Orígenes cristianos en España (2)

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Como decíamos en la entrada anterior, click el segundo documento histórico que prueba la existencia de una comunidad cristiana organizada en España, pharm es la carta número 67 de San Cipriano.
San Cipriano fue Obispo de Cartago entre los años 249 y 258 y murió decapitado en su ciudad por órdenes del procónsul Galerio, que posteriormente llegaría a ser emperador romano entre los años 305 y 311.
El origen de la carta se remonta a lo que se conoce con el nombre de “conflicto de los Obispos Basílides y Marcial”.
Aunque los historiadores españoles se decantan mayoritariamente en afirmar que Basílides era obispo de Astorga y Marcial de Mérida, existen otras opiniones como la del profesor Ramón Teja que sostiene que era al revés, Basílides de Mérida, al que sucedió Sabino y Marcial de Astorga que fue reemplazado por Félix.
Durante la persecución de Decio, Emperador romano entre 249 y251, ambos obispos apostataron, al pedir a los magistrados gentiles el que era un documento que los ponía a salvo de la persecución, como si hubiesen idolatrado.
Pero además de esto, el comportamiento personal de ambos obispos no era precisamente muy ejemplar, Marcial hizo actos públicos de paganismo, enterrando a sus hijos en lugares profanos, asistiendo a los convites de los gentiles y renegando de la fe, Basílides blasfemó de Cristo en una grave enfermedad.
Ante estos hechos, reunidas las Iglesias de Astorga y Mérida acordaron deponer a sus obispos y nombrar en su lugar a Sabino y a Félix.
Pero surgió el conflicto cuando Basílides recurrió a Esteban, Obispo de Roma y este, probablemente careciendo de la información precisa lo repuso en su puesto. Marcial tuvo semejantes pretensiones al ver el éxito obtenido por su compañero.
Las iglesias españolas consultaron al Obispo de Cartago San Cipriano, dadas las buenas relaciones existentes con esa iglesia. San Cipriano consultó a 36 Obispos de África que llegaron al acuerdo de que la deposición de los apóstatas era legítima, dado que estaba en vigor la Constitución del Papa San Cornelio, que admitía a los libeláticos a penitencia pública, pero no al ministerio sacerdotal.
Y conforme a esta decisión, San Cipriano respondió con la que está clasificada como la número 67 entre las 81 cartas que se conservan de Cipriano.
Esta carta fue escrita en 254, va dirigida al presbítero Félix y a las comunidades cristianas de León y Astorga, así como al diácono Elio y la comunidad de Mérida y es el primer documento que tenemos que de una forma explícita pone de manifiesto la existencia en Hispania, a mediados del siglo III, de comunidades cristianas plenamente organizadas con diáconos, presbíteros y obispos.
La existencia de esta carta y las conclusiones rigoristas del Concilio de Elvira del que se conservan las actas y que tuvo lugar alrededor de la primera década del siglo IV, similares a las imperantes en África, hacen pensar a algunos autores en la procedencia africana del cristianismo hispano.
En 1967 el profesor Manuel C. Díaz y Díaz (1924-2008) argumentó a favor de esta hipótesis basándose en la carta de Cipriano, según él, en aquellas fechas las comunidades cristianas solían apelar a sus iglesias madres y además poco antes de la apelación de las dos comunidades, Mérida y Astorga, a Cartago, se había trasladado desde el norte de África hasta Astorga y León la recién fundada legio VII Gemina y con ella pudieron llegar al norte peninsular los primeros cristianos, aunque el autor no descarta la posibilidad de que algunos cristianos hispánicos se convirtieran en Roma.
Esta teoría fue desarrollada por el historiador José María Blázquez, catedrático emérito de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid, que justifica la necesidad de encontrar un origen único para nuestro cristianismo en “el deseo hondo y acuciante de presentar una Iglesia cuyos remotos orígenes conectaran inmediatamente con los apóstoles”.
El jesuita Manuel Sotomayor Muro, opina que los planteamientos de estos dos autores sólo probarían, en todo caso influencias, pero no necesariamente origen.
Los historiadores tienen materia para estudiar y aclarar estos asuntos, para nosotros, la conclusión cierta es que en España existían comunidades cristianas organizadas en los inicios del siglo II, lo que no excluye, aunque no se tengan pruebas históricas, una fecha más temprana del inicio del cristianismo en España.