Orígenes judíos del culto cristiano

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En los comienzos de la nueva religión, see sus miembros eran, en su mayoría, personas procedentes de la religión judía y por tanto de cultura judía. El cristianismo debió de suponerles un cambio radical en su forma de vida, puesto que el ser judío era algo más que miembro de un religión.
De la misma forma que la religión cristiana necesitó de un tiempo para que fuera vista como algo autónomo de la religión judía; los antiguos judíos, ahora cristianos, necesitaron de un tiempo para separarse de sus antiguas prácticas religiosas.
Los Hechos de los Apóstoles nos dan dos ejemplos de lo dicho anteriormente.
Cuando alredor del año 52, Pablo es llevado por unos judíos frente al tribunal de Galión, proconsul de Acaya, provincia a la que pertenecía Corintio, acusado de dar culto a Dios de un modo contrario a la Ley, el proconsul los expulsa diciendo “tratándose de cuestiones de doctrina, de nombres y de vuestra Ley, allá vosotros lo veáis; yo no quiero ser juez en tales cosas.” (Hch 18 15).Vemos como Galión identifica a cristianos y judíos, aunque ya habían pasado más de veinte años de la muerte y resurrección de Jesús.
Sobre la continuidad de las prácticas religiosas judías por parte de los cristianos, son varias las situaciones que presentan los Hechos, en las que vemos que los Apóstoles continuaban rezando cuando lo hacían anteriormente, como por ejemplo, cuando Juan y Pedro suben a orar al Templo a la hora nona, hora del sacrificio de la tarde, la “maaríiv” judía (Hch 3, 1); o cuando a la sexta o mediodía “subió Pedro al terrado, sobre la hora sexta, para hacer oración” (Hch 10, 9) y a la tercia, la hora del sacrificio de la mañana, que los judíos denominan “shajarit” (Hch 2, 1). Vemos que no solamente que rezaban en el Templo, si no que lo hacían además con la misma periodicidad judía, como leemos en el salmo, “A la tarde, a la mañana, al medio día me quejo y gimo, y oye mi clamor.” (Sal 55, 18).
Los textos canónicos no hacen ninguna descripción completa de cómo eran los actos litúrgicos o el culto cristianos en esos primeros momentos, en los Hechos en el capitulo segundo, se hace referencia, de forma genérica, a cuatro actividades o características de estos primeros cristianos: asistencia asidua a la enseñanza de los Apóstoles, unión o comunidad de bienes y fracción del pan y oraciones. Es decir enseñanza, caridad y culto, si unimos la fracción del pan y las oraciones.
En la primera Carta a los Corintios de San Pablo, vemos como celebraban la fracción del pan precedida por una comida fraternal.
Sin embargo, una fuente fundamental para entender como era el culto cristiano en esos primeros momentos es la Didaché (enseñanza) o Doctrina de los Doce Apóstoles, uno de los documentos cristianos no canónico más antiguos, escrito entre los años 65 y 80, de autor Anónimo y escrito, con mucha probabilidad, en Siria.
En los capítulos del VII al X la Didaché trata del bautismo, del ayuno, de la oración y de la eucaristía.
La Didaché es el primer texto cristiano no canónico que incluye el Padrenuestro, con la indicación de la obligación que tienen los fieles de rezarlo tres veces al día, en clara similitud con la obligación judaica de rezar la Shemá. Así mismo contiene las preces eucarísticas más antiguas que poseemos.
En el capitulo catorce habla de la penitencia sacramental, necesaria antes de recibir la Eucaristía, “Cuando os reuniereis en el domingo del Señor, partid el pan, y para que el sacrificio sea puro, dad gracias después de haber confesado vuestros pecados”. Obsérvese como la práctica dominical ya estaba implantada.
Vemos pues que sin saber exactamente el contenido de los actos cultuales, los cristianos del siglo I, eran bautizados, se confesaban, recibían la eucaristía y dedicaban el domingo al Señor, además de ayunar, hacer oración y realizar practicas de caridad.
Como resumen podríamos decir, que los primeros cristianos no rompen con el Templo (Cfr. Hch 2, 26), al menos hasta la segunda mitad del primer siglo, sin embargo, hacen del Evangelio la base de su culto y a Jesús, el Señor Resucitado, el centro de su oración.
Los cristianos continúan asistiendo a los servicios de las sinagogas que se realizaban durante las mañanas de los sábados. Un ejemplo de ello lo tenemos en los Hechos, cuando un sábado, San Pablo llega a la sinagoga de Antioquia de Pisidia y es invitado a realizar la predicación (Cfr. Hch 13, 15).
Pero poco a poco, los tres conceptos básicos del culto judío de la antigua Alianza: templo, sacerdote y sacrificio, son reinterpretados según la nueva identidad, pues como dice San Pedro en su primera Epístola “Vosotros, como piedras vivas, sois edificados como casa espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo” (I Pe 2, 5).
La realidad histórica nos indica que cuando los primeros cristianos dejaron definitivamente la sinagoga se llevaron con ellos los textos sagrados, las Escrituras, puesto que carecían de escritos propios, e incluso cuando estos comenzaron a existir, como los primeros relatos de la Pasión, siguieron utilizando el, ahora denominado, Antiguo Testamento, aunque bajo un punto de vista diferente, pues para ellos todo se centraba en Jesús y en la naciente cristología que se estaba iniciando.
Pues como tres siglos más tarde, San Agustín dirá “el Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, mientras que el Antiguo se hace manifiesto en el Nuevo”.