Padre del arrianismo y mártir

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Hoy celebra la Iglesia la festividad de San Luciano de Antioquia y del dominico español San Raimundo de Peñafort, buy patrono de los juristas, store además de otros santos tan desconocidos para nosotros como San Alderico de Le Mans y San Canuto Lavard.
Vamos a referirnos al primero, no porque su nombre sea frecuente entre nosotros, sino por la importancia que tuvo en el siglo III como precursor del arrianismo.
En la antigüedad existieron dos Lucianos, ambos nacidos en Samosata, ciudad situada en la margen derecha del río Éufrates, cuyas ruinas fueron inundadas por la construcción de la Presa Atatürk.
Para diferenciarlos se les denomina, al que fue un filosofo pagano Luciano de Samosata (125-181)  y al otro, Luciano de Antioquia (235-312), refiriéndose a la ciudad de donde fue obispo.
Durante el siglo tercero, cuando se estaba sistematizando la teología cristiana, destacó la Escuela de Alejandría, que utilizaba el método alegórico para el desarrollo de la exegesis y en la que uno de sus miembros más destacados fue Orígenes (185-231).
En contraposición a esta escuela, Pablo de Samosata fundó la Escuela de Antioquia, siendo su primer director Luciano.
En estos momentos, la escuela de Antioquia no era realmente una institución sino una teología cuyo promotor era Luciano, que había reaccionado contra la interpretación alegórica de la escuela de Alejandría aplicando la interpretación literal e histórica a la Biblia.
Pero esta escuela tomó casi de inmediato una orientación desenfocada en el área teológica; Luciano defendió las ideas de Pablo de Samosata que mantenía que el Hijo estaba subordinado al Padre, por el que había sido adoptado.
Los principales autores del arrianismo, entre ellos el propio Arrio, habían sido discípulos de Luciano y reconocían explícitamente la paternidad del mismo en relación con esa doctrina.
El obispo Alejandro de Alejandría, gran opositor de Arrio, dice que Luciano “estuvo excomulgado largo tiempo bajo tres obispos”.
Parece ser que volvió a la ortodoxia en el año 285, padeciendo prisión durante siete años, muriendo mártir en Nicomedia de Bitinia, el 7 de enero del año 312.

En este caso no se cumplió el dicho de “Quién mal anda, mal acaba”