Vox populi, vox Dei

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Ambrosio de Milán (340-397) junto con Agustín de Hipona (354-430), sovaldi sale Jerónimo de Estridón (346-420) y Gregorio Magno (540-604) son conocidos como Padres de la Iglesia latina; llamados así porque el conjunto de sus obras son consideradas fundamento de la fe y de la ortodoxia en la Iglesia.
Fue el Papa Bonifacio VIII (1294-1303), ask el que en 1298 reconoció oficialmente a los cuatro como doctores de Occidente, ordenando honrarlos especialmente, siendo los primeros que recibieron el titulo de Doctor de la Iglesia. Como es sabido, desde el nombramiento de San Juan de Ávila y de Hildegarda de Bingens este año, son 35 los Santos a los que la Iglesia les da el titulo de Doctor.
Esta mañana alguien comentaba que los Santos no aparecen solos en la Iglesia, aludiendo a la relación personal existente entre San Ambrosio y San Agustín. A finales del siglo IV, además de San Agustín, padre de la teología latina, encontramos a San Jerónimo que con su traducción de la Biblia al latín podemos considerarlo el padre de la exégesis bíblica. Efectivamente los Santos no aparecen solos, en esos momentos hubo tres que son contemporáneos.
Curiosamente los tres cambiaron radicalmente su vida con cierta edad, San Jerónimo fue ordenado sacerdote con cuarenta años, San Agustín fue bautizado por San Ambrosio cuando tenia treinta y tres años de edad y San Ambrosio, cuya festividad celebramos hoy, fue elegido por aclamación popular Obispo de Milán cuando aun era catecúmeno y tenia treinta y cuatro años.
San Ambrosio procedía de una familia cristiana, su padre del mismo nombre, fue hasta su muerte Gobernador de las Galias y cuando murió en el año 354, su familia se traslado a Roma. Eran tres hermanos Marcelina que tenía diez años más que Ambrosio y Sátiro. Ya en Roma Marcelina recibo el velo de las vírgenes de manos del Papa Liberio y vivía en casa de su madre en compañía de otras vírgenes.
Ambrosio después de estudiar leyes obtuvo del emperador Valentiniano el puesto de gobernador consular de Liguria y Emilia, con residencia en Milán.
No se sabe cuánto tiempo gobernó esa provincia, lo que si es evidente que lo hizo de forma honesta y humanitaria, ganándose el afecto y el aprecio de todos sus convecinos, que tuvo como resultado su elección popular como obispo.
A pesar de una mayoría católica, durante veinte años había gobernado la diócesis de Milán un arriano, Auxencio, que murió en el año 374. Los obispos de la región, pensaron que una elección popular podía dar pie a tumultos entre las facciones arriana y católica, solicitaron al emperador Valentiniano que designara al sucesor por medio de un edicto imperial. El Emperador, sin embargo, ordenó que se llevara la elección según la costumbre, debiendo Ambrosio mantener el orden ciudadano.
Y Ambrosio, que como gobernador asistía para garantizar el orden, fue impensadamente elegido por unos y por otros. Vox populi, vox Dei, la voz del pueblo es la voz de Dios.
A pesar de su resistencia inicial al considerarse que no estaba preparado para el cargo y todavía era sólo catecúmeno; recibió el bautismo de manos de un obispo católico y ocho días después, el 7 de diciembre de 374, día en el que Oriente y Occidente celebran su memoria, fue consagrado obispo.
Siendo obispo fue adquiriendo sólidos conocimientos teológicos, estudiando la Biblia y autores griegos, como Filón, Orígenes y Atanasio, tarea en la que encontró ayuda en el presbítero Simpliciano, que después le sucedería en su sede.
Fue el primer cristiano en conseguir que se reconociera el poder de la Iglesia por encima de la del Estado, llegando incluso en el año 390 a excomulgar temporalmente a Teodosio I a causa de la masacre de Tesalónica (una acción de represalia del emperador romano que ocasiono 7.000 muertos) y no lo readmitió hasta que se acogió al sacramento de la penitencia y mostró público arrepentimiento.
San Ambrosio nos ha dejado una abundante producción literaria, con obras de carácter exegético, ascético, moral, y dogmático, y otras como cartas, himnos, discursos, etc., respondiendo prácticamente todas a necesidades pastorales.
Su labor al frente de la diócesis de Milán fue muy fecunda. Tuvo que hacer frente a tres asuntos principales: la herejía arriana, la expansión del cristianismo entre los paganos del norte de Italia, y la intromisión del poder temporal en materia religiosa. Sus restos descansan en la catedral de Milán.