Nuestra Señora de Lourdes

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La conmemoración de la Virgen de Lourdes que todos los 11 de febrero celebramos junto con la Jornada Mundial del Enfermo, online nos trae a la memoria el misterio que representa que, there durante dieciocho veces, doctor la Inmaculada Concepción se le apareciese a Bernadette Soubirous (1844-1879) durante el año 1858.
Pero más allá de las reflexiones personales, la realidad se impone, aquellas apariciones en la gruta de Massabielle, cerca del río Gave, en las afueras de la población de Lourdes, atraen anualmente a más de cinco millones de peregrinos, muchos de los cuales buscan curaciones milagrosas, que algunos pocos consiguen, y la mayoría acuden allí para testimoniar, rezar y agradecer.
La historia es muy conocida, desde el 11 de febrero al 16 de julio del 1858, la Virgen se le apareció a Bernadette.
Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de enero 1862 por el Obispo de Tarbes que publicó una carta pastoral en la que declaraba “la Inmaculada Madre de Dios se ha aparecido verdaderamente a Bernadette”.
En 1907, Pío X extendió la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes a toda la Iglesia universal.
Bernadette fue canonizada por el Papa Pío XI el 8 de diciembre de 1933, que nombro en 1937, a Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, como Delegado Papal para visitar y venerar personalmente a la Virgen en Lourdes.
Los dos últimos Papas han visitado Lourdes, Juan Pablo II en agosto de 2004, para conmemorar allí el 150 Aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, donde como cualquier peregrino dijo: “Arrodillado aquí, ante la gruta de Massabielle, siento profundamente que he llegado al objetivo de mi peregrinación”, y Benedicto XVI en el 2008, cuando se cumplían los 150 años de las apariciones. Un portavoz del Vaticano dijo que “la sonrisa de María y la esperanza ha sido el culmen casi natural de este viaje”.
Realmente en esta expresión está la contestación al misterio de Lourdes.
Como dice el prestigioso mariólogo francés René Laurentin, en su libro Apariciones Actuales de la Virgen María, editorial Rialp. “Las apariciones conciernen menos a la fe que a la esperanza, decía Tomás de Aquino. Orientan el porvenir. Vivifican el Evangelio en situaciones históricas o geográficas nuevas. Estos signos sensibles vuelven a expresar su proximidad, su presencia, su familiaridad y su potencia, que ellos hacen fructificar”
Laurentin dice que la función de las apariciones no es, en absoluto, completar el Evangelio, en el que Cristo ha dicho ya todo lo que es necesario para la Salvación, sino solamente volverlo a poner ante nuestros ojos ciegos y nuestros oídos sordos; actualizarlo en función de tiempos y lugares nuevos.
La postura actual de la Iglesia frente a las muchas apariciones que se reivindican es, además de continuar con la prudencia habitual, no confundir el juicio sobre la verdad sobrenatural de los hechos y el reconocimiento de los frutos espirituales, como le decía el entonces cardenal Ratzinger al periodista Vittorio Messori.
Es decir, la Iglesia debe preocuparse por atender pastoralmente los frutos que se derivan del hecho, siempre que en estos no haya nada contra la fe y las costumbres: Si las apariciones producen buenos frutos, el obispo puede asumir el evento y autorizar oficialmente el culto, sin pronunciarse, por lo tanto, sobre la autenticidad de las apariciones.
Puede ocurrir, como en el caso de Catalina Labouré, la propagadora de la medalla de la Virgen Milagrosa. La aparición de la Virgen no ha sido reconocida oficialmente, pero ella fue canonizada por Pío XII en 1947 y su restos que reposan en la misma capilla de las apariciones, en la Rue du Sac en Paris, es visitada por casi dos millones de peregrinos al año.
Si se quiere una información completa sobre las apariciones de Lourdes, véase: Lourdes. Crónica de un misterio, Les apparitions de Lourdes, Planeta Testimonio, Barcelona, (1997). Sobre la Santísima Virgen, Hipótesis sobre María: Hechos, Indicios, Enigmas, Editorial Libroslibres, Madrid, 2007.