¿Santiago o Prisciliano?

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Como hemos comentado anteriormente Prisciliano, sovaldi Obispo de Ávila y líder del movimiento herético hispánico surgido a finales del siglo IV, fue ajusticiado y su cuerpo y los de sus seguidores fueron traídos por sus fieles a Hispania, tal vez a Galicia.
La muerte de Prisciliano y sus seguidores, en el año 385, tuvo un efecto inesperado, el número y el celo de los herejes aumentaron y se veneró como santos y mártires a los que habían sido ejecutados.
En el primer concilio de Toledo del año 400 que fue convocado el día 7 de septiembre de 397 y que terminó tres años mas tarde, se vuelve a condenar el priscilianismo.
Pero a pesar de estos esfuerzos y otros posteriores, la secta siguió propagándose durante el siglo V, para declinar en el siglo VI y tras el sínodo de Braga del año 553, que legisló en su contra, desapareció.
Duchèsne, en su obra Saint Jacques en Galice, que publicó en la revista de Toulouse Annales du Midí en 1900, dice “Si los católicos en esta región no han tenido santos locales, otra fue la suerte de los priscilianistas. Entre ellos el jefe de la secta obtuvo gran honor.” “¿Dónde fueron celebrados sus funerales? Prisciliano era obispo de Ávila en Lusitania; pero es poco probable que su culto haya florecido en esta región, que volvió en seguida a la ortodoxia. No existe ningún texto, ni indicio que permita creer que los llamados santos del priscilianismo hayan recibido sepultura en Galicia, pero es de notar, como se ha visto, que fue en este país donde conservaron por más largo tiempo la simpatía del pueblo”.
Parece que Duchèsne establece un paralelismo entre Santiago y Prisciliano, quizás solamente insinúa, al carecer de pruebas, lo que luego otros estudiosos, como el arqueólogo alemán Theodor Hauschild, han supuesto, que los restos del apóstol Santiago venerados desde el siglo IX en Compostela, no son otros que los de Prisciliano y sus compañeros, únicos personajes de cuyo culto hay constancia en Galicia hasta el siglo VII.
El que fue canónigo de la Catedral de Santiago Juan José Cebrián Santos (1933-2009) se opone totalmente a esta hipótesis argumentando que los sepulcros descubiertos en el subsuelo de la Catedral son únicamente tres y los esqueletos contenidos en ellos pertenecen a tres varones, según el dictamen de los doctores Antonio Casares, Francisco Freire Barreiro y Timoteo Sánchez Freire.
Prisciliano y los compañeros fueron siete y de ellos uno era mujer, existiendo certeza de que fueron trasladaos a España cinco, y probablemente todos. El sepulcro central, atribuido desde siempre al Apóstol fue cubierto con un mosaico de mármol hasta el siglo XIX. Este mosaico ha sido estudiado de forma exhaustiva por el profesor Don Isidoro Millán González-Pardo. Según este estudio pertenece a la segunda mitad del siglo II (175/230). Prisciliano vive, muere y es sepultado en el siglo IV (385).
Como vemos, existen dos opiniones en relación con la identidad de los restos que están enterrados en la Catedral Compostelana.
El descubrimiento del sepulcro de Santiago en Galicia se remonta al siglo IX, cuando el obispo Teodomiro, de Iria Flavia, en la actualidad una parroquia del Concello de Padrón, es informado en el 813, por un ermitaño llamado Pelayo, del descubrimiento de un sepulcro que Teodomiro certificó que contenía los restos del apóstol Santiago el Mayor y de sus discípulos Teodoro y Atanasio que le acompañaron desde Palestina.
Pelayo (Pelagio) era un anacoreta que se encontraba retirado en el bosque de Libredón sobre una colina que rodean los ríos Sar y Sarela. Una lluvia de estrellas comenzó a caer sobre un punto determinado, lo que interpretó como un mensaje divino y comenzó a buscar, encontrando un sepulcro. Dio cuenta al obispo Teodomiro y le dijo que se encontraba en lo que el llamaba un campo de estrellas (campus stelae).
Teodomiro puso de inmediato el hecho en conocimiento del rey de Asturias Alfonso II el Casto (760-842), que acudió rápidamente desde Oviedo para visitar el lugar, mandando construir una capilla en honor de Santiago.
A esta capilla le sucedió una primera iglesia el año 829 y posteriormente una iglesia prerrománica en el año 899, construida por orden del rey Alfonso III, convirtiéndose gradualmente en un importante lugar de peregrinaje. Está documentado que en el año 950, el obispo francés de Le Puy-en-Velay, Gotescalco, peregrinó hasta el sepulcro,  siendo considerado como el primer peregrino extranjero.
La tradición jacobea de la translatio nos asegura que Santiago vino a predicar el Evangelio a Hispania durante el siglo I y que después de regresar a Jerusalén fue decapitado en el año 44 por Herodes, convirtiéndose así en el primer Apóstol mártir.
Después de su muerte, los discípulos del apóstol pusieron el cuerpo de Santiago en una embarcación en Palestina y ésta fue guiada con la ayuda de unos ángeles hasta el puerto de Iria Flavia, en la Galicia romana.
El primer texto que narra con detalles precisos los orígenes de la iglesia de Compostela, la muerte de Santiago, el traslado de su cuerpo a la península y su posterior enterramiento en Galicia es la Concordia de Antealtares, un documento legal establecido entre San Fagildo, abad del monasterio de San Paio de Antealtares y Diego Peláez, Obispo de Santiago de Compostela, el 17 de agosto de 1077. En el documento los monjes cedían terrenos para la ampliación de la catedral de Santiago de Compostela, iniciada en 1075, lo que suponía la destrucción de parte del monasterio. Es decir la construcción de la actual catedral se inició en 1075 bajo el reinado de Alfonso VI, terminándose en 1122.
El monasterio de San Payo (llamado Antealtares, por estar justo enfrente de la catedral compostelana) se fundó en el siglo IX para albergar a unos religiosos que custodiaban el sepulcro de Santiago Apóstol. Está situado en la Plaza de la Quintana, justo frente a los muros orientales de la Catedral donde están la Puerta Santa y la fachada de la Puerta Real.
La última etapa de la construcción de la Catedral románica comienza en 1168 cuando se encarga al maestro Mateo la realización de la cripta y el Pórtico de la Gloria. La catedral es definitivamente consagrada el 21 de abril de 1211, por el arzobispo Pedro Muñiz, en presencia del rey Alfonso IX y su hijo el infante Fernando, además de numerosas autoridades eclesiásticas y civiles.
La iglesia se convierte en sede episcopal en 1075 y debido a su creciente importancia como lugar de peregrinación, el Papa Calixto II la consolida como sede arzobispal en 1120, cuando gobernaba el obispo Gelmírez.
El obispo Diego Gelmírez, responsable de la redacción de la Historia Compostelana (1110), es la persona clave en la transformación histórica de la leyenda jacobea. Gelmírez determinó, con su enérgica religiosidad y sus extraordinarias virtudes políticas, la reconstrucción de la ciudad compostelana iniciada por don Cresónimo en el siglo XI, después del ataque realizado a la ciudad en el verano del 997 por Almanzor, el caudillo del Califato de Córdoba.
La presencia del culto jacobeo en la península Ibérica y la eficacia del Camino de Santiago sirvieron para unir el noroeste peninsular con el resto de Europa, influyendo de manera directa en casi todas las expresiones económicas, artísticas y culturales de la Edad Media.
Como dijo el gran historiador D. Claudio Sánchez de Albornoz “la realidad de la presencia del cuerpo de Santiago en Compostela no habría producido resultados de mayor relieve histórico que los provocados por la fe clara, firme, profunda y exaltada que tuvieron los españoles y los europeos durante muchos siglos en la milagrosa arribada de los restos apostólicos a tierras de Galicia. La fe remueve montañas. Poco importa que el sepulcro compostelano sea o no el sepulcro del Apóstol”