Nieve en agosto

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A veces no podemos evitar que aflore en nosotros, online de forma inconsciente, aunque quizás fruto de una insuficiente entrega, un punto de racionalismo que nos impide aceptar de entrada situaciones como la que ayer se conmemoraba, la festividad de la Virgen de las Nieves.
Los milagros no tienen porque coincidir con el trascurso normal de los acontecimientos, en Roma casi nunca nieva y menos en verano.
Pero no deja de ser entrañable una historia la que se cuenta, a partir del siglo XII, sobre las causas de la construcción de la Basílica de Santa María la Mayor.
Cuenta la antigua leyenda que había en Roma un matrimonio, que no tenía descendientes y disponía de muchos bienes, quería honrar a Santa María, y no sabía cómo hacerlo. En la noche del 5 de agosto del año 352, oyeron en sueños que se les decía: “Id mañana al Monte Esquilino y en el sitio donde haya nieve, debéis construir un templo a la Santísima. Virgen”
Al día siguiente fueron a ese monte (una de las siete colinas de Roma) y encontraron una franja de terreno cubierta de nieve.
Con el apoyo del Papa Liberio, que gobernaba la Iglesia Católica en ese tiempo (352-366), edificaron allí el primer templo dedicado en Roma a la Madre de Dios.
La Basílica actual fue construida por el Sumo Pontífice Sixto III, en el año 432, en recuerdo del Concilio de Éfeso que en el año 431 había definido que María es Madre de Dios.
Esta deliciosa leyenda, fue inmortalizada en la misma basílica un discípulo de Giotto, pintando el suceso extraordinario en la misma Basílica de Santa María la Mayor, donde permanece.
Murillo, en un lienzo de 232 cm x 524 cm, que se conserva en el Museo del Prado, titulado: El patricio revela su sueño al papa Liberio. En él aparece el matrimonio contando la visión al Papa, y en el fondo se contempla la procesión y el campo nevado.
Esta basílica es una de las cuatro Basílicas mayores de Roma, junto con la de San Pedro, la de San Pablo y la de San Juan.
De planta rectangular, tiene tres naves con columnas jónicas. Su fachada principal mira a la plaza y se hizo en el siglo VIII, el campanario románico se construyó en el 1377 y la fachada posterior que da al monte Esquilino data del siglo XVII. Es la única de las basílicas mayores de Roma que ha logrado conservar su estructura original, aunque a lo largo del tiempo se han ido añadiendo algunas modificaciones. La imagen de la Virgen María situada sobre el altar mayor es del siglo XIII y el monumento a la Reina de la Paz lo erigió Benedicto XV al fin de la primera guerra mundial. El cielo raso fue dorado con el primer oro americano traído por Colón.
Todos los años, el día 5 de agosto, se recuerda en la Basílica el “Milagro de la nieve” con una solemne celebración en la que una cascada de pétalos blancos desciende desde el techo.
Esta Basílica es de gran aprecio de los españoles, pues el Cabildo de la misma se honra de tener como Protocanónigos a los Reyes de España.
Este privilegio se remonta al Papa Inocencio X (1644-1655) que mediante la constitución apostólica Sacri Apostolatus del 7 de octubre de 1647, recogiendo los deseos del rey de España Felipe IV, erige la Obra Pía de Santa María la Mayor, por la que se asignaba una renta anual al cabildo de la basílica a cambio de honores litúrgicos y preces para la Monarquía española.
Desde entonces, los reyes de España han sido protocanónigos honorarios del Cabildo y mediante la Bula Hispaniarum Fidelitas de 5 de agosto de 1953, se renovó ese privilegio y en virtud del cual, el 10 de febrero de 1977, el rey Juan Carlos I aceptó su nombramiento como protocanónigo honorario.