Manuscritos de la Biblia (y 2)

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Podríamos preguntarnos ¿por qué no se encuentran tantos manuscritos de los Libros Sagrados hebreos?
Los judíos utilizan en sus actos litúrgicos el Tanaj en forma de rollos y cuando estos están deteriorados por el uso los guardan en una especie de almacén de la sinagoga, llamado “geniza”, puesto que por respeto a su contenido, no pueden quemar ni maltratar. Cuando reunían una cantidad adecuada los enterraban con honras fúnebres.
Esta es la razón por la que existen muy pocos textos antiguos de la Biblia hebrea comparativamente con los de las Biblias cristianas.
No obstante, dos hechos fortuitos han permitido que en la actualidad existan una gran cantidad de textos hebreos de mucha antigüedad, el descubrimiento de las Cuevas de Qumrán y los textos de la “geniza” de El Cairo.
La primera gran ciudad de los musulmanes en Egipto fue la ciudad de Fustat, situada a tres kilómetros de la actual capital Al-Qahira (El Cairo). En Fustat, desde hace mil años existe una sinagoga, actualmente conocida con el nombre de Ben Ezra y de la que durante el siglo XII su líder fue Maimónides.
A finales del siglo XIX, comenzaron a circular fragmentos de papiros y paralelamente se conocía, en círculos eruditos, la existencia de la geniza de El Cairo.
Salomón Schechter (1847-1915) rumano de nacimiento, profesor titular de estudios talmúdicos en la Universidad de Cambridge en 1890 y catedrático de estudios rabínicos en 1892 fue quien tuvo la sospecha de que todo el material que venia circulando procedía de una misma fuente común.
Animado por el Dr. Charles Taylor, presidente del St. John´s Collage, en 1896 Schechter llegó a Fustat y en 1897 se llevo a la Biblioteca de la Universidad de Cambridge aproximadamente 140.000 fragmentos de papiros, provenientes de la geniza de la sinagoga de Ben Ezra que no habían sido destruidos
En el 1902, casi a la vez que los descubrimientos de la geniza de El Cairo y cuarenta y cinco años antes de los manuscritos de Qumrán, se descubrieron cuatro fragmentos de un papiro que recibieron el nombre de Papiro Nash, en honor a su descubridor.
Walter L. Nash, secretario de la Society of Biblical Archaeology los adquirió en Egipto y los llevo a Cambridge (Inglaterra).
Los fragmentos, escritos por un solo lado y que miden aproximadamente 7,5 por 12,5 cm, contienen 24 líneas de texto hebreo, el Decálogo (Éx 20, 1-17), una parte de Dt 5, 6-21 y el comienzo de Dt 6, 4-9, fueron publicados el año siguiente a su descubrimiento por la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, por profesor de hebreo Stanley Arthur Cooke (1873-1949), miembro del Consejo Editorial de Enciclopedia Bíblica desde 1896 al 1903.
La importancia de estos restos de papiros reside en su antigüedad, dado que los expertos los dataron entre el segundo y el primer siglo antes de Cristo, siendo por tanto el manuscrito hebreo más antiguo jamás encontrado, hasta ese momento.
Con relación a los códices hebreos y al reducido numero de ejemplares existentes, podemos decir que además de los procedimientos de destrucción indicados anteriormente, existe otra causa, también religiosa, por la que se conservan muy pocos códices de la Toráh.
El judaísmo por precepto litúrgico ha conservado, hasta hoy en día, el rollo para las lecturas bíblicas en las sinagogas. Los rollos para el culto tienen características invariables a través de los siglos, detalladamente preceptuados en el Talmud. Los rollos de la Toráh más antiguos que se conservan son de los siglos X y XI.
No obstante, a pesar de que existen muy pocos códices de la Biblia hebrea comparativamente con los de las Biblias cristianas, podemos decir que dos son los códices que se utilizan en la actualidad como textos masotéricos, el Códice Aleppo y el Códice Leningradense.
El Códice de Aleppo (Keter Aram Tsova) es el más antiguo y completo manuscrito del Tanaj, producido y editado por el respetado masoreta Aarón ben Moses ben Asher, está datado en 930 d.C., fue escrito en Tiberias y es la versión más aceptada de las escrituras hebreas, también conocida como el texto masorético.
Inicialmente estuvo en Jerusalén, pasando después a El Cairo y de allí fue trasladado a Aleppo (Siria), donde durante más de seiscientos años fue guardado en la sinagoga de la comunidad sefardí.
Durante las luchas entre árabes y judíos del 1948, se produjo un incendio en la sinagoga donde estaba depositado este códice, quedando dañado, de hecho se perdió una cuarta parte de él, de los 380 folios que más o menos contenía sólo quedaron 294. En 1958, aproximadamente el sesenta por ciento de las páginas del Códice fueron trasladadas a Israel al Instituto Yad Ben-Zvi. Hoy en día permanecen en el Santuario del Libro en el Museo de Israel de Jerusalén.
El Códice Leningradiense es un poco más moderno que el de Aleppo, está fechado en el año 1008, aunque es la copia completa más antigua que existe de un texto masotérico.
No se sabe exactamente su procedencia, parece ser que fue copiado en Egipto. Su antiguo propietario el coleccionista Abraham Firkovich (1786–1874), no dejó ninguna información sobre cómo adquirió el códice en el año 1838. Desde 1863 se encuentra en la biblioteca pública de San Petersburgo.