Vía Crucis

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El lunes de la primera semana de Cuaresma se celebra en Sevilla un Vía Crucis por las calles de la ciudad. Esta devoción ha tomado carta de naturaleza, recipe pues se celebra desde el año 1976 ininterrumpidamente . Este año ha sido presidida por la imagen de Nuestro Padre de la Salud, here siendo costumbre que cada año la presida una imagen que recorre procesionalmente la ciudad hasta la Catedral, physician donde tiene lugar realmente el Vía Crucis.
Parece ser que el origen de la famosa Semana Santa sevillana es un Vía Crucis que se realizaba hacia el año 1421, año en el que los franciscanos popularizan esta devoción, que fue impulsada un poco más tarde por el primer marqués de Tarifa, Fadrique Henríquez de Ribera que en 1521, impresionado por un viaje a Tierra Santa, obtuvo de la Santa Sede la autorización para realizar un vía crucis en torno a su lugar de residencia. Se iniciaba en el palacio de los duques de Medinaceli, hasta el humilladero de la Cruz del Campo. El palacio se conoce como “Casa de Pilato” al iniciarse allí las estaciones del Vía Crucis.
Supongo que con gran pesar del periodista Antonio Burgos, que presumía de que Sevilla es la única ciudad del mundo que tiene un Vía Crucis callejero, me ha sorprendido ver que en Chicago, al menos desde el 2006, se celebra también en el “downtown” de la ciudad un vía crucis. El de este año será el 6 de abril del “Good Friday” como le dicen allí al Viernes Santo e ira desde la Daley Plaza hasta la Holy Name Cathedtal.
La afirmación de Burgos, llena de amor localista, olvida que también se celebran Vía Crucis en el lugar donde originalmente ocurrieron los hechos que se recuerdan en esta práctica religiosa, Jerusalén.
El camino de la Cruz, en latín via crucis, es decir, el camino que recorrió Jesús, desde el Pretorio hasta el Calvario ha sido recorrido desde la antigüedad por los cristianos venerando, meditando y reflexionando sobre lo que ocurrió en la también llamada Vía Dolorosa. Así lo atestigua la monja (¿) española Etheria, que entre el año 381 y 384 realizó un viaje por Tierra Santa, que describe en un pergamino encontrado en Arezzo en el 1841.
Las Cruzadas fueron una ocasión para que a su regreso, los cruzados, que habían venerado los Santos Lugares, trajeran a sus respectivos países la idea de continuar con las devociones que habían practicado, reproduciendo los santos lugares para poder satisfacer la devoción de aquellas personas que no podían hacer una verdadera peregrinación.
Como hemos comentado, los franciscanos fueron los verdaderos impulsores de esta devoción, sobre todo cuando se les concedió la custodia de los Santos Lugares en el año 1342. En el año 1510, el Papa León X concedió indulgencias por las estaciones del Vía Crucis. Durante los siglos XV y XVI proliferó la costumbre de hacer pequeñas “capillas” o representaciones de pasajes del camino del Señor hacia la cruz.
Su número ha variado a lo largo del tiempo, así como la representación que se contemplaba y las oraciones que se utilizaban, dependiendo de la piedad de las personas.
Fueron nuevamente los franciscanos los que establecieron que fuesen catorce el número de representaciones frente a las que los fieles se “estacionaban”, siendo autorizados en 1731 a colocar las Estaciones en sus Iglesias, autorización que se extendió de forma general a todas las iglesias en el 1862.
A partir del siglo XVI empieza a existir una uniformidad, pues en el libro “Jerusalén sicut Christi tempore floruit”, publicado en 1584 por el sacerdote católico, Christian van Adrichem (1533-1585) se incluyen doce estaciones que coinciden con las primeras doce que actualmente se rezan. Nueve de estas estaciones contemplan pasajes descritos expresamente en los evangelios, de las otras cinco, la tercera, séptima y novena contemplan las caídas de Jesús y a pesar de que no son mencionadas concretamente son lógicas antes el deterioro físico padecido en todo el proceso; la sexta estación contempla el encuentro de Jesús con la Verónica trasmitido por las tradiciones de los primeros siglos.
El Viernes Santo de 1991, el Papa Juan Pablo II en el vía crucis que presidio en el Coliseo de Roma, (según la costumbre impuesta por el franciscano San Leonardo de Puerto Mauricio (1676-1751), el gran impulsor de esta devoción), se rezaron una nuevas estaciones, todas ellas con origen bíblico:
Primera: Jesús en el Huerto de los Olivos. (Mc 14, 32-36)
Segunda: Jesús es traicionado por Judas y arrestado. (Mc 14, 43-46)
Tercera: Jesús es condenado por el Sanedrín.(Mc 14, 55, 60-62,64)
Cuarta: Jesús es negado por Pedro. (Mc. 14, 66-72)
Quinta: Jesús es juzgado por Pilato. (Lc 23, 1-4, 23-24)
Sexta: Jesús es flagelado y coronado de espinas. (Mt. 27, 26-30)
Séptima: Jesús carga con la cruz. (Jn 19, 16-17)
Octava: Jesús es ayudado por el Cirineo. (Mc 15, 21)
Novena: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén. (Lc 23, 27-28)
Décima: Jesús es crucificado. (Mc 15, 24-26)
Undécima: Jesús promete su Reino al buen ladrón. (Lc 23, 39-43)
Duodécima: Jesús crucificado, la Madre y el Discípulo. (Jn 19, 26-27)
Decimotercera: Jesús muere en la cruz. (Lc 23, 44-46)
Decimocuarta: Jesús es depositado en el sepulcro. ( Jn 19,41-42)
En el 2007 el Papa Benedicto autorizo el uso público de estas estaciones del Vía Crucis.

Como hemos comentado las oraciones que se rezan y meditan frente a cada estación varían de acuerdo con las devociones particulares.

Nosotros a pesar de que está ampliamente difundido en Internet, hemos incluido en el formato que nos es habitual el Vía Crucis de San Josemaría, que se publicó por primera vez en 1981 y que se ha traducido a diecinueve idiomas, con más de 400.000 ejemplares publicados.