Nuevo cuerpo glorificado

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Durante todo este tiempo pascual la Iglesia nos recuerda con el rezo diario del Regina Coeli que el Señor verdaderamente ha resucitado (Quia surrexit Dominus vere, sovaldi alleluia.).
A la alegría de la Resurrección le sigue la pregunta ¿cómo resucito el Señor? seguida de ¿cómo resucitaremos nosotros?, seek puesto que las dudas no están en el hecho, sino en el procedimiento. Preguntas, sobre todo la última, que ya se hacían los fieles de Corintio, ¿cómo resucitan los muertos?, ¿con qué cuerpo salen? (I Co 15, 35).
Esta claro que resucitaremos, se lo dijo Jesús a su amiga Marta, cuando ésta le reprocha que no hubiese impedido la muerte de Lázaro con su presencia, “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11, 25-26) y mas concretamente cuando dice “los que obraron bien resucitarán para vivir, los que obraron mal resucitarán para ser juzgados”. (Jn 5,29).
La referencia siempre es Jesús, también aquí, pues San Pablo dice “el cual [Jesús] transformará nuestro cuerpo humilde en la forma de su cuerpo glorioso” (Flp 3, 21).
Los evangelios y los Hechos nos presentan varios pasajes en los que aparece Jesús resucitado, en el camino de Emaus (Lc 24, 13-35), con María Magdalena (Mc 16, 1-8), comiendo con sus discípulos un pez asado (Lc 24, 41-42), pero tanto en estos casos como en el de la resurrección de Lázaro, tenemos la sensación de que la resurrección que se ha producido es la recuperación del cuerpo abandonado por el alma y la continuación de la vida anterior.
En el caso de Lázaro si fue así, lo que tuvo Lázaro fue una prolongación de su vida terrena, sin embargo, en el caso de Jesús, que será el nuestro, fue el principio de una vida nueva.
Como siempre, es bueno recurrir al Catecismo de la Iglesia; en su primera parte, cuando va desarrollando los diferentes puntos del Credo, al llegar a la “resurrección de la carne” responde en el punto 997 a como será esta resurrección, “En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia, dará definitivamente a nuestro cuerpo la vida incorruptible, uniéndolo a nuestras alma, por la virtud de la Resurrección de Jesús”.
Vemos pues que estamos hablando de un cuerpo glorioso, de un cuerpo incorruptible, de un cuerpo resucitado a otra vida, a la vida eterna, pues como dice San Pablo “Cuando lo corruptible se revista de incorruptibilidad y lo mortal de inmortalidad, se cumplirá lo escrito: La muerte ha sido aniquilada definitivamente.” (I Co 15, 54), quien además utiliza el símil de como la semilla es arrojada a la tierra y debe morir, para que de ella nazca la planta, el cuerpo debe pasar también por la muerte, para poder sobrevivir en la existencia nueva.
¿Y cuando se producirá la unión de nuestra alma actual con ese nuevo cuerpo glorificado? Al final de los tiempos, es decir, el día del juicio universal, vendrá Cristo y unirá nuestra alma a un cuerpo glorioso para volver a formar ese “todo”, que es la persona humana.