Otra visión del día de San Valentín

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El día de San Valentín, ampoule en su versión profana, tiene en nuestra sociedad occidental tal repercusión popular que difícilmente podemos desconocer que se celebra el 14 de febrero.
Lamentablemente, pasa más desapercibido el recuerdo de las apariciones de Lourdes, que se celebra tres días antes o de la memoria de los “apósteles eslavos”, los hermanos Cirilo y Metodio, declarados por el beato Juan Pablo II, copatronos de Europa, con la Carta Apostólica Egregiae virtutis, del 31 de diciembre de 1980, y que la Iglesia conmemora el mismo día que San Valentín.
Con lo que respecta a España, tenemos una prueba más de la fuerza del marketing, porque “el día de los enamorados”, en su versión hispánica, es una celebración de origen anglosajón.
Pero veamos primero quien fue ese San Valentín que también la Iglesia recuerda el 14 de febrero.
Parece ser que la festividad fue establecida por el Papa Gelasio I en el año 496, quien incluyó a San Valentín entre otros santos “que sus nombres eran reverenciados por los hombres, pero que sus hechos solo los conocía Dios”.
San Valentín vivió en tiempos del emperador Claudio II (213-270), no existen datos contrastados de su vida, parece que fue médico y fue encarcelado por ayudar a los cristianos, Fue decapitado en Roma, entre los años 269 y 273, cerca de la Porta Flaminia, lugar conocido hoy como Piazza del Popolo.
La primera representación de San Valentín la encontramos en la Crónica de Nuremberg, una historia del mundo, escrita en latín en 1493, por el humanista e historiador alemán Hartmann Schedel (1440-1514).
Como es natural existen muchos santos con el nombre de Valentín, incluso confusiones entre ellos. En algunos martirologios antiguos aparece san Valentín de Termi, pero parece que es el mismo que “nuestro” san Valentín.
El martirologio incluye al obispo de la antigua provincia romana de Retia, muerto en el año 450 (7 de enero) y a otros cuatro santos españoles con el nombre de Valentín, un presbítero y eremita del siglo V (4 de julio), un mártir del año 1936, Valentín Jaunzarás Gómez (18 de septiembre), un ermitaño del siglo VIII (26 de octubre) y el obispo Berrio Ochoa, martirizado junto a otros 117 católicos en Asia en 1839, (24 de noviembre).
Pero a pesar de tener tantos “san valentines” solo nos acordamos del que se recuerda el 14 de febrero y desde luego, en la mayoría de los casos, no por motivos religiosos.
Lo que de una forma tan amplia se celebra comenzó en el siglo XVIII, cuando el sacerdote católico ingles Alban Butler (1710-1773), y el anticuario, también ingles, Francis Douce (1757-1834) observando la oscuridad de la identidad de San Valentín, sugirieron que el día de San Valentín fue creado como un intento de reemplazar la fiesta pagana de la Lupercalia.
Lupercus era en la mitología romana el dios de los pastores, identificado con el dios Fauno. Los romanos celebraban la Lupercalia, una fiesta que se celebraba entre el 13 y 15 de febrero, aniversario de la fundación del templo a Lupercus para evitar los malos espíritus, purificar la ciudad, la liberación de la salud y la fertilidad.
Esta teoría ha sido contestada por Jack B. Oruch, profesor de la Universidad de Kansas, que en un trabajo publicado en 1981, dice que muchas de las leyendas actuales sobre San Valentín se inventaron en el siglo XIV en Inglaterra, por Geoffrey Chaucer (1343-1400) y su círculo, cuando asociaron el 14 de febrero con el amor romántico. Chaucer, conocido como el padre de la literatura inglesa, es considerado el mayor poeta inglés de la Edad Media.
La investigación literaria de Oruch no encuentra antes de Chaucer ninguna asociación entre san Valentín y el amor.