Los ojos de la Virgen

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En esta primera quincena de diciembre se conmemora la festividad de tres advocaciones de la Santísima Virgen de conocimiento universal; el día 8 la Inmaculada Concepción, viagra el día 10 Nuestra Señora de Loreto y el día 12 Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de México y Extremadura.
Por otro lado no es algo extraño, pues es tan importante la presencia de la Virgen en el sentir de los católicos que todos los días del año podemos encontrar, que en alguna parte del mundo, se conmemora una advocación mariana. En la página Web Calendario de Fiestas Marianas se puede comprobar esta curiosidad.
De acuerdo a la tradición mexicana, la Virgen María se apareció cuatro veces a San Juan Diego Cuauhtlatoazin en el cerro del Tepeyac, situado al norte de la ciudad de México, la ultima de ellas el 12 de diciembre de 1531.
Son muchos los documentos que hacen referencia a este milagro, pero quizás el primero de todos es el que comienza por “Nican mopohua”, escrito por el indígena Antonio Valeriano (1522-1605) y publicado en 1649.
Estas palabras en idioma náhuatl, en el que esta escrito el documento, significan “Aquí se narra”, y efectivamente, en el se narra como al indio Juan Diego y a su tío Juan Bernardino, ambos convertidos al cristianismo pocos años atrás se les apareció la Virgen diciéndoles que se construyera un templo en ese lugar, después de tres visitas infructuosas al que fue el primer obispo de México, el vasco Juan de Zumárraga (1468-1548), la Virgen le pidió a Juan Diego que recogiera unas rosas para llevárselas en prueba al Sr. Obispo, dado que al ser invierno no era época de rosas. Juan Diego las cortó y poniéndolas en su tilma (especie de poncho de ayate, fibra de maguey) se las presentó al Obispo como prueba de que lo que le estaba contando era verdad.
En el momento de presentarle al Obispo las rosas, estas cayeron al suelo y en la tilma apareció la imagen morena y con rasgos mestizos de la Virgen de Guadalupe.
Se ha puesto en duda no solamente el milagro, sino la propia existencia de Juan Diego. Poco después de su beatificación, el 6 de mayo de 1990 por el Papa Juan Pablo II, se arreciaron las criticas que llegaron a su culmen el 24 de mayo de 1996, cuando el propio Mons. Guillermo Schulenburg Prado (1916-2009), abad de la Basílica guadalupana desde 1963 a 1996, afirmó que Juan Diego era más un símbolo religioso que un personaje real.
La Santa Sede creó en 1998 una comisión encabezada por el español Dr. Fidel González Fernández, sacerdote misionero comboniano y profesor de Historia eclesiástica en las Universidades Urbaniana y Gregoriana de Roma, para investigar la existencia histórica de Juan Diego, cuya causa de canonización estaba siendo llevada por la Congregación para las Causas de los Santos.
Las conclusiones de esta comisión fueron concluyentes y su trabajo quedo recogido en la obra “El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego”, que se publicó en México, por la Editorial Porrúa, en agosto de 1999 y cuyos autores son Fidel González Fernández, Eduardo Chávez Sánchez y José Luis Guerrero Rosado.
Juan Diego Cuauhtlatoazin (el águila que habla) (1474-1548) fue canonizado en la ciudad de México por el Papa Juan Pablo II el 31 de julio del año 2002. Su fiesta se celebra el 9 de diciembre.
Con relación a la veracidad de la aparición, no deja de ocurrir lo que en otras apariciones de Nuestra Santísima Madre, como pueden ser la de Lourdes el 11 de febrero de 1858 o la de la Virgen de Fátima el 13 de mayo de 1917, existieron muchas voces discordantes a la aceptación del milagro.
Pero en este caso hay una prueba material, la imagen de la Virgen en la tilma de ayate de Juan Diego.
Para no hacer muy extensa esta entrada resumiremos cuatro aspectos que se pueden señalar de la imagen y su soporte.
Con respecto al último, la tilma de ayate, es totalmente incomprensible que continúe conservándose después de casi quinientos años. Es un milagro permanente que ese trozo formado por hojas entrelazadas de una especie de cactus pueda conservarse. El Dr. Adolfo Orozco Torres, físico e investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autonómica de México desde 1970 e investigador del soporte en el que está grabada la imagen de la Virgen de Guadalupe, dijo en el Primer Congreso Internacional Mariano sobre la Virgen de Guadalupe que se celebro en Phoenix en agosto de 2009, que el extraordinario estado de conservación “está completamente fuera de todo tipo de explicación científica”.añadiendo que “todas las telas similares que han sido colocadas en ambientes húmedos y salinos como el que rodea a la Basílica no han durado más de diez años”.
Otro aspecto incomprensible de la tilma es que la parte de atrás de esta tela es rugoso y poco liso; mientras que la parte de delantera (donde está la imagen) es tan suave como la seda, como así señalaron los pintores y científicos en 1666; y confirmó luego casi cien años después, en 1751, el pintor mexicano Miguel Cabrera en un informe titulado “Maravilla Americana”.
El cuadro que se conserva en la moderna Basílica mide aproximadamente 167 x 103 centímetros y la imagen de la Virgen ocupa unos 143 centímetros del mismo.
Pero nuevamente nos encontramos con hechos sin explicación, la pintura no tiene pinceladas. La técnica empleada es desconocida en la historia de la pintura. No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, al acercarse uno a menos de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo.
En 1979 el estadounidense Philip S. Callahan estudió la imagen con rayos infrarrojos y descubrió con sorpresa que no había huella de pintura y que el tejido no había sido tratado con ningún tipo de técnica (Callahan, Philip S. The Tilma Under Infrared Radiation. Washington: CARA, 1981.). Sus conclusiones fueron que la imagen tenia un “origen desconocido”
En este mismo sentido se encuadran las conclusiones de las pruebas solicitadas, en el año 1936, por el Arzobispo de México Pascual Díaz Barreto, que mandó analizar tres fibras del manto al químico austriaco Dr. Richard Kuhn (1900-1967), premio Nobel de Química en 1938. Las conclusiones del profesor Kuhn fueron asombrosas: “estos colorantes no son ni minerales, ni vegetales, ni animales”.
Pero quizás lo mas inesperado son los ojos de la Virgen.
El primero en descubrir algo extraño fue el fotógrafo oficial de la Basílica de Guadalupe Alfonso Marcué González, que en 1929, al ampliar unos negativos del rostro, descubrió lo que parecía una figura humana en el ojo derecho de la imagen de la Virgen. Este descubrimiento fue ratificado veinte años más tarde, cuando el 29 de mayo de 1951, el dibujante mexicano José Carlos Salinas Chávez, después de examinar una buena fotografía de la cara de la imagen, redescubre la imagen de lo que parece ser un busto humano reflejado en el ojo derecho de la Virgen, y también en el ojo izquierdo.
Desde entonces numerosas personas han inspeccionado los ojos de la Virgen incluyendo más de 20 oftalmólogos.
El primero fue el oftalmólogo mexicano Dr. Javier Torroella Bueno, el 27 de marzo de 1956. El Dr. Torroella certifico la presencia del triple reflejo (Efecto Samson-Purkinje) característico de todo ojo humano normal vivo y que la distorsión de las imágenes concuerda perfectamente con la curvatura de la córnea.
Utilizando medios técnicos el Dr. Rafael Torija ratifica la existencia de la aparente figura humana en las córneas de ambos ojos, con la ubicación y distorsión propias de un ojo humano normal, notando además una inexplicable apariencia “viva” de los ojos al ser examinados. Otros profesionales médicos confirmaron lo anteriormente expuesto.
Pero el descubrimiento más sorprendente fue realizado el científico peruano José Aste Tonsmann, experto de IBM en procesamiento digital de imágenes. Aste, que comenzó sus investigaciones en el año 1979, aumentando los iris de los ojos de la Virgen hasta alcanzar una escala 2.500 veces superior al tamaño real y, a través de procedimientos matemáticos y ópticos, logró identificar trece personajes impresos en los ojos de la Virgen.
El reflejo transmitido por los ojos de la Virgen de Guadalupe, es la escena en la que Juan Diego mostraba al obispo fray Juan de Zumárraga y a los presentes en la estancia, el manto con la misteriosa imagen el 9 de diciembre de 1531.
El Dr. Aste fue entrevistado 17 julio 2002 por el periodista Alex Navajas, del periódico español La Razón, al preguntarle sobre la posibilidad de que fuese una obra humana el Dr. Aste contestó, “En primer lugar, no son visibles al ojo humano, salvo una: la del español, que es la más grande. Nadie podría haber pintado unas siluetas tan pequeñas. En segundo lugar, los pigmentos de esas figuras no se sabe qué origen tienen. Ocurre lo mismo con la imagen de la Virgen: no está pintada, y nadie sabe aún cómo se estampó sobre la tilma de Juan Diego” añadiendo “Las trece figuras se repiten en los dos ojos. ¿Qué artista haría eso? Además, su tamaño varía de un ojo al otro, dependiendo de lo cerca que estuviera el personaje del ojo izquierdo o derecho de la Virgen.”
Los personajes que aparecen son según el Dr. Aste “un sirviente casi desnudo; un anciano (el obispo Fray Juan de Zumárraga); un joven (el traductor); un indígena con una tilma (Juan Diego); una mujer negra (una esclava); un español con barba; y por último, una familia indígena con padre, madre, tres hijos y dos adultos más, que pueden ser abuelos o tíos.”