Tres descubrimientos arqueológicos (y 2)

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Qumrán
El tercero de los descubrimientos se produjo en el 1946, tres pastores, Yuma Mohamed Jalil, Jalil Musa y Mohamed Ahmed el-Hamed, que se hallaban vigilando el ganado por los alrededores del oasis de Ayin Feshja, no lejos de las ruinas de Qumrán, fueron los descubridores de este trascendental tesoro. El primero de ellos se dio cuenta de la existencia de dos agujeros que se abrían sobre una de las paredes del acantilado. Subieron hasta allí y pudieron comprobar que el agujero superior permitía el paso de una persona delgada. Al arrojar una piedra adentro, oyeron un ruido como si hubiera tocado un recipiente de barro. Dos días después, Mohamed Ahmed se dirigió allí a solas, entró en la cueva y descubrió diez jarras completas y muchos trozos de jarras rotas. En el interior de una de las vasijas que estaba precintada encontró dos paquetes envueltos en telas, que contenían siete manuscritos.
Después de diversas peripecias fueron vendidos en dos lotes, uno compuesto por una colección de Himnos o Salmos (1QH); la Regla de la Guerra (1QM) y un rollo incompleto de Isaías (1QIs’) al investigador israelí E. L. Sukenik, rector de la Universidad Hebrea de Jerusalén y el otro al archimandrita sirio-ortodoxo de Jerusalén, Atanasio, que contenía el “Rollo de Isaías“, con el texto completo (1QIs’), el “Comentario de Habacuc” (1QpHab), la “Regla de la Comunidad” (1QS) y el “Génesis Apócrifo” (1QApGen).
Por medio de un bibliotecario sirio, el doctor Sukenik pudo llegar a ver los rollos del archimandrita sirio, pero no consiguió adquirirlos en ese momento, más tarde, a mediados de 1954, su hijo Yigael Yadin, los compró en Estados Unidos, donde habían sido vendidos por su propietario, quedando en este momento los siete primeros manuscritos descubiertos en posesión de los israelitas.
En esa época Qumrán pertenecía a Jordania y al conocer las autoridades jordanas los hallazgos, prepararon en 1949 una expedición arqueológica en la única cueva descubierta hasta entonces, que fue llevada a cabo por el Departamento Jordano de Antigüedades y por la Escuela Bíblica de Jerusalén, bajo la dirección de Gerald Lankester Harding y del dominico Roland de Vaux. En la cueva, que hoy recibe el nombre de 1Q, encontraron muchos trozos de cerámica rotos y unos novecientos fragmentos de manuscritos, casi todos ellos de piel, excepto unos pocos fragmentos de papiro, lo que ponía de manifiesto que los siete rollos descubiertos eran solo una pequeña parte de los que habían sido originalmente depositados en la cueva.
Esto fue el inicio de los descubrimientos, tanto arqueológicos como de manuscritos que posteriormente se realizaron.
Se han explorado once cuevas entre los años 1947 y 1956, se las denomina por un número ordinal seguido de la letra Q, cinco fueron descubiertas por beduinos (1Q, 2Q, 4Q, 6Q y 11Q) y las otras seis por arqueólogos (3Q, 5Q, 7Q, 8Q, 9Q y 10Q). De las once las que tienen mayor importancia, bajo el punto de vista de los manuscritos encontrados, son la 1Q, 4Q y 11Q. La cueva que contribuyó con un mayor número de fragmentos fue 4Q, la más próxima a las ruinas, que había sido ya violada por los beduinos cuando los arqueólogos llegaron a ella.
En 3Q se descubrió en 1952 un Rollo de cobre (3Q15) que se hallaba sumamente oxidado. Al no ser posible desenrollarlo, tuvo que ser cuidadosamente cortado en tiras, pudiéndose leer. Da una relación de sesenta y cuatro lugares de Palestina en los que se habían escondido oro, plata y objetos sagrados.
El conjunto de los libros de las cuevas de Qumrán comprende unos 800 manuscritos, algunos de ellos en fragmentos muy pequeños. Por ejemplo, en 4Q se encontraron 520 textos en 15.000 fragmentos. La mayoría de los textos están en hebreo, bastantes en arameo y algunos, sobre todo en 7Q en griego. Entre los documentos no hay autógrafos, sino sólo copias.
Los documentos encontrados se pueden dividir en dos tipos, manuscritos de libros canónicos de la Biblia hebrea y manuscritos extrabíblicos, que los podemos subdividir en dos, de la literatura apócrifa intertestamentaria y manuscritos sectarios que pertenecen a la comunidad que vivía allí. No se encontró ningún tipo de documento legal o de cartas, como los que fueron hallados en las cuevas del Wadi Murabba’at. Las primeras investigaciones se realizaron teniendo en cuenta solo los escritos descubiertos en la cueva 1, pero en el año 1991 se pusieron a disposición de los investigadores todos los documentos, lo cual ha dado un giro a las investigaciones.
Los documentos de carácter bíblico suponen una cuarta parte del total de los manuscritos, no habiendo variado su proporción desde los primeros tiempos, pero sin embargo, todas aquellas composiciones que no pertenecen a la Biblia hebrea y que no presentan características sectarias, representan en la actualidad un porcentaje mayor sobre el conjunto, hasta el punto de que la totalidad de ellos supera a la suma de las otras dos categorías referidas.
Si entre los primeros siete manuscritos solo una composición, el “Génesis Apócrifo”, formaba parte de ese tipo de literatura apócrifa intertestamentaria, ahora vemos que se trata de la categoría más abundantemente representada.