Mártires de la caridad

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El miércoles 10 de abril, sildenafil de hace ahora cien años, el RMS Titanic inició el que sería su primer y último viaje. Al mando del capitán E. J. Smith, el buque partió de Southampton (Inglaterra) hacia Nueva York, con breves paradas en Cherburgo (Francia) y en Queenstown (Irlanda).
Se adentraron en el océano 2227 personas a bordo del mayor trasatlántico de la época, después de que desembarcaran ocho pasajeros, que en primera clase, habían ido hasta el puerto irlandés y 24 que lo hicieron en el puerto francés. En Queenstown, rumbo a Nueva York, embarcaron 120 personas.
Como es natural, el centenario de una tragedia de aquella magnitud aun tiene mucho eco en los medios de comunicación y aunque a primera vista parezca que este blog no es el lugar mas adecuado para hablar del Titanic, nos gustaría recordar a varias de las miles de personas, unas 1522, que murieron inesperadamente aquel lunes 15 de abril a las 02:20 horas.
En un artículo relativo al hundimiento leía que en el Titanic viajaban tres sacerdotes católicos, nada de particular por otra parte, pues solo representan el 0,23% del total de los 1327 pasajeros, pero como a veces se escribe aprendiendo, pensamos en profundizar en el tema.
Efectivamente en el barco murieron tres clérigos católicos, aunque a la salida desde Southampton iban a bordo cuatro clérigos. El cuarto fue el seminarista Francis M. Browne que desembarcó en Queenstown, tenia entonces 32 años y había nacido en Cork, Irlanda, e ingresado en el noviciado de los jesuitas en Tullabe en septiembre de 1897. En julio de 1915 fue ordenado sacerdote. Durante su corta estancia en el buque realizo muchas fotografías de la vida a bordo, que adquirieron un valor histórico.
Pero además de los tres clérigos católicos, viajaban en el Titanic otros cinco clérigos de otras confesiones. Curiosamente no se relaciona entre los aproximadamente 900 miembros de la tripulación ninguna persona que ejerciese de ministro de algún culto.
Todos los clérigos, ocho en total, viajaban en segunda clase y los tres católicos suponemos que en el mismo tipo de camarote, porque, al menos pagaron la misma cantidad de 13 libras por el.
Quizás la primera cosa que diferencia a este grupo de clérigos son las motivaciones por las que hicieron el viaje, aunque como mas adelante veremos, existieron otras diferencias.
Para el anglicano Rev. Ernest C. Carter de 54 años, que viajaba acompañado de su esposa Lilian Hughes, era un viaje de vacaciones, que tenia como destino final la casa de su cuñado en Topeka, no obstante no abandonó sus obligaciones y durante la tarde del domingo 14, presidio un servicio en el comedor de segunda clase, al que asistieron un centenar de personas.
Había dos ministros baptistas, Robert James Bateman, de 51 años, ordenado hacia 30 años, casado con siete hijos, que regresaba acompañado de su cuñada Mrs Ada Balls a Jacksonville, Florida, después de haber visitado a unos parientes en Bristol y John Harper, de 39 años, un americano de Houston que regresaba a Chicago acompañado de su hija Nina de 6 años y de su sobrina Jessie Leitch de 31.
El Rev. Charles Leonard Kirkland, de 57 años era un ministro presbiteriano escocés que regresaba de Glasgow, donde había resuelto unos temas testamentarios, a Tuxford, Saskatchewan, Canadá, donde vivía una hermana suya. No se tienen datos de su estancia en el barco.
El pastor luterano William Lahtinen de 30 años regresaba de Finlandia, con su esposa Anna a Cokato, Minnesota, donde habitualmente vivía.
No existen referencias de que actuasen de forma excepcional, su comportamiento debió de ser humanamente impecable, como el de otros muchos hombres de bien en aquellos momentos dramáticos. No se salvó ningún clérigo.
Los sacerdotes católicos eran un ingles de 42 años, Thomas Roussel Davids Byles, ordenado hacia 10 años, viajaba a Nueva York para casar a su hermano William. Iba a viajar en otro buque de la compañía pero cambio el billete a última hora.
Mientras que el Titanic estaba anclado en Cherbourg escribió a su ama de llaves, además de comentar cosas del barco, le dice que acaba de reunirse con otros dos sacerdotes católicos.
El Padre Juozas Montvila había nacido en Gudine, Lituania, era el mas joven de todos, contaba con 27 años, y después de haber tenido dificultades políticas en su país marchaba a Estados Unidos a hacerse cargo de una parroquia.
El benedictino Josef Peruschitz de 41 años, que había nacido en Baviera, viajaba a Minesota para ocupar el cargo de director de la Escuela Secundaria que los benedictinos tenían en Swiss.
Los testimonios de algunos supervivientes muestran como los tres sacerdotes católicos desde su primer momento a bordo se dedicaron a su la bor sacerdotal, la pasajera de segunda clase Ellen Mary Toomey, de 48 años, que se salvo en el bote nº 9, dijo a los periodistas que los tres sacerdotes dijeron misa diariamente en el Titanic.
Está confirmado que el domingo14, que se celebraba el segundo domingo de Pascua, el Padre Byles celebró la Santa Misa con los pasajeros de segunda clase en su salón y después con los pasajeros de tercera clase, la homilía la dijo en ingles y francés.
Por su parte Fray Peruschitz predicó en alemán y húngaro.
Según el articulo de The Evening World, los dos sacerdotes predicaron sobre la necesidad de tener “a mano un bote salvavidas en forma de consuelo religioso en caso de naufragio espiritual”.
Los testimonios sobre los tres sacerdotes son definitivos, el Padre Byles estaba rezando el breviario cuando a las 11:45 de la noche se produjo la colisión, estuvo hasta el final, ayudando a los pasajeros de tercera clase por las escaleras, en los botes, oyendo confesiones, orando con los que no había podido escapar e im partiendo absoluciones generales. Alguien dijo que murió como mártir de la caridad. Parece ser que murió, junto al Padre Peruschitz, rodeados de gente arrodillada rezando el Santo Rosario.
El joven sacerdote lituano, sirvió a su vocación hasta el final “al rechazar una plaza en uno de los botes, la elección de la administración de sus deberes sacerdotales y ofreciendo consuelo a sus compañeros de viaje”. Juozas Montvila, es considerado un héroe en Lituania.
Se puede encontrar mucha información sobre los pasajeros del Titanic en esta pagina Web  y sobre este tema en concreto en ACIPRENSA.