cinco libros que conforman el Pentateuco.
Los Mandamientos se mencionan dos veces en el Antiguo Testamento. Por primera vez en la descripción de la formación de la Alianza del Sinaí (Ex 20, 1-17) y se repiten, con pequeñas diferencias, en la narración de la renovación del pacto en las llanuras de Moab (Dt 5, 6-22).
En el capítulo 2 del Éxodo se nos presenta a Moisés, en esa conocida historia del niño salvado del rio por la hija del faraón. De acuerdo con los cálculos judíos, Moisés murió en el año 1272 a. C. a las puertas de la Tierra Prometida. Según el libro de los Reyes la construcción del Templo se inició “El año cuatrocientos ochenta de la salida de Egipto, el año cuarto del reinado de Salomón en Israel” (I Re 6, 1). Salomón inició su reinado en el año 970 a. C. de lo que se deduce que la salida de Egipto, el Éxodo, debió de ser hacia el año 1446 a. C., cuando gobernaba Tutmosis III, sexto faraón de la XVIII dinastía, que gobernó entre los años 1479 y 1425 a. C. La Biblia no lo cita.
Como consecuencia de lo anterior tenemos acotado un espacio de tiempo en el que se produjo la entrega por parte de Dios a Moisés de este conjunto de imperativos morales y religiosos, que son conocidos como los Diez Mandamientos. Es decir, los Mandamientos puede datarse en la primera parte del siglo XIII a. C.
En los textos citados del Éxodo y Deuteronomio se relacionan el conjunto de normas que hay que tener con Dios y con el prójimo. Realmente no los numera, sino que va describiendo una serie de obligaciones, más de diez, pero que de acuerdo con el capítulo 10 del Éxodo se concretan en diez “Moisés pasó allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches: no comió pan ni bebió agua, y escribió en las losas las cláusulas del pacto, los diez mandamientos” (Ex 34, 28).
Las dos tablas de la Ley, con las Diez Palabras (mandamientos) es otro símbolo religioso característico del pueblo judío, esculpido o representado con frecuencia en las sinagogas.
El teólogo judío Filón de Alejandría y del historiador Flavio Josefo, trataron de sistematizar los mandatos indicados en la Biblia, para ellos el primero era creer en un solo Dios, el segundo la prohibición de hacer imágenes y el postrarse ante ellas, el tercero no tomar el nombre de Dios en vano y el cuarto santificar el día del Señor. Los siguientes hasta el noveno conservaban el orden y los preceptos que conocemos y el décimo prohibía desear la mujer del prójimo y codiciar los bienes ajenos.
Esta clasificación fue utilizada por Orígenes y Tertuliano y otros Padres de la Iglesia. Reconocía cuatro mandamientos para con Dios y seis para con el prójimo. Las Iglesias ortodoxas, los Protestantes en general, excepto los luteranos, y los Anglicanos siguen esta clasificación.
Sin embargo, el orden que se utiliza en el Catecismo de la Iglesia Católica, basado en el texto hebreo, fue establecido por san Agustín.
San Agustín no escribió ningún tratado sistemático sobre los mandamientos, no obstante, su contribución, recogiendo lo esencial de la aportación patrística anterior, marcó el desarrollo doctrinal de toda la tradición posterior.
Dedicó a la doctrina sobre los mandamientos dos largos sermones: “De decem chordis” y “De decem plagis et decem praeceptis” y en su obra exegética escrita en el año 419, “Quaestiones in Heptateuchum” (Libri VII. Liber secundus.Quaestiones Exodi) expone el orden y contenido que, desde entonces, la Iglesia Católica y los Luteranos (recuérdese que Lutero era un fraile agustino) contemplan el Decálogo
La clasificación agustiniana divide los mandamientos en dos grupos, el primero referido al amor de Dios, sustanciado en tres preceptos y el segundo al amor al prójimo, conteniendo siete obligaciones.
Las diferencias entre esta clasificación y la de Orígenes son que une los dos primeros preceptos de este, “No tendrás dioses ajenos delante de mí” y “No harás imágenes, ni te inclinarás a ellas”, en uno solo, “Amarás a Dios sobre todas las cosas”. El Decálogo se mantiene porque desglosó en dos el décimo.
San Agustín pensaba que al ser tres los mandamientos relacionados con Dios, se ve más claramente que se dirigen a Dios que es Trinidad y al diferenciar la prohibición del deseo de la mujer del prójimo de los bienes del prójimo, se evidencia la separación entre personas y cosas, puesto que en un caso se atenta contra la castidad y en el segundo contra la justicia. Además esta distinción pone de manifiesto que el cristianismo representa un avance en la consideración de la mujer, puesto que para Filón la mujer es considerada como como una parte de las propiedades del varón.
No hay que olvidar que Dios amó primero al hombre, eligió a su pueblo y lo libero porque los amaba.
La ratificación de estos preceptos para los cristianos se condensa en la respuesta de Jesús  a la pregunta de un fariseo “¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley? Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo, semejante a este, es: amarás al prójimo como a ti mismo.” (Mt 22, 36-39).
El Catecismo de la Iglesia Católica dedica toda la Segunda sección de la Tercera parte a los Diez Mandamientos desde los puntos 2052 al 2550.