Regina Coeli

Print Friendly

El pasado domingo de Pascua y el lunes del Ángel, pilule Su Santidad el Papa Francisco rezo el Regina Coeli en la plaza de San Pedro, continuando con la costumbre que estableció Juan XXIII, de rezar públicamente el Ángelus o el Regina Coeli, según el tiempo litúrgico, todos los domingos y días de fiesta.
Tras la oración a la Madre de Dios, Juan XXIII impartía su bendición y aprovechaba para dirigirse a los presentes, de la misma forma que han seguido haciendo los Papas que le sucedieron.
Desde “la ventana más querida y amada del mundo” según palabras del portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, el Papa Francisco el pasado lunes de la octava de Pascua, después del rezo de la antífona mariana, siguiendo su estilo habitual pidió “ Oremos juntos, en el nombre del Señor muerto y resucitado, y por intercesión de María Santísima, para que el Misterio pascual obre profundamente en nosotros y en nuestro tiempo, para que el odio deje el lugar al amor, la mentira a la verdad, la vendetta al perdón, la tristeza a la alegría”.
Termino con esa familiaridad que se ira imponiendo, deseando “Buena Pascua a todos y buen almuerzo” que recuerdan aquel famoso discurso de Juan XXIII en el que se despidió de los que le escuchaban con la entrañable frase “Regresando a casa, encontraréis a los niños; hacedles una caricia y decidles: ésta es la caricia del papa”.
Nos estamos refiriendo al discurso improvisado que pronunció Juan XXIII la noche del 11 de octubre de 1962, el día que se inauguró concilio Vaticano II. Al ver que una multitud (más de cien mil personas) estaban congregadas en la Plaza de San Pedro, Mons. Loris Francesco Capovilla, entonces secretario del Papa, lo invitó a mirar a través de las cortinas.
El Pontífice se asomó y se quedó asombrado. “Abre la ventana, daré la bendición, pero no hablaré”, le dijo a su secretario. No estaban encendidas las luces de la Plaza dado que no estaba previsto ningún acto. Ante las luces de las velas y de las antorchas el Papa improviso el célebre discurso que ha venido llamándose el discurso de la luna.
Pero siguiendo, después de este largo excurso, con el Regina Coeli, digamos que esta antífona es en cierta manera la felicitación a María por la resurrección de su Hijo Jesucristo.
El Regina Coeli sustituye el rezo del Ángelus durante los cincuenta días que dura el tiempo pascual. Litúrgicamente está prescrita en el Breviario Romano desde las completas del Sábado Santo hasta la hora nona del sábado posterior a Pentecostés. Debe ser cantada o rezada en coro y de pie.
Esta oración es de autor desconocido, la tradición se la atribuye al Papa San Gregorio Magno (540-604), sabiéndose que ya se rezaba en el siglo XII y que los frailes menores franciscanos la rezaban después del oficio de Completas ya en la primera mitad del siglo XIII. También se ha atribuido al Papa Gregorio V (970-999), aunque sin sólido fundamento.
El Directorio Sobre la Piedad Popular y la Liturgia, publicado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en 2002, se indica en el punto 196: “Durante el tiempo pascual, por disposición del Papa Benedicto XIV (20 de Abril de 1742), en lugar del Ángelus Domini se recita la célebre antífona Regina Coeli. Esta antífona, que se remonta probablemente al siglo X-XI, asocia de una manera feliz el misterio de la encarnación del Verbo (el Señor, a quien has merecido llevar) con el acontecimiento pascual (resucitó, según su palabra), mientras que la “invitación a la alegría” (Alégrate) que la comunidad eclesial dirige a la Madre por la resurrección del Hijo, remite y depende de la “invitación a la alegría” (“Alégrate, llena de gracia”: Lc 1,28) que Gabriel dirigió a la humilde Sierva del Señor, llamada a ser la madre del Mesías salvador.”
En el Tratado de las Indulgencias en General y en Particular, escrito por Fray Juan Calzada, publicado en La Habana en 1840, hablando de las indulgencias otorgadas por Benedicto XIII el 14 de septiembre de 1724, a los fieles que al tocar la campana por la mañana o al medio día o por la tarde, recen de rodillas el Ángelus, añade en la pág. 156 del texto “Es preciso advertir que confirmando Benedicto XIV las referidas indulgencias el día 20 de abril de 1742, dispuso con arreglo a lo que ordenan las Rubricas, que los sábados desde las vísperas, en los domingos de todo el año y en tiempo pascual, no se recen las Ave-Marías de rodillas, sino en pie. También ordenó que en todo el tiempo pascual, que empieza el Sábado Santo y acaba en las vísperas de la Santísima Trinidad se rece en lugar de dichas preces la antífona Regina Coeli con su verso y oración; y los que no la sepan, ganen las mismas indulgencias rezando el Ángelus. Consta todo esto de un Edicto o Notificación que publicó en Roma el Cardenal [Fray Juan Antonio] Guadagni, Vicario General de Benedicto XIV y que puedes leer si gustas en Guijarro [Francisco Guijarro en el Buen uso de la Teología Moral tomo 2º, trat.9º, pregunta 7ª]”.
Más adelante aclara, o más bien justifica, que para ganar las indulgencias no es necesario rezar también tres Ave-Marías cuando se reza el Regina Coeli, dado que el dominico Francisco Guijarro (O. P.) en el citado texto, que fue publicado en 1794 en Valencia, en la pág. 130 dice lo contrario.