San Justino

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San Justino, clinic filósofo y mártir, cialis el más importante de los padres apologistas del siglo II, representa un nuevo tipo de cristiano, nació alrededor del año 100 en Palestina, en Flavia Neápolis, colonia romana fundada por Vespasiano en el año 72 d. C. en el lugar de la bíblica Siquem, hoy Nablus, de padres paganos y origen romano, pronto inició su itinerario intelectual frecuentando las escuelas estoica, aristotélica, pitagórica y platónica, es un filósofo griego que después de convertido conserva sus hábitos de pensamiento y su estilo de vida.
La búsqueda de la verdad y el heroísmo de los mártires cristianos provocaron su conversión al cristianismo, cuando tenía alrededor de 30 años. Desde ese momento, permaneciendo siempre laico, puso sus conocimientos filosóficos al servicio de la fe, siendo el primer escritor que intenta establecer una conexión entre el cristianismo y la filosofía pagana.
Llegó a Roma durante el reinado de Marco Aurelio y fundó una escuela, la primera de filosofía cristiana, teniendo discusiones con el filósofo cínico Crescente, quien acusaba públicamente a los cristianos de ateísmo y de impiedad.
Por el solo delito de confesar su fe, fue condenado a muerte por el procurador Junio Rústico, con otros seis compañeros, Caritón, Caridad, Evelpisto, Hierax, Peón y Liberiano; fue decapitado, probablemente en el año 165.
De sus escritos, sólo conservamos dos Apologías, escritas entre el 150 y 165 en defensa de los cristianos, dirigidas al emperador Antonino Pío; y una obra titulada Diálogo con el judío Trifón”, donde defiende la fe cristiana de los ataques del judaísmo y relata autobiográficamente su conversión. Esta apología es la más antigua que se conserva contra los judíos.
Estudios recientes nos muestran que más que de dos Apologías, estamos realmente ante la existencia de una sola obra, Charles Munier, profesor honorario de Historia Antigua de la Iglesia de la Universidad de Estrasburgo, en su obra “Saint Justin, Apologie pour les chrétiens”, 1995, afirma “los dos escritos que la traducción manuscrita nos ha conservado bajos los nombres de Apología I y II constituyen en realidad una obra única, presentada en Roma como una petición personalmente dirigida al emperador Antonino y a sus hijos adoptivos con el fin de obtener un cambio radical en la política imperial hacia los cristianos”.
El Dialogo, una obra con 142 capítulos, de la que se ha perdido la introducción y una parte del capítulo 74, fue escrito con posterioridad a las Apologías, puesto que en el capitulo 120 hace una referencia a la primera de ellas.
La introducción tiene forma de dialogo, al estilo de los Diálogos de Platón y en ella el autor cuenta su vida (2-8). En la primera parte (9-47), argumenta con el Antiguo Testamento la validez del cristianismo frente a la ley mosaica. La segunda parte (48-108) muestra porqué Cristo ha de ser adorado. La tercera parte (109-142) prueba que las naciones que creen en Cristo y siguen su ley representan al nuevo Israel y al verdadero pueblo escogido de Dios.
Las Apologías y el Dialogo a pesar de ser dos obras en defensa de la fe cristiana utilizan una metodología diferente, dado que las primeras tienen como destinatario una persona y el segundo están claramente dirigido contra el pueblo judío; si se observa las referencias al Antiguo Testamento se comprueba como Justino elige aquellos pasajes que hablan del repudio de Israel y de la elección de los gentiles, poniendo de manifiesto la situación a la que se enfrentaban judíos y cristianos en este siglo II. Lo que unos y otros buscaban no era la convivencia, sino la conversión del contrario y su consiguiente desaparición como grupo religioso.
Las consecuencias fueron que el cristianismo dejo de verse como una secta heterodoxa del judaísmo y se presentara ante la sociedad y ante sus propios fieles como una religión autónoma.
Tanto el propio autor, como Eusebio o San Ireneo hacen referencia a muchas otras obras escritas por San Justino, incluso en algunos manuscritos se conservan obras falsamente atribuidas a él, que se conocen genéricamente con el nombre de pseudo-justinianas.
Justino es citado en el punto 2174 del Catecismo y el Concilio Vaticano II estableció su enseñanza en dos de sus textos fundamentales: la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, y la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et Spes.