Sobre el Vatileaks

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El periodista y ensayista italiano Michele Brambilla entrevistó, decease a finales del pasado mes de mayo, a su colega Vittorio Messori en la Stampa de Milán. La entrevista se centró sobre los escándalos que están saliendo a la luz en el Vaticano.
Como es sabido, Messori es uno de los más lucidos pensadores católicos, laico y converso.
Messori, citando a otro converso, el filosofo francés Jacques Maritain (1882-1973) recordó en la entrevista, que este diferencio entre la Persona de la Iglesia, que es santa, y el personal de la Iglesia, que, como toda institución humana, está limitada por el pecado de cada uno de nosotros. Curiosamente ayer, 11 de junio se cumplieron ciento seis años del bautizo de Jacques Maritain en la Iglesia de San Juan Evangelista de Montmetre.
Messori concluye la entrevista con otra idea que nos interesa destacar, “Jesús lo había anunciado: “El Hijo del Hombre será puesto en las manos de los hombres, y estos harán de él lo que querrán”. Lo dijo en la última cena, pero muchos exégetas y muchos místicos ven en estas palabras la profecía no solo de la Pasión, sino también de lo que sucedería después. Es por esto que no me sorprenden los escándalos. El Dios cristiano quiso tener necesidad de los hombres. Con todas las consecuencias que esto implica”.
Ante todos los escándalos que se van conociendo, y que afectan más “al personal de la Iglesia” que a la “Persona de la Iglesia” probablemente sea adecuado adoptar una actitud de tranquilidad, como la que parece tener el escritor italiano, pues los problemas dentro de la Iglesia son antiquísimos, como veremos a continuación.
En este contexto es oportuno recordar la anécdota protagonizada por el Cardenal Consalvi y el Emperador Napoleón.
Dentro de las turbulentas relaciones de Napoleón con Pío VII, el Cardenal Ercole Consalvi (1757-1824), Secretario de Estado del Papa, fue desterrado en Paris (1809-1813). Parece ser que el Cardenal fue protagonista de la siguiente anécdota, que es toda una realidad, Napoleón le dijo al Cardenal, “Voy a destruir su Iglesia” el Cardenal le contesto: “No, no podrá ¡Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!”.
Las luchas por el poder, que es como la prensa presenta los acontecimientos que están teniendo lugar en el Vaticano, comenzaron en la Iglesia, con resultados públicos, en el siglo tercero, cuando San Hipólito inicia la lista de los antipapas.
Entre los siglos III y XV, se produjo una treintena de veces este fenómeno de lucha por el poder, según el canonista e historiador Joseph Hergenröther (1824-1890), Cardenal Prefecto de los Archivos Vaticanos. Es decir, si se contempla bajo el punto de vista estadístico, existió un antipapa cada cuarenta años aproximadamente.
El primero se produjo con ocasión del problema de la readmisión en la Iglesia de los que habían apostatado durante alguna persecución. El Papa Calixto (217-222) adoptó una postura comprensiva, mitigando la disciplina para los penitentes que se habían hecho culpables de pecado mortal. A esta actitud se opuso Hipólito, que se mostraba más rigorista en este asunto y aunque no negaba que la Iglesia tiene la potestad de perdonar los pecados, acusó a Calixto de que con su actitud se separaba de la tradición de la primitiva Iglesia.
De San Hipólito se desconoce el lugar y fecha de nacimiento, aunque sabemos que fue discípulo de San Ireneo de Lyon. Su gran conocimiento de la filosofía y los misterios griegos, su misma psicología, indica que procedía del Oriente. Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde Orígenes, durante su viaje a la capital del Imperio, le oyó pronunciar un sermón.
Estos hecho motivaron que Hipólito se separase de Iglesia y fuera elegido obispo de Roma en el año 217 por un reducido círculo de partidarios suyos, convirtiéndose en el primer antipapa de la historia.
Hipólito mantuvo su postura tras la muerte de Calixto, durante el pontificado de los sucesores de este, Urbano (222-230) y Ponciano (230-235).
Durante las persecuciones del emperador Maximino el Tracio del año 235, Hipólito y Ponciano, que era entonces el papa legítimo, fueron desterrados a las minas de Cerdeña, donde parece ser que se reconciliaron. Allí los dos renunciaron al pontificado, para facilitar la pacificación de la comunidad romana, que de este modo pudo elegir un nuevo Papa y dar por terminado la dualidad existente.
La elección recayó en Antero, que fue elegido papa el 21 de noviembre de 235, tras la abdicación de su predecesor el papa Ponciano, Antero era hijo de un cristiano de origen griego llamado Rufino. Su pontificado, en plena persecución de los cristianos ordenada por el emperador Maximino el Tracio, sólo duró 43 días, ya que fallecería martirizado el 3 de enero de 236, siendo enterrado en la cripta papal de las catacumbas de San Calixto.
Tanto Ponciano como Hipólito murieron en el año 235. El Papa Fabián (236-250), sucesor de Antero, hizo trasladar sus cuerpos solemnemente a Roma siendo enterrados; el papa Ponciano en la cripta papal de San Calixto y San Hipólito en el cementerio de la vía Tiburtina, que aún lleva su nombre, siendo ambos honrados como mártires.
Como decíamos al principio, no hay que alarmarse ni escandalizarse por las acciones de personas de la Iglesia, lo importante es la Iglesia, la que recibió el mandato y la promesa de Jesús con que termina el evangelio de Marcos “Por tanto, id a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñadles a cumplir cuanto os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 18-29).