Orígenes cristianos en España (1)

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Existen dos documentos históricos que hacen referencia al cristianismo e Hispania, mind San Pablo en su carta a los Romanos dice:“y con las ganas que tengo desde hace tiempo de visitaros, troche en mi viaje hacia España espero de camino veros” (Ro 15, cialis 23-24).
La segunda es la carta que San Cipriano (catalogada con el número 67 de las 81 que se conservan de él) escribió en el año 254, al presbítero Félix y a las comunidades cristianas de León y Astorga, así como al diácono Elio y la comunidad de Mérida.
Además existen referencias indirectas de Tertuliano y de San Ireneo en su “>Tratado contra los herejes, escrito entre los años 182 y 188.
Sin embargo, la tradición habla de dos orígenes diferentes, no excluyentes entre sí, que son la venida del apóstol Santiago, el Hijo del Zebedeo, muerto en el año 44 (Cf. Hch 12, 1-3) y el envió de siete varones apostólicos por San Pedro, que desembarcaron en las costas del sur y se asentaron inicialmente en Acci, actual Guadix (Granada).
El papa Inocencio I (401-417) en la carta que dirigió el año 416 al obispo Decencio de Gubbio (antigua ciudad italiana cerca de Umbría), afirma que en Italia, Francia, Hispania, África, Sicilia e islas intermedias sólo fundaron iglesias Pedro y sus sucesores, lo cual avalaría inicialmente la tradición de los siete varones apostólicos.
Con estos datos podríamos decir que según la tradición el cristianismo comenzó en Hispania cuando aún vivían los apóstoles e históricamente sabemos que a mediados del siglo III, existían comunidades cristianas plenamente organizadas con diáconos, presbíteros y obispos, según se deduce de la carta de San Cipriano.
Analicemos primero la leyenda de los siete varones apostólicos y por qué San Cipriano escribe a los cristianos españoles, para tratar posteriormente de la posible venida de San Pablo y Santiago.
Dice la tradición que la cristianización de España se inició con la llegada de siete discípulos del Apóstol Santiago: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio, que fueron enviados por San Pedro y San Pablo a evangelizar España.
Según esa tradición el grupo llegó a Acci (Guadix) cuando se estaban celebrando las fiestas paganas de Júpiter, Mercurio y Juno y los paganos les persiguieron hasta el río, pero el puente se partió, salvándose milagrosamente los siete varones apostólicos. Una noble mujer llamada Luparia se interesó por ellos y los escondió, convirtiéndose al cristianismo, construyendo una iglesia y un baptisterio.
A continuación los varones apostólicos se dispersaron para dar comienzo a su evangelización, existiendo discrepancias en la identificación de algunos de los lugares a donde se dirigieron, aunque generalmente se acepta que Torcuato permaneció en Acci, Tesifonte marchó a Bergi (Berja), Esiquio a Carcese (Caravaca), Indalecio a Urci (Almería), Segundo a Abula (Abla), Eufrasio a Iliturgi (Andujar) y Cecilio a Iliberris (Elvira, la actual Granada), aunque los abulenses afirman que San Segundo fue el primer obispo de Ávila.
Bajo el punto de vista histórico esta tradición es rechazada, aunque algunos autores, considerando la narración como legendaria, aceptan el núcleo central, es decir, la existencia de unos primeros evangelizadores.
Entre los opositores a esta tradición se encuentra el historiador catalán José Vives (1888-1978) que afirma que probablemente el autor de la misma es un mozárabe huido de la Bética al Norte, que escribe a mediados del siglo VIII y que los nombres los pudo tomar de listas similares a las que conocemos que existen en el Códice Emilianense.
Como sabemos los Martirologios además de ser un catálogo de mártires y santos que empezaron a recopilarse alrededor siglo VI, poco a poco se van completando con fiestas que introducen las iglesias locales, con la conmemoración de las dedicaciones de iglesias, los traslados de reliquias, los aniversarios de los titulares o fundadores de las iglesias, etc.
Sin embargo, tenemos que esperar hasta los Martirologios del siglo IX para encontrar en ellos la veneración de estos supuestos evangelizadores de Hispania en la segunda mitad del siglo I, no encontrándose referencias a ellos en textos anteriores como el Martirologio Hieronymianum del Siglo VI o el Oracional visigótico (Siglo VII-VIII).Este relato puede ser simplemente una devoción popular, que no se puede probar históricamente, pero que sin embargo, el Papa Juan Pablo II, en su primer viaje a España en el año 1982 recordó en su discurso oficial con las siguientes palabras: “…fue conquistada para la fe por el afán misionero de los Siete Varones Apostólicos”.