Orígenes cristianos en España (y 3)

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Afirmar que no es cierto aquello de lo que no se poseen pruebas históricas, generic es una actitud inapropiada de la misma magnitud que afirmar con rotundidad hechos que no son demostrables.
En ambos casos, thumb quienes niegan la venida de Santiago a España por la inexistencia de pruebas concluyentes, como quienes aseguran, fuera de toda duda, que fue el primer apóstol que visitó la Península están cayendo en un error similar.
Por eso más que hablar de presencia o ausencia de forma rotunda, sería conveniente hablar en términos de verosimilitud de la evangelización de Hispania por Santiago el Mayor.
En los mismos términos habría que hablar de, como dice la tradición, la venida de San Pablo a Tarragona. Aunque en este caso se parte de algo cierto, el deseo expresado por el mimo Pablo en su Carta a los Romanos.
Hay que señalar que existe un silencio total de las fuentes españolas, que contrasta con las referencias a la venida a España de San Pablo desde los primeros momentos del cristianismo, de otras fuentes.
San Clemente Romano en su Carta a los Corintios del año 100 dice al final del capítulo V “Después de haber estado siete veces en grillos, de haber sido desterrado, apedreado, predicado en el Oriente y el Occidente, ganó el noble renombre que fue el premio de su fe, habiendo enseñado justicia a todo el mundo y alcanzado los extremos más distantes del Occidente”. Evidentemente en esos tiempos “los extremos más distantes de Occidente” eran la península Ibérica.
En el códice de Muratori (170) se dice textualmente “del viaje de Pablo desde la Urbe a España”.
A partir del siglo IV existen multitud de testimonios de San Jerónimo, San Juan Crisóstomo, San Epifanio y otros.
No obstante los historiadores consideran que todas estas manifestaciones pudieran estar basadas más en los deseos expresados por el Apóstol que en realidades concretas.
Si nos vamos al campo de la verosimilitud, es verosímil que Pablo pudiera haber viajado a Hispania, pero como dijo el catedrático Díaz y Díaz de la Universidad de Santiago: “Ninguna iglesia local ha conservado la menor huella de esta actividad paulina, ni el recuerdo de esta evangelización, ni ha reclamado jamás este noble origen. Si en realidad, vino Pablo a España, se produjo una discontinuidad entre su predicación y la vida eclesiástica posterior, sus fundaciones, si las llego a haber, no pervivieron; ninguna Iglesia podría con derecho llamarse paulina, porque sus orígenes no presentan continuidad con las comunidades posteriores”.
El primer testimonio hispánico sobre la venida de Santiago a España lo tenemos en la obra atribuida a San Isidoro “De ortu et obitu Patrum”, escrita con anterioridad al año 612, en la que se dice que Santiago predico el evangelio a las gentes de Hispania y de las partes occidentales.
No se conocen las fuentes de San Isidro para esta afirmación, pero en el Breviarium Apostolorum del año 600 se repite casi literalmente la frase, que no es aceptada por los estudiosos porque afirman que es una interpolación de los traductores del griego de esta obra, dado que en los Catálogos bizantinos o Catálogos apostólicos de los que procede no se incluye la mención a Santiago en España.
Al igual que con el tema de San Pablo, el argumento para negar la visita de Santiago es el silencio de los eruditos españoles, no lo mencionan Prudencio (348-410), el prolífico poeta de Calahorra, tampoco lo hace el historiador y teólogo Paulo Orosio (383-420) que escribió con intención apologética una Historia Universal y tampoco obispo Hidacio (388-470), quien ha llegado a ser reconocido como el primer cronista de la historia española.
El Beato de Liébana, (¿-876) un monje del Monasterio de San Martín de Turieno (actualmente Monasterio de Santo Toribio de Liébana), en Cantabria, cerca de los Picos de Europa, escribió un Comentario al Apocalipsis, en el que menciona a Santiago como evangelizador de España. El Beato propuso al rey de Asturias Mauregato (783-788) que Santiago fuese el Patrón de España y la Corte aceptó la propuesta.
Probablemente lo que hace el Beato de Liébana es institucionalizar una devoción que existía en España desde mucho antes.
No obstante a partir del siglo VII hasta el siglo XVI existía un convencimiento casi unánime de la Iglesia de la venida de Santiago. Pero esto cambió cuando el Papa Pío V decidió revisar el Breviario Romano en 1568, en el cual todos los sacerdotes del mundo recordaban la tradición jacobea: “Después de haber evangelizado en Judea y Samaria, recorrió Santiago España, y habiendo predicado allí el Evangelio volvió a Jerusalén”.
En el año 1592 en la comisión reformadora del Breviario se incluyó al cardenal Boronio y al que posteriormente seria conocido como San Roberto Belarmino, ambos aceptaron la opinión del canónigo toledano García de Loaysa, que llegó a ser Arzobispo de Toledo, quien rechazaba la tradición jacobea, eliminando del Breviario la referencia a Santiago.
Esta decisión fue reclamada por personalidades españolas, incluido el rey Felipe III, pero la decisión de la Iglesia fue que se incluyera en el Breviario la frase “El haber venido Santiago a España y haber convertido allí a algunos a la fe es tradición de las Iglesias de aquella Provincia. De entre los convertidos, siete, ordenados después obispos por San Pedro, se dirigieron los primeros a España”.
Esta solución que reducía al ámbito hispano el problema siguió siendo reclamada por los españoles y en el 1629 el Papa Urbano nombró una comisión de nueve Cardenales para resolver el problema existente con España; los españoles alegaron que las opiniones de García de Loaysa contenían un vicio histórico y por esta y por razones de índole diplomática y práctica, el texto se rectificó a su contenido inicial, hasta que con el Vaticano II se eliminó sin controversia alguna.
Vemos que el paso de Santiago por Hispania no se puede afirmar con rotundidad, por lo que probablemente hay que trasladar al terreno de las creencias personales lo que dice la tradición, que Santiago Apóstol, hermano de Juan e hijo de Zebedeo recibió el mandato de evangelizar Hispania, antes de salir lo bendice la Madre del Señor y le pide una basílica en el lugar donde mayor número de personas se conviertan. Santiago estuvo en Asturias, donde convirtió a una persona, en Galicia y Castilla, llegando a Aragón donde convirtió a ocho personas, ordenando presbítero a una de ellas.
A las orillas del río Ebro se le aparece la Virgen Maria sobre una columna y ahí es donde decide construir una basílica.